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  ROMANOS 9:14-21

Versículo Clave: 9:16

"Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia."

 

La semana pasada recibí una llamada de una vieja oveja. Él no se había comunicado conmigo por más de 2 años y yo no podía llamarle, porque él no tiene celular, ni teléfono fijo. La última vez que lo vi él se iba a graduar en la universidad y me pidió un préstamo para alquilar la toga y el birrete de la graduación. Él me dijo que me iba a pagar prontamente. Yo podía regalarle ese dinero, pero como él dijo que me iba a pagar, se lo presté esperando que algún día me lo pagara. Pero lamentablemente él no me llamó, ni me visitó más.

Me sentí mal y me arrepentí por haberle prestado dinero y pensé que si le hubiese regalado ese dinero, él me hubiese visitado después de su graduación. Cuando me llamó la semana pasada después de conversar un tiempo conmigo, él mencionó su deuda y me dijo que me iba a pagar, pero yo le dije que no me importaba esa deuda y no necesitaba pagarme. Me dijo que iba a visitar la iglesia para conversar conmigo.

Hace tiempo un hermano de nuestra iglesia me pidió un préstamo porque tenía una urgencia, me dijo que me iba a pagar la semana siguiente. Se lo presté sin esperar que me pagase y todavía no me ha pagado. No solo él, hay otros hermanos que tienen deuda conmigo y no me han pagado. Había un hermano que me pagaba poco a poco y pasando tiempo yo le perdoné su deuda, aunque todavía le quedaba casi la mitad de su deuda. Pero a veces no tomo la decisión de perdonar sus deudas porque quiero enseñarles que tienen que aprender cumplir con su responsabilidad y ser consecuente en sus palabras.

Entonces, ¿a quiénes perdono sus deudas y a quiénes no las perdono? Yo no tengo un criterio, sino que sencillamente a las que quiero perdonar, las perdono, y a los que no quiero perdonar, no lo hago. Es mi criterio, pero ¿algunos de mis deudores pueden reclamarme porque no perdono sus deudas? No pueden, porque su deber es pagarme, y perdonar la deuda es mi derecho. Los perdonados agradecerán mi generosidad, en cambio los no perdonados no me pueden criticar por no haber perdonado sus deudas. Si tú estás en mi posición, ¿no es esto así?

Había un señor dueño de la viña que buscaba a sus obreros. A las 6 de la mañana él salió a la plaza donde los obreros estaban esperando que alguien los contratase y cuando el señor de la viña los contrató, ellos estaban muy alegres y agradecidos. Ellos acordaron trabajar hasta las seis de la tarde por el pago de sesenta bolívares. Pero el señor de la viña necesitaba más obreros y salió a las nueve de la mañana, al medio día, a las tres de la tarde y las cinco de la tarde y cada vez que él salía, traía más obreros contratados. A las seis de la tarde terminó el trabajo del día y el señor de la viña comenzó a pagarles la jornada.

Primero, pagó a los obreros contratados a las cinco de la tarde sesenta bolívares. Ellos habían trabajado sólo una hora, pero les dio el salario de todo un día. ¡Wow!, ¡que generoso ese señor de la viña! Todos los obreros lo alabaron y en su corazón pensaban: ‘A mí me pagará más porque trabajé más que ellos.’ Pero el señor de la viña les pagó a los obreros contratados al mediodía con 60 bolívares y a los contratados a las seis de la mañana les pagó la misma cantidad. Entonces, estos obreros se molestaron diciéndole al señor de la viña: “Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros que hemos soportado la carga y el calor del día.”

El señor de la viña les respondió: “Amigo, no te molestes, ¿no conviniste conmigo en sesenta bolívares? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?” ¿Era injusto el señor de la viña? El cumplió su compromiso con los obreros y mostró su generosidad a los postreros, los que vinieron después, porque él quiso. ¿Quién podrá discutir con él diciéndole que es injusto? Después del pecado de Adán todos los humanos cayeron en la condición de ser juzgados por sus pecados. Todos nosotros teníamos que pagar nuestras deudas del pecado, la cual es la muerte. S

omos como los pasajeros del barco Titanic que cayeron en el mar esperando la muerte. Nuestra única esperanza era que alguien nos enviara un barco para salvarnos. Dios nos envió su barco de salvación, el cual es nuestro Señor Jesús, pero si él salvara solamente algunos y dejara otros morir en el mar, ¿quién podrá reclamarle por no salvar a todos? Porque esto depende de su decisión. Ro. 9:13 dice: “Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Además Pablo había dicho que Dios había escogido a Jacob antes de que Jacob y Esaú naciesen, e hiciesen ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama. Ante esta palabra muchos podrían reclamar diciendo: “Hay injusticia en Dios.” ¿Qué opinan ustedes? ¿No les parece que es injusto que Dios eligiera a algunos para la salvación y a otros para el juicio antes de que ellos hiciesen ni bien ni mal? Por eso algunos teólogos quieren defender la justicia de Dios diciendo: “Dios es Omnisciente. El sabía que Esaú iba a abandonar la bendición de Dios, por eso Dios no lo eligió. En cambio Dios sabía que Jacob iba a buscar a Dios, por eso Dios lo escogió.” Ellos quieren cubrir la elección de Dios con su omnisciencia, de esta manera ellos pueden echarle la culpa a cada uno de los no elegidos.

Entonces, ¿de dónde vendrá su salvación? ¿De la gracia de Dios o de sus obras? Si es así, ¿por qué la gente discutiría por la justicia de Dios? Es decir, ¿por qué surgiría este tema en la carta de Pablo? Si es así, Pablo lo hubiese explicado así, porque es mucho más fácil y entendible humanamente, pero la explicación de Pablo ante esta pregunta no fue esta. ¿Qué dice él? “En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” Esta palabra viene de Ex.33:19.

En ese momento el pueblo de Israel había cometido idolatría contra Dios por haber hecho un becerro de oro y por su pecado iba a ser abandonado por Dios. Moisés le pidió a Dios que salvase ese pueblo, pero Dios le dijo: “Tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.” En otra palabra la salvación dependerá de Dios, no de ellos. Pero, ¿quién dirá que Dios es injusto por salvar algunos de ellos? ¿No estamos en la misma condición? La palabra dice: “No hay justo, ni aún uno.” Todos estamos bajo el juicio de Dios. Pero si Dios salva algunos de ellos por su misericordia, ¿quién dirá que Dios es injusto? También el siguiente versículo dice: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

A través de esta palabra Pablo nos reitera que la salvación no viene de las obras, sino de la gracia de Dios. Hay una idea que tienen muchos cristianos es que Dios les da la oportunidad a todos de aceptar a Cristo; los que creen en Jesús alcanzan la vida eterna y los que no creen en Jesús pierden la vida eterna. Lo dicen para defender la justicia de Dios, para no echarle la culpa a Dios por la perdición de algunos. Entonces, ¿los que aceptaron a Cristo no se jactarán por haber creído en Jesús? He escuchado que algunos hermanos dicen: “Yo mismo busqué a Dios y vine a la iglesia, así que Dios me salvó.” Ellos dicen que por la gracia de Dios tienen la salvación, pero en realidad hay un gran orgullo en su corazón pensando que ellos tomaron la decisión de creer en Jesús. Esto les impide entrar profundamente en el mundo de la gracia de Dios. Por lo cual debemos explicar este tema basándonos en la soberanía y misericordia de Dios como Pablo nos lo ha explicado.

No debemos buscar las respuestas en nuestros pensamientos humanos y razonamientos, sino en la Biblia, la cual nos hace entender la verdad de Dios. Debemos aceptar tal como dice la Biblia y no pensar más allá de lo que dice la Biblia. Tampoco es bueno obviar lo que dice la Biblia por ser un asunto complicado humanamente. Por eso Calvino dijo: “La doctrina sobre la predestinación es tan importante que no se permiten las discusiones excesivas, ni el silencio.” Debemos ir hasta donde va la Biblia y detenernos donde la Biblia lo hace.

Con respecto a este tema la Biblia nos lo explica a través de la soberanía y la misericordia de Dios, entonces, nosotros también debemos explicarlo de la misma manera. Para tratar este tema la humildad es muy importante. Los humildes tienen la posición de aceptar la palabra de Dios aunque no pueden entenderla; en cambio los orgullosos no quieren aceptar la palabra de Dios hasta que la entiendan. Nuestros pensamientos están contaminados por las ideas humanas, por eso queremos entender la voluntad de Dios con nuestros razonamientos, pero jamás podremos entenderla. ¿Cómo podremos entender la profundidad y los misterios del Creador con nuestra mente tan pequeña? Lo que necesitamos es una actitud humilde para aceptar la palabra de Dios. En el libro Éxodo hay otro caso complicado de entender, y es el de Faraón. Muchas veces la palabra dice que Dios endureció el corazón de Faraón, es decir que Faraón fue escogido para perdición. La palabra dice que Dios lo había levantado para mostrar en él su poder, y para que el nombre de Dios fuese anunciado por toda la tierra. Ciertamente por la dureza del corazón de Faraón se reveló más grandemente el poder de Dios y su nombre fue anunciado por toda la tierra. El v18 dice: “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.”

Entonces algunos pueden reclamar diciendo: “¿Por qué, pues, inculpa? Porque ¿quién ha resistido a su voluntad?” Debemos entender que no hay maldad en nuestro Dios. 1Jn.1:5 dice: “Dios es luz, y no hay ninguna tinieblas en él.” Las tinieblas son la ausencia de la luz, por lo cual no hay ningunas tinieblas en él. Dios no puede poner maldad en el corazón de Faraón. La maldad ya estaba en Faraón. Lo que Dios hizo fue no frenar su maldad. En el Éxodo podemos encontrar la palabra que dice: “Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.” (Ex.7:15) Faraón mismo endureció su corazón. Ya el corazón de Faraón estaba endurecido y Dios lo dejó en su pecado. Santiago 1:13 dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.” ¿Cómo Pablo explica este asunto? Igualmente él habla de la soberanía y misericordia de Dios.

Leamos los vs.20, 21. “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” Pablo regañó a los que discutían sobre este tema, diciendo: “Oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?” Nosotros no podemos altercar con Dios porque Él es el Creador y Señor de nuestra vida. El es como el alfarero y somos como el barro. El alfarero tiene derecho a hacer de la misma masa un vaso para el rey y otro para perros. Es su libertad. Los vasos no pueden disputar esa decisión. Además si sale mal una vasija, él tiene derecho a destruirla. ¿Quién podrá reclamarle? Dios tiene derecho a hacer un hombre para la salvación y otro para la perdición. Pero, es su soberanía, no hay nadie quien pueda altercar con Dios por esta causa. ¡Es difícil entender esta voluntad de Dios! Pero debemos tener corazón humilde para aceptar y respetar la soberanía de Dios. También tenemos un gran motivo para agradecerle porque él nos escogió a nosotros, por eso estamos en este lugar alabándole.

A los que no conocen la gracia de Dios, la predestinación es una gran causa para tener conflictos internos, pero a los que conocen la gracia de Dios, ella es un gran motivo para agradecerle por su misericordia. ¿Quiénes somos para que Él nos eligiera y adoptara como sus hijos? ¿Qué buena obra hemos hecho para tener la salvación? ¡Ninguna! Sin embargo, por su soberanía y misericordia fuimos salvos y vivimos con gozo espiritual. Muchas veces le pregunto a Dios: “Señor, ¿por qué me has escogido y me has dado tantas bendiciones?” No puedo entender por qué, pero él me dice: “Porque yo quise.” No hay otra explicación. ¡Alabemos a nuestro Dios quien con su gran misericordia nos escogió y nos ha dado sus grandes bendiciones! Amén.

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