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  ROMANOS 9:1-5

Versículo Clave: 9:3

"Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;"

 

El apóstol Pablo tuvo gran alegría por la convicción de victoria que tenemos en Cristo. Pero comenzando el capítulo 9 su sentimiento cambió totalmente mostrando gran dolor y tristeza. Miren los vs.1, 2. “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.” El dijo con toda la sinceridad de su corazón que tenía gran tristeza y continuo dolor. ¿Por qué? Era por su pueblo Israel, porque su pueblo abandonó a Cristo. Pensando en la salvación de su pueblo él no podía soportar el gran dolor de su corazón.

Pablo fue llamado para predicar el evangelio a los gentiles. Conforme a esta voluntad de Dios él había hecho todos sus esfuerzos para volver a otros pueblos al conocimiento a nuestro Señor Jesús. También Dios bendijo su trabajo y él pudo ver muchos frutos de salvación entre los gentiles. A la vez él recibía muchas críticas de su pueblo judío. Muchos de ellos decían que Pablo era un traidor, porque para los judíos los gentiles eran la leña que calienta el horno del infierno. Ellos trataban a los gentiles como a perros y cochinos. Ellos nunca podían imaginar que Dios salvaría a otros pueblos. Pero oyeron que Pablo decía que había sido llamado para salvar a los gentiles y también veían que él hacía grandes esfuerzos para predicarle a ellos.

En cambio, no predicaba tanto en su propio pueblo. Entonces muchos se sentían molestos con Pablo y le decían que él no tenía amor por su pueblo Israel. Pero la verdad era otra. Pablo amaba tanto a su propio pueblo y sentía mucho orgullo de ser pueblo Israel. Pablo tenía una identidad clara de israelita. Filipenses 3:5 dice: “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos.” El era más que cualquier otro judío porque había cumplido todo lo que Dios les pedía hacer. Además el amor hacia su propio pueblo era muy grande. Miren el v3. “Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.”

Anatema significa ‘maldición’. El dijo que estaba dispuesto a ser maldición por amor a su pueblo Israel; si acaso pudiese salvarlos, él oraba que estaba dispuesto a ser condenado por Dios. Por supuesto nuestro Dios no lo iba a condenar para salvar al pueblo de Israel, porque Pablo había sido escogido. Pablo sabía que ninguno podía separarlo del amor de Cristo. Sin embargo, su deseo sincero en lo profundo de su corazón era la salvación de su propio pueblo. Él lo deseaba tanto que lo manifestaba de esa forma. Este corazón de Pablo se parece mucho a la oración de Moisés. Mientras que Moisés estaba en el Monte Sión para recibir los mandamientos de Dios, el pueblo de Israel perdió su fe e hicieron un becerro de oro para adorarle. Ellos se olvidaron de la promesa de Dios y cayeron en idolatría.

Entonces Dios se enojó y los condenó, ese día murieron como tres mil hombres. En ese momento Moisés le dijo a su pueblo: “Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado.” Luego él comenzó a orar diciendo: “Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.” (Ex.32:31,32) Moisés oró por el pecado de su pueblo y estaba dispuesto a ser condenado para salvar a su pueblo. Esto es el corazón del pastor para su pueblo. Pablo también tenía este amor para su pueblo. ¿Cuánto amas a tu pueblo y oras para que se arrepienta de sus pecados y regrese a Dios?

Algunos piensan que amor a su pueblo es algo de nacionalismo y dicen que eso es contra el corazón de Dios, pero si leemos bien la Biblia podemos saber que Dios obra mucho en las naciones. Cuando el pueblo de Israel estaba con Dios, lo bendecía, en cambio cuando ese pueblo estaba contra Dios, lo castigaba. Cuando el pueblo se arrepentía de sus pecados, Dios levantaba líderes espirituales como Gedeón, Débora, Sansón, Jefté para salvar al pueblo, pero cuando ese pueblo estaba en pecado, Dios lo castigaba por medio de otros pueblos como Asiria, Babilonia, Roma, etc. Como nación vivían felices o tristes dependiendo de la condición de su pueblo. Esto se aplica también en nuestra época.

Si nuestro pueblo venezolano se arrepiente de sus pecados y buscan a Dios, cada uno de nosotros va a recibir la bendición de Dios; en cambio, si nuestro pueblo no se arrepiente y sigue en sus pecados de idolatría, nosotros también sufriremos el castigo de Dios. ¿Cuál es nuestra visión en Cristo? ¡Que nuestro pueblo sea un Reino de Sacerdotes y Gente Santa! Es decir que nuestro pueblo sea un pueblo que ame a Dios y sirva la obra de Dios. Históricamente el pueblo que amaba a Dios y servía la obra de Dios recibía gran bendición de Dios. Desde el siglo diecisiete hasta principios del siglo veinte, Inglaterra era el centro de la obra de evangelización mundial. En esa época se tradujo la Biblia versión King James, Juan Bunyan quien escribió famoso libro ‘El Peregrino’, se levantó el movimiento del Club Santo por Juan Wesley y George Whitefield, grandes predicadores como Charles Spurgeon, D.L. Moody, hombres de oración como Jorge Muller, el padre de la misión mundial William Carey, el gran misionero para China Hudson Taylor, el misionero que abrió el camino a África, David Livingstone, etc.

En esa época Inglaterra era el país más poderoso del mundo, pero cuando este país abandonó el evangelio y entraron ideas humanas como ‘La Teoría de Evolución’ por Charles Darwin y se convirtió al ‘pluralismo religioso’, la bendición de Dios cambió para ellos. Dicen que actualmente en Inglaterra se están cerrando alrededor de 200 iglesias, más de 5.000 iglesias que tienen alrededor de 500 años de historia sólo tienen de 20 ó 30 participantes y la mayoría de ellos son ancianos. Ahora Inglaterra es una pequeña isla en Europa que no tiene mucha influencia en el mundo. Los EEUU también. Este país fue fundado en la base de Cristianismo puritano. Cuando los EEUU enviaban muchos misioneros a otros países como a M. Sarah Barry, era el más poderoso en el mundo, pero ahora es un país que exporta armas e invade a otros países con su fuerza militar en lugar de enviar misioneros y predicarles buenas nuevas. Nosotros debemos orar para que desde ahora Venezuela se convierta en un país que envía misioneros a otros países y sea bendición para América y todo el mundo. Por la gracia de Dios actualmente el pueblo cristiano está creciendo en nuestro país.

Algunos dicen que la penetración del evangelio llega hasta 15%. Cuando llegué a Venezuela hace 13 años ni siquiera llegaba a 3%. ¡Cuánto Dios nos ha bendecido! Sin embargo, vemos que todavía los cristianos evangélicos no tienen mucha influencia espiritual en el país para que nuestro pueblo llegue a ser gobernado por Dios y reciba su gran bendición. Para esto debemos purificarnos a través del arrepentimiento para que vivamos conforme a la palabra de Dios; los cristianos santos deben participar en los sectores importantes del país, incluyendo en el mundo político, económico, social y cultural; y debemos enviar misioneros a otros países. En nuestra iglesia tenemos esta visión en Cristo, predicando a los universitarios levantamos líderes espirituales y sociales para el pueblo. Además enviar a misioneros a otros países latinos, americanos y de otros continentes. De esta forma seremos un Reino de Sacerdotes y Gente Santa.

Nuestro pueblo venezolano será el protagonista en la historia de salvación de nuestro Dios ¡Amén! ¿Cuánto amas a nuestro pueblo venezolano? Lo que debemos hacer es predicar el evangelio a los jóvenes universitarios para levantar a los líderes de nuestro pueblo. Amén. Leamos el v4. “que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas.” Ahora Pablo habla de la bendición que recibió su pueblo de Israel. ¿Cuáles son? Primero, la adopción. Entre todos los pueblos, éste fue adoptado por Dios. Ser adoptado es adquirir la posición de hijo y recibir todos los privilegios como hijo, incluso hasta recibir la herencia de su padre. Había una pareja muy rica que poseía muchas propiedades y además eran muy buenas personas. Pero ellos no tenían hijos. Un día visitaron un orfanato donde había cerca de 100 niños. Ellos viendo a cada uno de esos niños tomaron la decisión de adoptar a un niño de 7 años, moreno y flaco. ¿No es un gran privilegio para ese niño ser adoptado por esa pareja? Ya terminó la miseria de su vida y él pudo vivir muy feliz por ser adoptado. El pueblo de Israel recibió esta bendición de ser adoptado por Dios el Creador y de ser su hijo espiritual.

Le doy muchas gracias a Dios porque también fuimos adoptados como aprendimos anteriormente. También tenemos estos privilegios de ser hijos de Dios. Es una gran bendición que recibimos de Dios por medio de nuestro Señor Jesús. Segundo, la gloria. La gloria de Dios es la presencia de Dios y sus revelaciones. Dios se revelaba al pueblo de Israel y ellos vieron la gloria de Dios. Ellos pudieron tener gran alegría en su gozo por la presencia de Dios. Nosotros también vemos la gloria de Dios por su presencia entre nosotros y podemos purificarnos y llenarnos con gran gozo espiritual. ¿No es una gran bendición de Dios? ¡Amén! Tercero, el pacto. Dios hizo pacto con el pueblo de Israel para bendecirlo y hacer de él, un reino de sacerdotes y gente santa. Y Dios nunca falla al compromiso con su pueblo. Es una garantía de la bendición de Dios. ¿Has hecho tu pacto con Dios? Si tu pacto con Dios es servirle para siempre, él te hará ser su gran siervo, este pacto se va cumplir.

Si tu pacto con Dios es levantar un gran pueblo de Dios, esto se cumplirá. Gracias a Dios por su pacto con nosotros. Cuarto, la promulgación de la ley. La ley no es para limitar nuestra vida, sino para dirigirnos al camino correcto de Dios. Por la ley podemos saber si estamos bien con Dios o no. Por la ley podemos saber los parámetros de nuestra vida. Por la ley podemos reconocer nuestras fallas y arrepentirnos y volver a Dios. Quinto, el culto. El culto es el camino abierto para encontrar a Dios. Dios le permitió al pueblo de Israel el culto para que ellos se acercaran a Dios y recuperaran su relación con él. Es una gran bendición tener un camino abierto para reconciliarse con Dios. Por la gracia de Dios alabamos a Dios por medio del culto y pedimos el perdón de nuestros pecados y recuperamos nuestra relación con él.

Algunos se sienten obligados para venir al culto los domingos porque ellos no saben que esta es la oportunidad de reconciliarse con Dios. Apartar este día domingo para Dios es nuestra bendición espiritual. Sexto, las promesas. Las promesas son parecidas al pacto, pero las promesas están relacionadas con la venida del Mesías. También tenemos la promesa de que nuestro Señor Jesús vendrá otra vez para salvarnos eternamente. Entre todas las bendiciones, la mayor bendición es la venida del Mesías en medio de su pueblo. Leamos el v5. “de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.”

Jesucristo vino a esta tierra siendo un israelita. ¡Imagínense al Rey de reyes, el Dios Todopoderoso que nació en su pueblo! ¿No es una gran bendición? Pero este pueblo de Israel no reconoció la bendición de Dios y rechazó al Mesías. Como sus padres que perecieron en el desierto por su orgullo e incredulidad, el pueblo de Israel rechazó a Jesús por su orgullo e incredulidad, y perdieron la bendición de salvación a través de creer en Jesús. Esto fue un gran motivo de tristeza para Pablo. Como sabemos hemos recibido muchas bendiciones de Dios. Pero, ¿no estamos rechazándola por nuestro orgullo, incredulidad, ignorancia, deseos carnales? Ya la bendición que hemos recibido de Dios es suficientemente grande, entonces no debemos desechar esta bendición de Dios por nuestros pecados. Dios nos da bendiciones, y a la vez nos exige responsabilidad digna de la bendición, la cual es una vida obediente a la voluntad de Dios. ¿Estás cumpliendo con tu responsabilidad digna de la bendición que has recibido? Oro que Dios nos ayude a vivir para su gloria. Amén.

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