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  ROMANOS 8:29-39

Versículo Clave: 8:37

"Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó."

 

El día de ayer tuvimos nuestra declaración de discípulos. Nuestros hermanos y hermanas Adriana, Euker, Franklin, José Manuel, Julián, Kendy, Leibins, Marisol, Miriam, Pedro, Romedalis, y Yusmary hicieron compromiso ante Dios y los hermanos como testigos, de seguir a Jesús durante toda su vida. Ellos tuvieron dificultades en medio del discipulado, pero las suportaron todas por la fe y se mantuvieron en Cristo ¡Amén! ¡Somos más que vencedores en este mundo! Oro que Dios los fortalezca cada día con su amor para glorificarle en toda su vida. Amén.

La semana pasada aprendimos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. ¿Por qué puede pasar esto? Porque Dios tiene su buena voluntad en cada uno de nosotros. Leamos v.29. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” Dios nos conoció anticipadamente, que seamos sus hijos nos es una casualidad, sino que más bien nos conoció de antemano. Jeremías 1:5 dice: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te dio por profeta a las naciones.” Dios nos conoce perfectamente. El nos conoce más que nosotros mismos. Él sabe todo lo que hacemos, pensamos y sentimos, no podemos esconder nada ante Él. Al conocernos, él nos predestinó, es decir, que Su buen propósito de la gracia sobre nosotros, él nos destinó para la salvación y santificación. ¿Cuál es el propósito de Dios?

La palabra dice: “para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo.” Su propósito es que tengamos la imagen de Jesús, que seamos como Jesús, el Hijo de Dios. El propósito de Dios es siempre bueno, debemos confiar siempre en la buena voluntad de Dios para nuestra vida. En el v30 podemos aprender los 5 procesos de nuestra vida de fe. Leamos el v30. “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”

En el v29 aprendimos que Dios nos conoció, entonces los 5 procesos son: conoció, predestinó, llamó, justificó y glorificó. Dios nos conoció antes y nos predestinó para la salvación y buenas obras. En su tiempo él nos llamó, a algunos cuando eran jóvenes a otros cuando eran mayores, en su justo tiempo nos llamó. Luego nos justificó con la sangre preciosa de su Hijo Jesucristo, de esta forma declaró que nuestros pecados fueron eliminados, y por último nos glorificó. Todavía no hemos sido glorificados, sin embargo esta es una promesa garantizada de nuestro Dios, por eso está escrito en tiempo pasado. Finalmente llegaremos a la gloria venidera de Dios ¡Amén!.

Entonces entendiendo este buen plan de Dios, podemos tener gran convicción en la victoria que tendremos en este mundo. Miren el v31. “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Hay enemigos que están en nuestra contra, ellos quieren sacarnos de la vida de fe, haciéndonos perder la fe en Jesús. Pero si Dios es por nosotros, ¿quién podrá hacerlo? Nuestro Dios es Todopoderoso y nos hace vencer a nuestros enemigos. Podemos confiar en él porque nos ha manifestado su gran amor. Leamos el v32. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” ¿Quién podrá sacrificar a su hijo amado para otros? Es imposible para nosotros. Una pareja misionera llegó a un pueblo indígena. Ellos amaron a esos indígenas y les manifestaron el gran amor de Dios para ellos. Pero esa pareja no tenía niño, ellos anhelaban tener hijos y quisieron adoptar un hijo de una familia indígena. Esa familia tenía 10 niños.

Cuando los misioneros le pidieron a los padres adoptar un hijo garantizándoles buenas condiciones, como darle una buena educación, criarlo con el amor de Cristo, alimentarlo bien, además apoyar la familia indígena económicamente, al padre del niño le pareció bien, así que aceptó la propuesta. Los misioneros se alegraron mucho y se llevaron al hijo menor de esa familia. Pero al día siguiente en la madrugada el padre del niño indígena vino a la casa de los misioneros y les dijo: “Perdónenme, pero quiero que me devuelvan mi hijo, no he podido dormir nada pensando en él, su rostro aparecía ante mis ojos y toda la noche llorando me arrepentí por haber hecho esto. No puedo darles mi hijo amado, por favor, devuélvanmelo.” Los misioneros tuvieron que devolverle el hijo adoptado y el padre indígena después de agradecerles grandemente a los misioneros, regresó a su casa con mucha alegría.

Pastor Gustavo, ¿crees que podrás dar a tu hijo Jeremías a otros para que él sufriera y muriera por ellos? Yo no podré hacerlo. Sin embargo, Dios no escatimó ni a su propio Hijo para entregarlo por todos nosotros. ¿Por qué Dios pudo hacerlo? Porque él nos ama como nadie puede hacerlo. San Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Esta es una gran manifestación de cuánto Dios nos ama. 1Jn.4:9, 10 dicen: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”

Si tú amas a una persona y le das lo más importante para ti, ¿no podrás darle otras cosas más? Por ejemplo, si Jaime le regaló una casa a Carmen María porque la quiere mucho, entonces, ¿no podrá también comprarle la ropa que necesite? Dios nos amó tanto hasta no escatimar ni a su propio Hijo, ¿no nos dará también con él todas las cosas? Así que debemos confiar en el amor de Dios y en que Él nos dará lo mejor de nuestra vida. Con confianza debemos pedirle al Señor. Jn.15:7 dice: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.” También 1Jn.4:14,15 dice: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.” Pero no demos pedirle para nuestros deseos carnales. Santiago 4:2,3 dice: “porque tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”

Leamos el v33. “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” Somos débiles, así que siempre cometemos pecados. Satanás no pierde estas oportunidades y nos acusa por nuestros pecados. “¡Anoche tuviste pensamientos carnales y caíste en tus malos hábitos! Tantas veces repites el mismo pecado, jamás podrás ser limpio de ese pecado. Dios no tiene más esperanza en ti”; “Otra vez dudaste de Dios. Tú no tienes fe, así que no podrás vencer. Serás un fracasado en este mundo”; “Heriste a otros por tu mal carácter. Esta vez Dios no te va a perdonar. Ya tienes que dejar esa vida de fe” En medio de estas acusaciones de Satanás, debemos tener confianza en Dios diciendo: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” Dios nos justifica. El perdona todos nuestros pecados a pesar de nuestra debilidad espiritual. El nos dice: “Ya tus pecados te son perdonados.” Confiando en Dios quien nos justifica, podemos vencer sobre las acusaciones de Satanás ¡amén!.

El v34 dice: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Satanás no tiene autoridad de condenarnos, sino solamente nuestro Padre celestial, pero él nos envió a su Hijo para perdonar todos nuestros pecados. Además Jesús murió por nuestros pecados, resucitó al tercer día y se sentó a la diestra del Padre celestial. Además él intercede por nosotros, entonces ¿quién nos podrá condenar? Leamos juntos el v35. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” Esta es una expresión de convicción de Pablo para permanecer en el amor de Cristo.

En la vida de fe seguramente tenemos tribulaciones, angustias, persecuciones, hambre, desnudez, peligro y espada. Pero Tenemos una confianza en que ninguno de ellos puede separarnos del amor de Cristo. Y seremos más que vencedores. Leamos v37. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” En estos versículos podemos saber cuál es el secreto de vencer en este mundo. Es el amor de Cristo. El amor de Cristo sostiene nuestra vida de fe. Debemos recordar cuán grande amor Dios nos ha dado, entonces seremos más que vencedores. He tenido momentos muy difíciles en medio de seguir a Jesús. En esos momentos pensaba dejar mi vida de fe. Sin embargo, lo que me sostuvo fue el amor de Cristo. No podía imaginar una vida sin Jesús ni la misión.

Finalmente el gran amor de Cristo me ayudó a seguir el camino de la fe. ¿Cuánto estás convencido del amor de Cristo? Si no es muy grande, tienes que orar para entender el amor de Dios en tu vida y fortalecer tu relación con el Señor. ¿Cuál fue la pregunta de Jesús al ver a Pedro en Galilea cuando él estaba desesperado? San Juan 21:15 dice: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?” Jesús hizo tres veces la misma pregunta y fortaleció la fe de Pedro. ¿Amas a Jesús más que cualquier otra cosa? Entonces nada, ni nadie podrá separarte del amor de Cristo y serás más que vencedor. Oro que el gran amor de Cristo more en ti, amemos más a Jesús y venzamos en este mundo para glorificar a nuestro Padre celestial. Amén.

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