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  ROMANOS 8:26-30

Versículo Clave: 8:28

"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."

 

Estamos pasando una época bien difícil por la sequía. Dicen que Caracas está sufriendo por la temperatura más alta en 118 años a causa de no llover durante tanto tiempo. El Ávila también sufre por los incendios, y las cenizas flotan en el aire afectando el sistema respiratorio de los habitantes de la ciudad. El martes pasado en medio de un estudio bíblico yo no podía aguantar los estornudos causados por la contaminación del aire. De verdad sentí que toda la creación estaba gimiendo por la sequía, esperando la lluvia de gracia.

El pasado jueves en la tarde yo estaba en un sitio sentado, y de repente escuché el sonido del agua cayendo sobre las ventanas. De inmediato salí corriendo a la calle y vi que estaba cayendo ¡un palo de agua! Me sentí muy aliviado y le di gracias a Dios. La gente que estaba en la calle estaba corriendo para no mojarse, pero no tenían cara de queja, al contrario ellos se reían. Las personas que estaban alrededor de mí decían: “¡Gracias a Dios!” La lluvia paró en media hora, pero esa noche llovió otra vez. En la madrugada escuché de nuevo el sonido de la lluvia y era para mí como una canción de cuna. “Dios nos ha dado promesa: Lluvias de gracia enviaré; Dones que os den fortaleza; Gran bendición os daré. Lluvias de gracia, Lluvias pedimos Señor, Mándanos lluvias copiosas, Lluvias del Consolador” Amén.

Esta canción pide que Dios nos envíe lluvias del Consolador. El Consolador es otro nombre del Espíritu Santo. Jesús nos dijo: “Yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Jn.16:7) Después que Jesús ascendió a la diestra del Padre Celestial, conforme a su promesa Él nos envió el Espíritu Santo, quien mora en los creyentes. El trabajo del Espíritu Santo es convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. También Él nos guía a toda verdad. Uno de sus trabajos principales es ayudarnos en nuestra debilidad. Leamos el v26. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

Para experimentar la obra del Espíritu Santo en nuestra vida primeramente debemos reconocer nuestra debilidad. La palabra dice claramente que somos débiles. Aunque un hermano tenga un cuerpo fuerte por haber hecho mucho ejercicio como Arnold Schwarzenegger, él debe aceptar que es débil porque a causa de una gripe debe estar acostado sin poder hacer nada. Aunque un pastor sea muy espiritual y tenga muchos dones espirituales, él debe aceptar que es débil porque la tentación siempre está rondándolo y puede caer en ella fácilmente. ¿Por qué es importante saber que somos débiles? Si uno no sabe que es débil, intentará superar sus problemas con sus propias fuerzas y no podrá recibir la ayuda del Espíritu Santo; finalmente fracasará y será derrotado por Satanás.

Los hermanos que caen en pecado tienen un orgullo de no aceptar su debilidad. Nuestro Dios es Todopoderoso y El quiere que su poder se manifieste en medio de nuestras debilidades para que su nombre sea glorificado. 1Co.1:27 dice: “Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.” La debilidad no es pecado, sino la consecuencia del pecado original; sin embargo el pecado se aprovecha de nuestras debilidades para atacarnos. Por lo cual debemos aceptar nuestras debilidades y esperar la ayuda del Espíritu Santo.

Nuestra debilidad se manifiesta también en nuestras oraciones, porque como dice la palabra, no sabemos qué debemos pedir a Dios. “Pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos.” Muchas veces no entendemos cuál es la voluntad de Dios y le pedimos conforme a nuestros deseos carnales, por eso no podemos recibir sus respuestas. Santiago 4:3 dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” Nosotros ni siquiera sabemos qué nos va a suceder dentro de 5 minutos.

Un hermano quiso llegar a tiempo a su clase y viendo que había un autobús parado corrió orando a Dios que no se fuera, pero el autobús se fue antes que él llegase. Él se quejó de Dios por no haber escuchado su oración y tuvo que esperar media hora más para tomar otro autobús. En el camino él vio que ese autobús que perdió había chocado contra otros carros y muchos que estaban en ese autobús estaban heridos y algunos murieron. En ese momento dio gracias a Dios por haberle hecho perder ese autobús. Imaginemos si una hija de 5 años le pidiese a su madre que le preste un cuchillo para jugar con él, ¿cuál madre se lo va a dar? También muchas veces le pedimos a Dios sobre asuntos que están fuera de Su voluntad. Aun los grandes siervos de Dios también lo hacen y Dios los corrige.

El apóstol Pablo quería ir a Asia para predicar el evangelio. El tenía corazón puro de ayudar a los asiáticos, pero el Espíritu Santo no le permitió ir a Asia, sino que cambió su dirección hacia Europa. Dios no oyó la oración de Pablo aunque él tenía buenas intenciones, porque no era la voluntad de Dios. Como ustedes saben Pablo tenía una enfermedad grave. Algunos dicen que él tenía problemas de la vista. Otros dicen que él tenía epilepsia. Imaginemos si le ocurría convulsiones en medio de sus predicaciones, ¿qué pensaría la gente? Ellos se burlarían de Pablo diciendo que él sanaba a otros, pero no se sanaba a sí mismo. Por eso Pablo oró mucho a Dios para que lo sanase de esa enfermedad. Pero, ¿saben cuál fue la respuesta de Dios? “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2Co.12:9)

Pablo pudo saber que sanarse de esa enfermedad no era la voluntad de Dios. Entonces, él dijo: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” ¡Cuántas veces pedimos a Dios cosas que no son Su voluntad, y más bien oramos basados en nuestra propia confianza! Pero tenemos una gran bendición porque el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. La palabra ‘ayudar’ quiere decir ‘tomar juntos la carga.’ Esta palabra no quiere decir que el Espíritu Santo hace todo mientras que tú no tienes que hacer nada. Tú luchas para no caer en las tentaciones y el Espíritu Santo te ayuda a fortalecerte y a librarte de la maldad; tú oras para hacer la voluntad de Dios y el Espíritu Santo intercede por ti para que entiendas cuál es la voluntad de Dios en tu vida.

El Espíritu Santo es Dios trino y conoce muy bien a Dios el Padre y cuál es su voluntad, por eso El puede ayudarnos perfectamente. ¡Alabo al Espíritu Santo quien nos ayuda en nuestra debilidad e intercede por nosotros conforme a la voluntad de Dios! Amén. Miren el v28. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Esta palabra es muy conocida y a muchos les gusta este versículo. Aun los incrédulos toman esta palabra para aplicarla en los momentos difíciles o para cambiar la mentalidad negativa de la gente.

En estos días la sección del libro que más se vende son los de Autoayuda: “Las 7 leyes espirituales del Éxito”, “Las 10 costumbres de los más exitosos del mundo”, etc. Aun hay pastores que escriben este tipo de libros para alcanzar éxito sin mencionar el evangelio. De esta forma este versículo está mal interpretado. Pero si analizamos bien este versículo, podemos saber que esta palabra no se aplica a todo el mundo, sino solamente ‘a los que aman a Dios’ y ‘a los que conforme a su propósito son llamados.’ ¿Quiénes son los que aman a Dios? Los hijos de Dios, es decir, que los que aceptaron a Jesús como su Salvador a través de la obra del Espíritu Santo. ¿Por qué Pablo no escribió ‘a los que creen en Dios’?

A lo mejor porque hay los que dicen que creen en Dios pero no lo aman. Santiago 2:19 dice: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” Los demonios también creen en Dios, pero ellos no adoran a Dios ni aceptan que su Hijo Jesús murió por nuestros pecados. ¿Cómo pudimos llegar amar a Dios? Porque recibimos su amor. 1Jn.4:19 dice: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” Solamente los que recibieron el amor de Dios quien perdonó todos nuestros pecados y nos salvó de la muerte eterna pueden amar a Dios. A ellos se aplica esta palabra, también se aplica a los que conforme a su propósito son llamados. Hay todo tipo de llamamiento: uno es un llamamiento general y el otro es un llamamiento efectivo.

Dios llama a todos para salvación, sin embargo no todos aceptan el llamamiento de Dios. El llamamiento general llega a todos, en cambio el llamamiento efectivo llega solamente a los que aceptan a Cristo como su Salvador. ‘Los que conforme a su propósito son llamados’ son los que recibieron el llamamiento efectivo de Dios, en otra palabra los hijos adoptados de Dios. Entonces, podemos decir que esta palabra se aplica a los hijos amados de Dios. La palabra dice: “Todas las cosas les ayudan a bien.” ¿Qué son todas las cosas? Tanto las cosas buenas como las cosas malas. Esto incluye tribulaciones, aflicciones, sufrimientos, enfermedades, accidentes, fracasos, etc. Todas las cosas que pasan en nuestra vida, inclusive hasta nuestros pecados. Algunos pueden reclamar diciendo: “¿Cómo es posible que el pecado nos ayude a bien?” Pero, ¿quién es nuestro Dios? El es Omnisciente y Omnipotente. El sabe todas las cosas que ocurren en nuestra vida y tiene suficiente poder para convertir nuestros pecados para Su buena voluntad.

Esto no quiere decir que el pecado es bueno, jamás podremos decir así, pero nuestro Dios puede usar nuestros pecados para que se haga Su buena voluntad. Un buen ejemplo es la parábola del hijo pródigo: Cuando el hijo menor tomó la decisión de salir de su casa para ir a un país lejano, el padre supo que él iba a salir de su casa para cometer pecados. El padre tenía poder y autoridad para detenerlo. El podía encerrar a su hijo en una habitación poniéndole guardias, o él podía negarse a darle hasta un centavo para que no pudiera pecar mucho. Pero el padre no lo encerró, al contrario le dio la herencia que le correspondía. El hijo menor sin entender por qué su padre se lo permitió salió de su casa para divertirse. El padre sabiendo qué le iba a suceder, le permitió irse. Dios, sabiendo que nosotros vamos a cometer pecados, no nos detiene y nos deja cometer pecados, pero no es porque él quiere que nosotros estemos pecando, sino porque quiere usar nuestros pecados para que sepamos cuán miserables podemos sentirnos y cuán grande es el amor de Dios, para que finalmente volvamos a Él y conozcamos más la gracia de nuestro Padre celestial. Cuando el hijo pródigo regresó a su padre, le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.” Cuando el padre lo recibió incondicionalmente ese hijo pródigo pudo entender profundamente cuán grande era el amor de su padre y él se quedó más firmemente en la casa de su padre.

En este sentido Dios usa nuestros pecados para que nos ayuden a bien. ¿Qué es el ‘bien’? Es la buena voluntad de nuestro Dios. En todas las cosas nosotros podemos experimentar que se cumple la buena voluntad de nuestro Padre celestial. Para los que aman a Dios y los que conforme a su propósito son llamados, todas las cosas malas que nos suceden no son para destruirnos, sino para fortalecernos y cumplir la buena voluntad de Dios sobre nuestra vida. ¿Ustedes han visto cómo funciona un reloj mecánico? Hay muchas ruedas, entre las cuales algunas se mueven en la misma dirección de las agujas, en cambio las otras giran en dirección contraria. Uno puede pensar: ‘Si estas ruedas giran en dirección contraria, ¿cómo las agujas pueden girar en la dirección correcta? Hay otras ruedas que giran en la dirección correcta y finalmente hacen que las agujas giren correctamente. A veces nos parece que las cosas van por la dirección contraria y nuestra vida se complica más. Pero hay otras ruedas de Dios que nos ayudan a que las cosas marchen correctamente para la gloria de Dios.

Así que podemos confiar en Dios quien convierte todas las cosas para nuestro bien. ¿Amas a Dios? ¿Eres llamado conforme a su buen propósito? Entonces, puedes confiar en Dios quien trabaja en tu vida y que hace que todas las cosas que te suceden, te ayuden a bien. Amén.

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