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¿Cuál sería la mayor bendición que puedan recibir los cristianos? ¿Será la salvación? Indudablemente la salvación es un gran regalo de Dios que reciben todos los que creen en Jesús. La salvación es pasar de la muerte eterna, a vida eterna, ¡lo cual es una gran bendición! Otros dirían que el mayor regalo es la santificación. La santificación es participar en la naturaleza divina de Dios, y es una gran bendición dada a los cristianos. Pero creo que la mayor bendición de todas es ser hijos de Dios. Es el cambio de nuestra posición de esclavo de Satanás, a hijo de Dios y formar parte de la familia real de Dios.
Esta bendición de ser hijos de Dios incluye salvación y santificación. Somos salvos por ser hijos de Dios y participamos en la santificación que nos da del Padre celestial por ser sus hijos. Entonces ¿quiénes pueden ser hijos de Dios? V14 dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” La palabra nos pone una condición de ser hijos de Dios, la cual es ‘ser guiado por el Espíritu de Dios.’ Esto implica que no todos son hijos de Dios, es decir que los que no son guiados por el Espíritu de Dios no son hijos de Dios. Hay personas que dicen que todos los humanos son hijos de Dios, porque fuimos creados por Dios.
Es cierto que fuimos creados por Dios, sin embargo no todos son sus hijos porque no todos son guiados por el Espíritu Santo. Después del pecado de Adán y Eva los humanos dejaron de ser hijos de Dios y se convirtieron en esclavos de Satanás. Los esclavos de Satanás no son guiados por el Espíritu Santo y no son hijos de Dios. Entonces, ¿qué quiere decir ‘ser guiado por el Espíritu de Dios’? ¿Es ser guiado en toda nuestra vida? Pero, ¿acaso no cometemos muchos errores por hacer según lo que nos parezca? Entonces, ¿no somos hijos de Dios cuando no somos guiados por Él al tomar algunas decisiones? Ser guiado por el Espíritu de Dios quiere decir que la fuerza principal que dirige nuestra vida es el Espíritu de Dios a pesar de que muchas veces cometemos errores por no seguir Su voluntad.
Todos los cristianos recibieron el Espíritu Santo cuando creen en Jesús como su Salvador. Desde entonces el Espíritu de Dios comienza guiar nuestra vida, por esta razón no vivimos conforme a nuestra naturaleza pecaminosa, sino conforme al Espíritu, cambiando nuestro comportamiento como hijos de Dios. ¿Puedes decir que el Espíritu Santo es la fuerza principal que dirige tu vida? Compara tu vida actual con tu vida pasada, entonces podrás saberlo. Si tu vida es guiada por el Espíritu de Dios, puedes decir que te comportas como un hijo de Dios. Pero, ¿cómo pudo pasar esto en nuestra vida? Miren el v15a. “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción.”
Debemos fijarnos en la palabra que dice: “para estar otra vez en temor”, porque esta palabra implica que anteriormente vivíamos en temor por el espíritu de esclavitud que estaba en nosotros. Es decir que antes de recibir el Espíritu Santo el espíritu de esclavitud dominaba nuestra vida. ¿Qué diferencia hay entre el espíritu de esclavitud y el espíritu de adopción?:
• El espíritu de esclavitud viene de Satanás, en cambio el espíritu de adopción viene del Espíritu Santo; • El espíritu de esclavitud nos obliga hacer lo que no debemos hacer;
• El espíritu de adopción nos da fuerza para hacer voluntariamente lo que debemos hacer para agradar a nuestro Padre celestial;
• El espíritu de esclavitud nos llena de miedo a ser castigados;
• El espíritu de adopción nos da paz por el amor de nuestro Padre celestial. Antes vivíamos con el espíritu de esclavitud, por eso nuestra vida era muy miserable. Cometíamos pecados al ser esclavizados por Satanás y nunca teníamos tranquilidad en nuestro corazón. Pero después de recibir el espíritu de adopción, ¡la esclavitud se convirtió en libertad! Pudimos tener la fuerza voluntaria para dejar pecados y seguir la verdad de Dios. Ante cualquier error antes teníamos mucho miedo y culpa por nuestros pecados, pero después de recibir el espíritu de adopción podemos tener paz a pesar de nuestros errores y pecados.
Los hijos que tienen buena relación con sus padres confiesan sus errores libremente, sin miedo, pidiendo perdón y el entendimiento de sus padres; esto porque ellos tienen confianza en el amor de sus padres. En cambio los hijos que no tienen una buena relación con sus padres tienen miedo a ser castigados por sus errores, por eso no son sinceros y hablan mentiras. Ahora no somos más esclavos de Satanás, sino hijos adoptados de Dios ¡Amén! Ya no tenemos más el espíritu de esclavitud, sino el espíritu de adopción. Entonces no necesitamos vivir más en temor como vivíamos anteriormente, sino en paz y verdad como hijos de Dios. 2Ti.1:7 dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
Los que no conocen a Dios viven bajo el espíritu de cobardía con mucho miedo, pero los hijos de Dios viven dominados por el espíritu de adopción lleno de poder, amor y dominio propio. Así que podemos acercarnos a Dios con convicción en el amor de Dios. Sin embargo entre los hijos de Dios hay quiénes viven todavía con miedo a Dios. ¿Por qué? Ellos todavía no saben que han sido liberados del espíritu de esclavitud, ni que han recibido el espíritu de adopción. Por no acercarse frecuentemente a Dios, su relación de amor con Dios no se ha formado profundamente. Ellos son como los hijos que visitan a sus padres una vez al año.
Los hermanos que siente el amor de Dios durante la convivencia de verano, pero viven sin comunión con Dios durante el resto del año son como estos hijos. Por no ver frecuentemente a sus padres su relación con ellos es muy alejada y todavía no conocen bien a sus padres. Les confieso que mi relación con mi padre terrenal es así. El estuvo muy pocos días en nuestra casa por su trabajo y sus asuntos personales. Prácticamente crecí con mi madre. Luego me mudé a la capital para estudiar en la universidad. Entonces lo veía casi una vez al año. Ahora estoy en Venezuela y él en Corea. Tengo muy pocos recuerdos de él y no lo conozco mucho. Cuando hablo con él por teléfono, le pregunto cómo está su salud y él me responde que está bien, pero no tenemos más conversación para continuar hablando, porque no nos conocemos mucho.
Esta es la razón porque no había comentado sobre mi padre en mis mensajes aunque hablaba varias veces de mi madre. Ahora él tiene 74 años de edad. Quisiera tener una relación más estrecha con mi padre terrenal, porque esto me da tristeza. Pero imaginemos ¿cómo sería si la relación con nuestro Padre Celestial es así? En el tiempo de orar, comenzaríamos diciendo: “Dios, ¿cómo está usted? Yo estoy bien”, y ¿no tenemos más que decirle? En la vigilia tenemos oración personal durante una hora. Para algunos ese tiempo es un gran sufrimiento, porque después de pasar 5 minutos no tienen más que hablar con Dios y les da mucho sueño, por eso prefieren salir del salón y estar sentados en el patio hablando con otros que salen por el mismo motivo. En la vigilia pasada fui sorprendido porque entre alrededor de 40 hermanos casi 30 estaban fuera del salón. ¿Por qué? Hablando con nuestros amigos, una hora pasa volando, pero ¿por qué no es así con Dios? Porque nuestra relación con nuestro Padre celestial no es profunda.
Si eres hijo de Dios y tienes Su espíritu de adopción, tu relación con tu padre celestial tiene que ser mucho más estrecha. El v15b nos muestra cuán estrecha debe ser nuestra relación con el Padre celestial. Leamos 15b. “por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” ‘Abba, Padre’ quiere decir ‘Papi’ o ‘Papito’. Los hijos llaman a sus padres ‘papito’ porque sienten mucho cariño hacia su padre, y a la vez para recibir más amor de su padre. Esta relación de llamar ‘papito’ no es formal, sino muy informal. ¿Han escuchado a un niño llamando a su papá: “Padre grandioso, poderoso, justo y santo”? ¿Cuál hijo llama así a su papá? Los hijos dicen sencillamente: “papá” o “papi”. Nuestro Señor Jesús también llamó a Dios “Abba, Padre” en sus oraciones. Cuando él estaba orando en Getsemaní antes de cargar la cruz, él oró diciendo: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.” ¿Cómo él pudo hacer esa oración en medio de ese gran conflicto interno? Fue la voluntad del Padre celestial que Jesús cargara la cruz y muriera con gran dolor y sufrimiento.
Si fuésemos nosotros, nos quejaríamos de Dios diciendo: “¿Por qué yo? ¡Tú no me amas!” Pero Jesús tuvo una confianza total en nuestro Padre celestial, por eso en esa situación pudo llamarle diciendo: “Papi, todas las cosas son posibles para ti.” Pero, ¿por qué nuestra relación con Dios es tan formal? Dicen que mientras la iglesia tenga menos relación con Dios, su culto se hace más formal. En la Edad Media la iglesia cayó en un gran formalismo y verdaderamente era una época oscura en la historia cristiana. Nuestra relación con Dios debe ser viva, activa y dinámica. Nuestro culto para nuestro Padre celestial debe ser alegre y emocionante. Es una gran bendición tener la oportunidad de acercarnos al Padre celestial en este domingo ¡Es un gran privilegio llamar al Dios Creador ‘Abba, Padre’! Si tú eres hijo o hija de Dios, clama a tu padre ahora llamándolo: ¡Papi! Según la ley romana la adopción era un asunto muy complicado porque el padre tenía autoridad sobre toda su familia, hasta la vida y la muerte de sus hijos. Por eso el proceso de adopción era muy serio y se requerían 7 testigos, y presentar el hijo adoptado al juez.
Después de ser adoptado, el hijo perdía todos los derechos y obligaciones de la familia anterior y su vida anterior se borraba completamente. Aunque tenía deudas, quedaban canceladas. Se le consideraba una nueva persona que empezaba una vida nueva sin la menor vinculación con el pasado. Por lo cual, ser adoptados como hijos de Dios nuestra vida pasada fue borrada completamente y comenzamos nuevas vidas como hijos de Dios. Todas nuestras deudas y obligaciones pasadas fueron canceladas para que estemos totalmente bajo la autoridad de nuestro Padre celestial. Entonces, ¿quién es el testigo en este proceso? El v16 dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.”
El Espíritu Santo es el testigo de nuestra adopción. Si Satanás reclama diciendo que somos sus esclavos, el Espíritu Santo nos defiende diciendo que ahora somos hijos de Dios. Además él protege nuestros derechos de hijos de Dios. ¿Cuáles son? Leamos el v17. “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” Los hijos tienen derecho a recibir la herencia de sus padres. La ley romana garantizaba el derecho de heredar a los hijos adoptados, aunque ese padre también tuviese hijos de sangre. No había ninguna discriminación entre los hijos de sangre y los adoptados. También los hijos menores recibían herencia junto con los hijos mayores. Aunque somos hijos adoptados nuestro derecho a heredar el reino de Dios no se cancela jamás. Y somos hijos menores, porque nuestro hermano mayor es Jesús, el Hijo de Dios, así que somos coherederos del reino de Dios con Cristo. Como Cristo fue glorificado en el reino de Dios, también seremos glorificados porque somos coherederos con Cristo. ¡Es una gran bendición y privilegio ser hijos de Dios! ¿Lo pueden sentir así? ¡Amén! Entonces podemos participar en el padecimiento de Cristo con alegría porque somos miembros de la familia de Dios, aunque el mundo nos aborrece, además recibiremos toda gloria en el reino de Dios. ¡Amén!
Concluyendo el mensaje de hoy, quiero declarar una vez más que ya no somos esclavos de Satanás, sino hijos de Dios, ¡no tenemos un espíritu de esclavitud, sino el espíritu de adopción!, por lo cual clamamos: “¡Abba, Padre!” Por ser hijos de Dios tenemos derecho y privilegio de heredar el reino de Dios y ser glorificados cuando ese reino sea manifestado. Oro que vivamos como hijos de Dios en esta tierra padeciendo juntamente con Cristo. ¡Amén! |
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