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  ROMANOS 8:7-11

Versículo Clave: 8:9

"Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él."

 

La semana pasada aprendimos sobre la diferencia entre los que andan conforme al Espíritu y los que andan conforme a la carne. ¿Cómo son? Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne, en cambio los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Los que viven según la carne no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden (7), por lo cual ellos no pueden agradar a Dios (8).

En el mensaje pasado habíamos dicho que los que andan conforme al Espíritu son los creyentes y los que andan conforme a la carne son los incrédulos. Andar conforme a la carne quiere decir vivir según su naturaleza pecaminosa. Después de aceptar a Jesús como su Salvador, los creyentes no pueden vivir según su nuestra naturaleza pecaminosa. Pero, ¿por qué? Leamos el v9. “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tienen el Espíritu de Cristo, no es de él.” ‘Vosotros’ se refiere a los creyentes que recibieron a Jesús como su Salvador.

La palabra dice que los creyentes no viven según su naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu. Debemos fijarnos una vez más en la forma de este verbo ‘vivir’. Pablo no dijo: “Mas vosotros no deben vivir según la carne, sino según el Espíritu”, sino “Mas vosotros no vivís (ustedes no viven) según la carne, sino según el Espíritu". El no está hablando de los deberes cristianos, sino de su condición actual. Los creyentes son los que viven el Espíritu de Dios, porque el Espíritu de Dios mora en ellos. Esta frase es muy importante porque nos confirma que el Espíritu de Dios mora en todos los creyentes.

La siguiente frase nos da seguridad sobre esta idea diciendo: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” El Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y el Espíritu Santo significan lo mismo. San Juan 14:16 dice: ”Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.” Otro Consolador es el Espíritu Santo enviado por Dios el Padre, por eso es el Espíritu de Dios. San Juan 16:7 dice: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” Jesús dijo que iba a enviarnos el Espíritu Santo, este es el Espíritu de Cristo. Y sabemos que el Espíritu Santo es Dios mismo. 2Co.3:17 dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” Nosotros creemos en Dios trino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

No podemos decir que “el que no es de Cristo”, es un creyente. Si alguien no es de Cristo, no podemos decir que tiene vida eterna. Todos los creyentes pertenecen a Cristo. Entonces, todos los creyentes tienen el Espíritu de Cristo. Esta palabra es el parámetro para saber si una persona es realmente cristiana o no. Nosotros confiamos en la palabra Ro.10:9 “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Pero hay muchos que dicen que han creído en Jesús y dicen que Jesús es el Señor, sin embargo en su vida no se manifiesta la gracia del Señor. Esto es sólo si él ha confesado verdaderamente que Jesús es el Señor por la obra del Espíritu Santo, o si solamente lo ha confesado “intelectualmente”.

La confesión de fe debe venir por la obra del Espíritu Santo. Cuando Pedro confesó diciendo: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente”, Jesús le dijo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” El pudo confesar verdaderamente que Jesús era el Hijo de Dios viviente porque el Espíritu Santo entró en él y se lo manifestó. Nuestra salvación depende de que en nosotros esté el Espíritu de Cristo, todos los creyentes deben tener el Espíritu de Cristo en ellos. Entonces aprendimos que el Espíritu de Dios mora en todos los creyentes. Es una gran bendición saber que el Espíritu Santo mora en nosotros. Si el Espíritu Santo está en nosotros, a la vez nuestro Dios el Padre y el Señor Jesús también están en nosotros. ¿No es una gran maravilla que nuestro Dios grandioso esté en cada uno de nosotros?

El Espíritu Santo es nuestro Consolador que entiende toda nuestra debilidad y ora por nosotros. Ro.8:26b dice: “El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Antes nuestros pecados El intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y El nos da fuerza para que podamos superar nuestras debilidades y vivir conforme a la voluntad de Dios. El es el Espíritu de Poder que nos da el poder necesario para servir la obra de Dios en victoria. Uno de los problemas más graves de los cristianos es que no reconocen la existencia del Espíritu Santo en ellos. Aunque el Espíritu Santo toca la puerta de su corazón para compartir con ellos, estos no la abren, porque no tienen entendimiento de que necesitamos compartir con el Espíritu Santo. Por eso caen fácilmente en tentación haciendo luchas humanas y carnales. ¿Qué debemos hacer para superar nuestros problemas? Sencillamente reconocer que el Espíritu Santo mora en ti y recuerda que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. Abre tu corazón y pídele que te ayude a superar tus problemas. Entonces recibirás su apoyo y serás fortalecido.

El otro punto importante en este versículo es que nosotros pertenecemos de Cristo. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” Antes pertenecíamos a Satanás, pero Jesús pagó el costo con su sangre preciosa y nos compró, así que ahora pertenecemos a Jesús. Por pertenecer a Jesús recibimos tantas bendiciones espirituales. ¿Se acuerdan de la película ‘Ben Hur’? El era un esclavo, pero cuando él salvó la vida del general romano, éste lo adoptó haciéndolo su hijo. Luego él pudo disfrutar de los beneficios de ser hijo de ese general. Igualmente nosotros, por ser hijos adoptados por Dios podemos disfrutar de las grandes bendiciones que Él nos ofrece.

Una de las bendiciones más grandes es que ya Satanás no puede separarnos de las manos de Jesús. Cristo nunca falla. El nos compró con su sangre a Satanás, ¿cómo él nos dejaría ser nuevamente esclavos de Satanás? Tenemos confianza en la palabra que dice: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” (Fil.1:6) Por eso, Pablo dice con convicción: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Ro.8:35) Jesús nunca falla en su plan de salvación, él derrotó a Satanás con su muerte y resurrección. Ya está garantizada la victoria de salvación para los que pertenecen a Cristo. Amén.

Leamos el v10. “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.” Para interpretar este versículo debemos fijarnos en dos palabras: ‘cuerpo’ y ‘espíritu’. El “cuerpo” en este versículo no quiere decir la ‘carne’ que aparece en los versículos anteriores. Como les había mencionado la carne es la naturaleza pecaminosa de los que no se han convertido. Pero el cuerpo en este versículo es nuestro cuerpo físico.

En este sentido, el “espíritu” en este versículo es nuestro espíritu. Por eso R.V.1960 lo escribe con ‘e’ minúscula “espíritu”. La Nueva Versión Internacional en inglés lo apoya escribiendo: “But if Christ is in you, your body is dead because of sin, yet your spirit is alive because of righteousness.” Nuestro ser está compuesto en tres partes: espíritu, alma y cuerpo. El espíritu es la parte que se comunica con Dios. El alma es el movimiento de nuestros pensamientos y sentimientos. El cuerpo es la parte física de nuestro ser. El v10 dice que el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado.

Todos nosotros tenemos cuerpos físicos y nos parece que está vivo, sin embargo la palabra dice que este cuerpo está muerto. La muerte entró en nosotros a causa del pecado de Adán, el primer hombre. Como Dios le había dicho: “ciertamente morirás” (Gé.2:17b), cuando Adán desobedeció, Dios le condenó diciendo: “pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Gé.3:19b) En ese momento la muerte les llegó a Adán, a Eva y a todos sus descendientes. Por eso todos nosotros morimos sin excepción. En este sentido nuestros cuerpos están bajo la condenación de la muerte a causa del pecado. Sin embargo los que están en Cristo tienen una gran diferencia porque su espíritu vive a causa de la justicia. ¿Qué es la justicia? Como Ro.1:17 dice: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe”, la justicia de Dios es nuestro Señor Jesús.

A causa del pecado nuestros cuerpos físicos, pero a causa de la justicia, quien es nuestro Señor Jesús, Él vive en el espíritu de los que creen en El. Después de recibir el Espíritu de Dios, aunque no se manifieste algún cambio en nuestro cuerpo físico, hay un gran cambio en nuestro espíritu, ya que nuestro espíritu recobra la vida y vive para siempre. Es como la enseñanza de Jesús a Nicodemo, le dijo que tenía que nacer de nuevo. La semana pasada nació Isaías en la familia de Hugo y Yolimar. Con él, llegó una nueva vida a esta tierra. Igualmente después de recibir a Jesús y su Espíritu en nosotros, nacemos de nuevo espiritualmente.

Tenemos una nueva vida en esta tierra. Por eso 2Co.5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” ¿Por qué somos nuevas criaturas aunque no hay ningún cambio físico? Porque nuestro espíritu muerto recibió nueva vida y vive en nosotros. 1Jn.3:9 dice que la simiente de Dios permanece en todo aquel que es nacido de Dios. Esta simiente de Dios es la nueva vida en nuestro espíritu. Nuestro cuerpo morirá algún día, en cambio nuestro espíritu vivirá para siempre. Entonces, ¿no nos importa que nuestro cuerpo peque porque este va a morir y desparecer? Esto es el pensamiento de los dualistas. Ellos decían que el espíritu es bueno y el cuerpo es malo, por lo cual importaba que pecaran con sus cuerpos. Pero la Biblia jamás apoya esta idea porque el cuerpo es el lugar donde mora el Espíritu Santo.

1Co.6:19 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” Por eso Dios nos ordena diciendo: “Presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Ro.12:1) También 1Co.6:20 dice: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” Entonces, ¿qué pasará con nuestro cuerpo mortal? Leamos el v11. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”

El Espíritu que mora en nosotros es el Espíritu que levantó a Jesús de los muertos. Jesús resucitó con su cuerpo, por eso sus discípulos lo podían ver. Jesús le mostró a Tomás sus manos y su costado. Esto implica que Jesús tenía su cuerpo, pero ese cuerpo no era igual que el cuerpo que él tenía anteriormente, ya que Jesús se movía muy libremente de un lugar a otro lugar. Luego Jesús subió al cielo con ese cuerpo. 1Co. Cap.15 nos manifiesta que vamos a resucitar con un cuerpo. “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.” (1Co.15:42-44)

El Espíritu Santo que mora en nosotros vivificará nuestros cuerpos mortales para que tengamos cuerpos espirituales en el día de la resurrección. Con este cuerpo ya no vamos a tener más tentaciones, enfermedades, conflictos internos, debilidades, limitaciones. Todos seremos guapos y guapas. Seremos libres del pecado y glorificados como nuestro Señor Jesús fue glorificado. Esta es la esperanza de todos los cristianos. ¡Alabo al Espíritu Santo que mora en nosotros! Amén.

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