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La semana pasada tuvimos una noticia muy triste y preocupante, el sismo de 7 grados en Haití; se derrumbaron calles, edificios, casas, hospitales, escuelas, etc. Se estima que han muerto más de 100.000 personas y otros dicen que habrá más de 200.000 muertos. Aunque muchos del extranjero llegaron a la ciudad de Puerto Príncipe para apoyar la obra de encontrar a los sobrevivientes, sacar cadáveres, distribuir comida, agua, poner orden público por la inseguridad, etc. Hay un gran desastre en este pueblo. Viendo las fotos y los videos sobre la situación del pueblo haitiano y oyendo de un muchacho quien perdió toda su familia que estaba llorando, mi corazón se llenó de tristeza y dolor. Llamé a nuestro hermano Jerry para preguntarle cómo estaba su familia, por la gracia de Dios su familia no fue afectada. Debemos participar en este dolor del pueblo haitiano y apoyarle con materiales necesarios para que llegue el amor de Cristo a estos hermanos que están sufriendo.
Los expertos en esta materia dicen que habían pronosticado el sismo que hubo en Haití, inclusive tuvieron una reunión con el gobierno haitiano para alertar sobre esta situación, sin embargo no podían estimar que ese terremoto iba a llegar tan prontamente. Según ellos hay una falla de la tierra en esa zona, de más de cientos kilómetros, pero el sismo en Haití fue de solamente 80 kilómetros, es decir que todavía se corre el peligro de terremotos de ese nivel en la zona caribeña, donde se incluye también a nuestro país Venezuela. El día de ayer en Haití volvió a temblar por el sismo de 4,5 grados y los sobrevivientes cayeron en temor otra vez.
Pero no sólo en Haití, el día viernes hubo un temblor en Venezuela también. El estado Sucre sufrió por un sismo de 5,4 grados, dos casas fueron derrumbadas y 16 personas fueron heridas. Dicen que los científicos están analizando este temblor para saber si es parte de las réplicas del sismo en Haití o es otro terremoto nuevo. Me acuerdo del temblor de 5,6 grados que tuvimos el año pasado, era un sábado, esta casa se movía y todos estábamos muy asustados. Siento que nuestro país no está fuera de ese peligro y debemos estar preparados ante este desastre, no solamente físicamente, sino también espiritualmente. Les quiero hacer una pregunta seria. Si ocurre un sismo aquí y ahora, y tú mueres, ¿tendrás salvación o no? Algunos hermanos van a responder que “Sí” y otros que “No.”
Entre los hermanos que responden que “No”, muchos de ellos piensan en sus pecados recientemente cometidos y sienten que no han sido perdonados todavía, por eso piensan que no van a ser salvos. Si es así, es una situación tan grave y delicada que tienen que arrepentirse ahora mismo y recibir el perdón de Jesús de inmediato. Pero, ¿cuántas veces cometemos pecados al día? Entonces, ¿cuántas veces debemos arrepentirnos inmediatamente? Porque no sabemos cuándo vendrá el fin del mundo, debemos vivir alertas y no tendremos paz en nuestro corazón. Imaginemos que un hermano está cometiendo pecado en sus sueños y esa noche muere por un ataque de corazón, ¿tendrá él salvación o no?
Un hermano está en una profunda depresión espiritual por sus pecados y andando en medio de conflictos internos, -creo que actualmente hay varios hermanos que están en esta condición-, tiene un accidente tránsito y muere de inmediato, sin tener la oportunidad de arrepentirse, ¿qué le pasará? Algunos de nuestros hermanos responderán que no hay salvación para ellos y se sentirán muy preocupados por sí mismos. Pero la palabra de hoy nos va a dar una respuesta clara ante esta pregunta. Leamos el v1a “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”
La Biblia Nueva Versión Internacional (N.V.I) dice: “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús.” ‘Por lo tanto’ quiere decir ‘por la consecuencia de lo que se mencionó anteriormente’, pero este Ro.8:1 no se puede conectar lógicamente con el capítulo 7 que trata de los conflictos internos por el pecado; ni con el capítulo 6 que explica la razón de no poder pecar libremente, sino con el capítulo 5 que habla de los resultados de la justificación. El tema principal del libro Romanos es la “justificación por la fe”, lo cual hemos aprendido a través de los capítulos anteriores. Por eso se puede interpretar el v1 del capítulo 8 de esta manera: “Porque fuimos justificados por la fe ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús.” Es una de las declaraciones más importantes de la Biblia.
De verdad Romanos capítulo 8 es uno de los capítulos más esenciales de la Biblia, por eso los teólogos dicen: “Si no tienes tiempo de leer la Biblia completa, lee el Nuevo Testamento, si no tienes tiempo de leer el Nuevo Testamento completo, lee el libro Romanos, si no tienes tiempo de leer Romanos completo, lee el capítulo 8 de Romanos. Este capítulo es como la piedra preciosa sobre un anillo.” El versículo clave de este capítulo es el v1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.” ¿Aceptas esta palabra? ¡Amén! Es muy importante entender bien y aceptar que no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, ya que muchos se condenan a sí mismos aunque fueron justificados por la fe. El asunto es que ellos se confunden entre la justificación y la santificación. Entre ellas, ¿cuál se relaciona más con la condenación? La justificación, que es lo opuesto.
Cuando creímos en Jesús por la fe, fuimos justificados y libres de condenación. Ya pasamos del juicio de Dios a la vida eterna. Esto cambió radicalmente nuestra posición. Antes estábamos bajo el domino de Satanás, pero después de creer en Jesús pasamos a estar al de nuestro Señor Jesús; antes éramos esclavos del pecado, pero después de aceptar a Jesús como nuestro Salvador, somos siervos de la justicia; antes éramos enemigos de Dios, pero ahora somos hijos adoptados por Dios y formamos parte de la familia de Dios.
Es muy importante identificarnos como hijos de Dios a través de la justificación por la fe. En cambio, la santificación es el proceso de cambiar nuestro ser pecaminoso en la imagen santa de nuestro Dios, como el Señor nos ordena: “Sean santos, porque yo soy santo.” (Lv.11:45) Es el deber de todos los cristianos, pero no es una condición para nuestra salvación. El ladrón de la cruz fue salvo por la fe y la gracia de Jesús, pero él no tuvo un proceso de santificación, es decir que nuestra salvación no tiene nada que ver con la santificación, sino con la justificación. Por eso sabemos que la salvación viene por la gracia de nuestro Señor Jesús. Sin embargo, muchos cristianos se decepcionan en el proceso de santificación por sus mismos pecados, o nuevos pecados, también caen en una gran depresión espiritual e incredulidad, llegando a pensar en que ya no tienen salvación y que sus pecados son demasiados y Dios no los pueden perdonar otra vez. Pero esa acusación viene de Satanás para separarnos de Dios. De verdad Dios se entristece por nuestros pecados, pero él jamás rechaza a sus hijos adoptados, que ya han sido rescatados.
¿Cómo el padre podrá negar a su hijo aún siendo muy malo? Cuando el hijo pródigo se fue de la casa, el padre lo esperó hasta que él regresara y lo recibió de nuevo en su casa sin ninguna condición. Aunque su hijo estaba fuera de su casa, el padre nunca negó a su hijo, es decir que el hijo pródigo seguía siendo hijo de su padre. Nuestro padre celestial es así, él está lleno de gracia, amor, paciencia y misericordia. Aunque cometamos pecados por nuestra debilidad espiritual y física, y estamos fuera de la casa de Dios un momento, no perderemos el privilegio de ser hijos de Dios y tendremos salvación a pesar de los errores que cometamos. Por lo cual jamás debemos condenarnos, pero sí entristecernos por nuestros pecados. Jamás debemos pensar que perdimos la salvación aunque aceptemos que estamos apartados de Cristo como el hijo pródigo.
Algunos hermanos pueden decir: “Esta palabra se puede aplicar solamente a los que están en Cristo Jesús.” Entonces, mi pregunta sería: “Si tú cometes pecados, ¿estás fuera de Cristo?” ¿Cambiaría nuestra posición espiritual cada momento dependiendo de cometer pecados o de arrepentirnos? Entonces, ¿saltamos entre Jesús y Satanás cada rato como un saltamontes? ¡No! La palabra ‘estar en Cristo’ quiere decir ‘estar unidos a Cristo.’ Ya hemos aprendido sobre la unión con Cristo en el capítulo 6. Cuando creímos en Jesús, ya fuimos unidos con su muerte, su sepultura y su resurrección. Ya nos casamos espiritualmente con Cristo. Entonces no pueden separarnos de Cristo, por eso Romanos 8:35 dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” El pecado no puede separarnos del Cristo que nos amó y se entregó a sí mismo para salvarnos. Por lo cual no hay ninguna condenación a todos los que creyeron en Cristo Jesús. Antes esta declaración, algunos dirían: “Entonces podemos pecar más libremente, ya que no se pierde la salvación.”
Esta pregunta es igual que la pregunta que expuso Pablo en su carta: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?” (Ro.6:1) ¿Cuál fue la respuesta de Pablo ante esta pregunta? “¡En ninguna manera!” Los que aceptaron a Cristo fueron bautizados en Cristo, en su muerte y resurrección. Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Jesús, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Gálatas 2:20 dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Los que están en Cristo no pueden pecar libremente porque nuestra consciencia espiritual nos frena produciendo en nosotros sufrimiento espiritual y conflictos internos. Así que después de cometer pecados nos llega un gran dolor espiritual por nuestros malos hechos y por la obra del Espíritu Santo quien intercede por nosotros con gemidos indecibles y nos arrepentimos de nuestros pecados para volver a nuestro Padre celestial nuevamente. Si algunos no tienen este tipo de conflictos internos, deben revisar su condición espiritual, a lo mejor todavía no han aceptado a Cristo en su corazón como su salvador. ¿Quiénes son los que están en Cristo? Leamos el v1b. “los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” También el v4b dice: “que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Estar en Cristo quiere decir no andar conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Esta es la vida de los que están en Cristo. Sin embargo, siendo cristianos, ¿por qué nosotros cometemos pecados? ¿Por qué caemos repetidamente en el mismo pecado? Porque no estamos llenos del Espíritu Santo. Porque todavía nuestro ser pecaminoso vive entre nosotros. Porque todavía no hemos sido santificados.
La justificación ocurre en un momento, de inmediato, después de creer en Jesús, en cambio la santificación requiere luchas constantes contra nuestros pecados para agradar a Dios. En este sentido Hebreos 12:4 dice: “Porque aún no han resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado.” La palabra de Dios nos exige que debemos resistir contra el pecado hasta la sangre para nuestra santificación. En la conferencia de líderes recibimos la palabra Romanos 12:1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Es nuestro deber entregar nuestros cuerpos activamente en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Es nuestra vida adorar a nuestro Dios, pero muchos cristianos no hacen esta lucha espiritual de entregarse completamente al Señor, por eso el pecado se mete en sus vidas y los tienta a caer en fornicación, lujuria, mentiras, envidia, pleitos, idolatría, incredulidad, etc. Por lo cual los cristianos tienen que ofrecer sus cuerpos activamente para la gloria de Dios a través de la oración, el servicio, la predicación, etc.
Leamos otra vez el v1. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Es una declaración firme de nuestro Señor Jesús. Aunque uno sepa o no esta declaración espiritual, no seremos condenados si estamos en Cristo, pero si ya sabemos que no hay más condenación, podemos disfrutar a plenitud de la gracia de nuestro Señor Jesús. De lo contrario, su vida de fe va a ser muy triste y sufrida. Oro que todos nuestros hermanos reciban esta palabra de gracia para estar libre de condenación y llevar una vida alegre en Cristo Jesús. Amén.
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