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  ROMANOS 7:13-25

Versículo Clave: 7:24

"!!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?"

 

Un día vino un hermano y me dijo: “Pastor, tengo muchos conflictos internos. No sé qué tengo que hacer. Antes no los tenía, pero después de conocer a Jesús tengo demasiados conflictos. Yo pensaba que la vida de fe sería muy tranquila, pero no me ha sido tranquila. ¿Por qué? ¿No estoy llevando bien esta vida de fe?” ¿Ustedes no han sentido que la vida de fe es dura? He escuchado que decían algunos hermanos: “Me he sentido feliz durante todo el tiempo que tengo de conocer a Jesús.”

Yo admiro mucho a estos hermanos que se sienten siempre felices en su vida de fe, pero a la vez dudo de sus palabras pensando: “¿Será verdad?” Aunque un hermano esté profundamente en la gracia de nuestro Señor Jesús, es muy difícil que él se sienta feliz todo el tiempo. Seguramente algún momento él no se sentirá alegre, al contrario muy triste. Si ese hermano de verdad se siente feliz todo el tiempo, a lo mejor él no es normal, sino que él tendría algún problema psicológico. Indudablemente nuestra vida en Cristo es más feliz que la vida anterior, pero en Cristo tendremos muchos conflictos internos hasta sentirnos muy angustiados y tristes, porque no somos perfectos ante los ojos de Dios. Estos conflictos internos en Cristo es un proceso normal para todos los cristianos. Entonces, ¿no lo tendrán los grandes hombres de fe? En realidad ellos también tienen estos conflictos. ¿Han escuchado la historia de Elías? El era un gran guerrero espiritual que tenía mucha fe porque se enfrentó solo contra 450 profetas de Baal y tuvo una gran victoria. El manifestó el poder de Dios y volvió el corazón de su pueblo al Señor. Pero ¿qué le pasó cuando le llegó la noticia de que la reina mala de esa época lo iba a matar? El debió desafiar a esa reina y doblarla con el poder de Dios, pero él sentía gran miedo y corrió huyendo de ella. Luego él se sentía fracasado y le pedía a Dios que lo matara. Este hombre de fe se convirtió en un gran cobarde de repente y tuvo grandes conflictos internos.

¿Conocen a Martín Lutero quien hizo la Reforma cristiana? El era un hombre muy fuerte que se enfrentó solo contra la corrupción de la iglesia en esa época, pero él tampoco tenía fe siempre y un día le llegó una gran desesperación. El perdió la convicción de que podía servir a Dios. En ese momento su esposa apareció frente a él con un vestido de luto. Lutero le preguntó a su esposa: “¿Qué pasó? ¿Quién ha muerto?” Ella respondió: “Ha muerto Dios.” Al escuchar esa palabra Lutero se molestó y le dijo: “Dios es Todopoderoso y no puede morir. Él vive todavía y gobierna este universo.” Entonces, su esposa le respondió: “Tú tienes razón. Yo pensaba que Dios había muerto viéndote que estabas desesperado.” Lutero entendió que él había perdido fe su en Dios, se arrepintió de su incredulidad y se levantó por la fe de nuevo.

El apóstol Pablo es un gran siervo de Dios, pero él también se sintió frustrado en varias ocasiones. Cuando Pablo estaba en Corinto muchos se oponía contra su predicación. En ese momento le llegó la palabra del Señor diciendo: “No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno podrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.” (Hch.18:9,10) Esta historia nos muestra que Pablo estaba en miedo y desesperación aunque él era un apóstol que manifestaba mucho poder de Dios. Aun estos grandes hombres de fe también tuvieron conflictos internos, ¡cuánto más tendríamos nosotros a causa de nuestros pecados! El v14 dice: “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.”

Hay varias opiniones sobre quién es ese ‘yo’ que habla Pablo. Algunos dicen que se trata de él mismo, otros dicen que no. Ellos dicen que no es Pablo porque la palabra dice: “yo soy carnal.” Según 1Co.3:1 que dice: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo”, los carnales son niños en Cristo, es decir que son inmaduros espiritualmente. Pero Pablo era un apóstol y maduro espiritual y él no podía ser carnal, por lo cual no debía estar hablando sobre él mismo. Otros dicen que aun los apóstoles pueden fallar y perder su espiritualidad hasta ser carnales, por lo cual puede ser Pablo. Pero la palabra siguiente que dice: “vendido al pecado” nos confunde más porque según la enseñanza que hemos recibido, todos los cristianos hemos muerto al pecado y no podemos volver a pertenecer al pecado otra vez, pero ¿cómo se explicaría esta palabra ‘vendido al pecado’? Algunos dicen que esta confesión ‘yo soy carnal, vendido al pecado’ es la de un hombre natural que conoce a Jesús, pero los hombres naturales no pueden saber que son carnales porque no les ha llegado la iluminación espiritual a través del Espíritu Santo.

Ellos pueden tener algunos conflictos internos a causa de sus criterios morales, pero estos conflictos son distintos a los conflictos espirituales que los cristianos pueden tener. Cuando uno tiene un conflicto espiritual diciendo que es carnal, es porque ya el Espíritu Santo tocó su corazón mostrando su ser pecaminoso, así que un hombre natural no puede tener este tipo de confesión. Que este ‘yo’ sea Pablo o no, que sea un cristiano o un inconverso, lo que Pablo quiere enseñarnos en este pasaje bíblico es que todos nosotros tenemos conflictos internos a causa de nuestros pecados y esto es el proceso que debemos pasar para entender que vivimos por la fe y por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Según este pasaje bíblico, podemos saber que hay dos seres en nosotros: el ser que quiere hacer el bien y el ser que hace el mal. El ser que quiere hacer el bien es nuestro ser espiritual que está en Cristo y el ser que hace el mal es nuestro ser carnal donde mora el pecado. El ser espiritual es el hombre interior que se convirtió con el poder de Dios y el ser carnal es el hombre exterior que no se ha convertido todavía. El ser espiritual se deleita en la ley de Dios, pero el ser carnal se rebela contra la ley de Dios. Estos dos seres que están en nosotros se pelean siempre para llevarnos a la justicia o a la iniquidad. Si el ser espiritual gana, haremos las cosas que agradan a Dios, al contrario si el ser carnal gana, haremos las cosas que están contra la voluntad de Dios. Pero en esta palabra vemos que el ser carnal es tan poderoso que nos obliga hacer las cosas que no queremos hacer. El v15 dice: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.”

El ser carnal nos obliga hacer lo que aborrecemos, por eso no hacemos lo que queremos ni entendemos porque hacemos lo que no queremos. Tenemos un deseo de hacer el bien, pero a la vez tenemos otro deseo de hacer el mal, y finalmente terminamos haciendo el mal que no queremos hacer. Esta es la razón por la que tenemos conflictos internos. Hemos experimentados estos conflictos en nuestra vida cristiana. Seguramente algunos hermanos tuvieron grandes conflictos internos para venir a la iglesia hoy. El ser espiritual les dijo: “Hoy es domingo, tienes que ir a la iglesia para alabar a Dios. Tú necesitas alimentarte espiritualmente.” Pero el ser carnal le dijo: “No, tú estás muy cansado. Has trabajado durante seis días y tienes que descansar en tu casa acostado en la cama y viendo televisión. Hoy van a transmitir el juego de Grandes Ligas donde Johan Santana va a abrir y Francisco Rodríguez va a cerrar para la victoria. Además el clima no está bien, parece que va a llover. Si te mojas, puedes contagiarte de gripe porcina y es muy peligroso.” Y varios hermanos escuchan su ser carnal y no van a iglesia los domingos.

Hay hermanos que tienen fuertes conflictos internos porque su ser carnal los tienta con el deseo de divertirse en el mundo. Su ser espiritual le dice: “Ya tienes una nueva vida en Cristo y no puedes volver a esa vida pecaminosa.” Pero su ser carnal le dice: “Todavía tú eres muy joven para clavarte por la iglesia. Tú no te has divertido mucho y tienes que aprovechar ahora. También mira a estos chicos guapos y estas chicas bonitas. ¿No te divertías en las fiestas tomando y bailando? ¿Cuál es problema para tomar una botella de cerveza y quitar tu estrés bailando? Lo que pasa es que tu iglesia es demasiado estricta.” Entonces gana este ser carnal y nos lleva a la diversión pecaminosa hasta meternos al hoyo del pecado profundamente. Nuestros discípulos y líderes pueden tener conflictos para llevar una vida más cómoda sin misión. Su ser espiritual les dice: “Ya sabes que tu objetivo es Cristo. Entonces lleva una vida de misión negándote a ti mismo y tomando tus cruces.” Pero su ser carnal les dice: “Esta vida de misión es tan ocupada que no podrás tener tiempo libre para pasear con tu familia. La iglesia te va a pedir que vayas al interior o al exterior para explorar otras universidades, pero esto no te conviene. No debes tomar todas las cruces, sino solamente algunas que te gusten.” Entonces nosotros perderemos el deseo de servir a Dios y seremos pasivos en la obra de Dios. También cada día tenemos muchos conflictos internos a causa de diversos pecados. No queremos entrar en las discusiones, pero no podemos frenar nuestra lengua y finalmente discutimos grandemente con nuestros hermanos. No queremos hablar mentiras, pero nuestro ser carnal nos justifica diciendo: “Si no hablas mentiras ahora, vas a tener mayor problema y tienes que evitarlo.” No queremos caer en la lujuria, pero nuestro ser carnal nos hace navegar por internet para ver imágenes pornográficos, comprar revista la “Playboy” para verla escondidamente, meternos en un cuarto solos para hacer actos indebidos con la imaginación lujuriosa.

Así, vemos que hacemos lo que no queremos hacer. Aunque nuestro deseo está con Dios, nuestras acciones están con el pecado. Es una gran desesperación que tenemos todos los cristianos. Por eso muchos gritan como Pablo escribió: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” Pero ¿por qué tenemos estos conflictos internos? Primero, porque el pecado mora en nosotros. Miren el v17. “De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.” También veamos el v20. “Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.” En estos versículos ‘el primer yo’ es nuestro ser espiritual y ‘el segundo yo’ donde mora el pecado es nuestro ser carnal. Podemos saber que el pecado mora en nosotros. Muchos piensan que el pecado está fuera de nosotros e intenta de entrar en nosotros. Pero la verdad es que el pecado mora en nosotros. Cuando Adán desobedeció, el pecado entró en la humanidad y se quedó con nosotros. Este invasor no quiere salir de nosotros ni podemos sacarlo.

Nuestro cuerpo mortal es como una casa invadida. Es imposible sacar a los invasores que ya tienen más de 20 años viviendo en una casa, además tienen niños y niñas de menores de edad. A menos que esa casa se destruya el invasor no va a salir de allí. Esta es la realidad de nuestro cuerpo mortal, así que nosotros convivimos con el pecado. Por esta razón tenemos tantas tentaciones y conflictos internos. Si no tuviésemos pecado en nosotros, viviremos tranquilamente con el Señor. Pero el pecado mora en nosotros y tenemos conflictos internos. Pero este pecado no puede morar en nosotros siempre, sino que va a ser destruido. ¿Cuándo? Cuando se destruya nuestro cuerpo mortal y nos pongamos con el cuerpo celestial. Entonces, seremos libres del pecado perfectamente. Segundo, porque tenemos el deseo espiritual de agradar a Dios. El conflicto viene porque hay otro ser que se enfrenta.

La contraparte del pecado que mora en nosotros es el deseo espiritual de agradar a Dios. Si no tuviésemos este deseo, no tendremos conflictos espirituales como los hombres naturales. Por lo cual si tenemos conflictos, esto es porque queremos agradar a Dios. Porque queremos santificarnos para tener la imagen de Cristo, tenemos conflictos internos contra nuestros deseos carnales. Por lo cual los conflictos espirituales son la manifestación de que tenemos el deseo de glorificar a Dios. Los más sensibles espiritualmente tienen más conflictos internos. Si algunos hermanos no tienen estos conflictos internos por sus pecados, tienen que chequear su vida seriamente, porque a lo mejor no tienen mucho deseo de imitar a Jesús. Los hermanos que tienen muchos conflictos espirituales no deben decepcionarse por sus pecados, sino que deben esforzarse para vencer el deseo pecaminoso.

Es necesario tener estos conflictos internos para que lleguemos a la santificación de nuestro ser. Leamos el v24. “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” ¿Puedes sentir este dolor por el pecado? En esa época uno de los más grandes castigos era atar un criminal vivo con un cadáver y dejarlos juntos hasta que ese criminal muriera. Las bacterias del cadáver se pasaban al criminal hasta matarlo. Este castigo duraba casi dos meses y era un gran sufrimiento para el que estaba vivo. Pablo escribió esta palabra imaginando este castigo, así que uno grita: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Estos días muchos cristianos no tienen este dolor porque no les enseñan la gravedad del pecado. Ellos oyen solamente los mensajes sobre bendición y felicidad. Pero, ¿podremos imaginar que venga la felicidad sin tener arrepentimiento de sus pecados? ¡Cómo uno podrá esperar recibir la bendición de Dios si ni siquiera sabe que es un pecador! ¡Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Ahora tenemos una solución. ¿Quién es? ¡Nuestro Señor Jesucristo! Leamos el v25a. “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” En Jesucristo podemos ser libres de este pecado por su gracia. ¡Alabemos a Jesús quien nos libra de este cuerpo de muerte! Amén.

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