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  ROMANOS 7:1-12

Versículo Clave: 7:4

"Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios."

 

Estos días muchas parejas viven juntas sin casarse legalmente. ¿Saben cuál es su razón principal? Porque no quieren tomar ninguna responsabilidad ni compromiso en su relación de pareja y quieren separarse fácilmente cuando quieran. Por eso las mujeres deben tener mucho cuidado con los hombres guapos que viven solos que tengan más de 35 años de edad porque la mayoría de ellos estarían llevando una vida sin compromiso. Imagino que muchas mujeres también prefieren vivir con sus novios sin casarse para separarse fácilmente cuando se cansen de ellos. Pero este tipo de vida no es la voluntad de Dios ni le agrada a Él, porque Dios formó el matrimonio para que cada pareja viva feliz cumpliendo con sus deberes conyugales. Le doy muchas gracias a Dios porque en nuestra iglesia los hermanos y las hermanas tienen mucho deseo de casarse y de asumir su compromiso matrimonial. Estoy seguro de que si ustedes se casan en Dios, podrán vivir muy felices. Hay algunas normas de Dios para formar el matrimonio, una de las cuales es no casarse con los incrédulos. 2Co.6:14 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos.” Algunos hermanos y hermanas dicen: “Dios salvará a mi esposo(a) por mí.” Pero 1Co.7:16 dice: “¿Qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salvo a tu mujer?” Es posible que Dios haga su obra de salvación en el marido a través de su mujer. Mi hermano era incrédulo, pero se casó con una cristiana y luego se convirtió al cristianismo por su esposa. Los casados y las casadas con incrédulos, oren por la fe y actúen como buenos cristianos para que sus esposos y esposas que no conocen al Señor vean su vida de fe y se conmuevan hasta acepar a Cristo como su Salvador. Pero si tú eres soltero o soltera, obedece a la palabra de Dios para no unirte en yugo desigual con los incrédulos, entonces tu vida será muy feliz en Cristo. Había una cristiana que era muy fiel en la iglesia, pero un día ella se enamoró de un hombre incrédulo, porque él era muy guapo, amable y rico. El era un hombre ideal para ella, la única cosa que le faltaba era que no conocía a Dios. Ella se casó con él pensando que él también aceptaría a Jesús pronto y viviría feliz con él para siempre. Pero a él no le gustó que ella fuese a la iglesia los domingos porque entonces tenía que quedarse solo. También ella tenía varias actividades en la iglesia algunos días de la semana, por eso cuando él regresaba de su trabajo, no había nadie en su casa. El se sentía molesto y salía a la calle para pasarla con sus amigos y beber en bares. Allí conocía a algunas chicas y estaba con ellas hasta llegar a su casa muy tarde de la noche. Un día ella se molestó y le preguntó a su esposo por qué regresaba tarde a casa, entonces él le gritó y le pegó, luego se fue de su casa. Ella se sentía muy triste y se arrepintió de haberse casado con él, pero no podía terminar su matrimonio, porque ella siendo cristiana no podía divorciarse. Los cristianos casados deben mantener su matrimonio a pesar de todas sus dificultades conyugales a menos que su pareja cometa adulterio y su esposo incrédulo o esposa incrédula pida el divorcio. Entonces ella tuvo que soportar todos sus sufrimientos pidiéndole ayuda a Dios en toda su vida. Es una historia muy triste. Por eso le pido a Dios que ayude a nuestros hermanos y hermanas casados que están viviendo con quiénes aún no conocen a Cristo, a vivir por la fe y servir a sus esposo(a)s con el amor de Cristo hasta que ellos lo acepten como su salvador, tal como en 1Co.7:12-14 que dice: “Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no la abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido.” También le pido a Dios que ayude a nuestros hermanos y hermanas solteras a casarse por la fe con creyentes. ¿Cómo esa mujer cristiana podrá ser libre de ese matrimonio infeliz? Leamos el v2. “Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.” La única forma de que ella fuese libre de ese hombre malo es que él muera. Es impresionante saber que hay muchas mujeres que están esperando que mueran sus esposos para casarse con otros hombres. Busqué por internet a través de la palabra ‘matar a tu esposo’ y salieron muchas estrategias que tienen las esposas. Pero, si no funcionan estas estrategias y su esposo mantiene su buena salud, ¡cuánto se desesperaría la esposa! En esta analogía del matrimonio del v2, la mujer es la humanidad y el marido es la ley. Los humanos nacen casados con la ley, porque al nacer están bajo la ley, lo cual quiere decir que están condenados por la ley desde su nacimiento a causa de sus pecados. Entonces la única solución de salir de este matrimonio con la ley es la muerte. Pero ¿puede morir la ley? ¡No! La ley no se puede morir porque Jesús dijo: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” (Mt.5:18) Jesús no vino para abrogar la ley, sino para cumplirla. Como el v12 dice: “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”. La ley es de Dios, santa, justa y buena, y no puede desaparecer, al contrario se va a cumplir mientras que este mundo se continúe. Entonces, si la ley no muere, ¿quién tiene que morir para que se termine este matrimonio con la ley? ¡Nosotros! Pero, si morimos, ¿cómo podremos casarnos de nuevo? Si morimos sin volver a vivir, nuestra vida sería muy miserable por el yugo del matrimonio con la ley. Pero, en Cristo ¡volveremos a vivir! Miren el v4. “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.” Como hemos aprendido en las lecturas pasadas nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo. Anteriormente Pablo declaró que hemos muerto al pecado y en este versículo él declara que hemos muerto a la ley. ¿Por qué? Porque Cristo murió por el cumplimiento de toda las leyes y nos liberó de la esclavitud de la ley. Por lo cual como Cristo murió a la ley, nosotros también hemos muerto a la ley. De esta forma nos liberamos del matrimonio con la ley. Pero nuestra vida no termina con la muerte, sino que resucitamos juntamente con Cristo. ¿Para qué? Para que seamos del que resucitó de los muertos. ¿Quién es? ¡Cristo Jesús! Es decir que después de vivir otra vez, nos casamos de nuevo con Cristo. Ahora nuestro marido no es la ley, sino Cristo, quien representa la gracia. De esta forma se explica 6:14 dice: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” Leamos el v3. “Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera.” La ley, nuestro marido pasado, no ha muerto, pero nosotros hemos muerto a la ley y vivimos otra vez para Cristo, por lo cual no necesitamos vivir bajo la ley, sino bajo la gracia. Desde entonces la ley no se puede enseñorear de nosotros ni puede condenarnos más. Ya no viviremos para cumplir la ley obligados, sino para agradecer a Cristo quien nos liberó de la ley. ¿Cómo tienen que actuar las casadas en su segundo matrimonio? ¿Recordando su marido muerto y siguiendo las costumbres pasadas? ¡No! Es una falta de respeto a su nuevo marido. Ellas tienen que olvidar todo sobre su matrimonio anterior y adaptarse con su nuevo matrimonio. Las casadas con Cristo tienen que desechar sus costumbres pasadas basadas en la ley, ya que no viviremos más a causa del cumplimiento de la ley, sino por la gracia que recibimos en el sacrificio de Cristo Jesús. Amén. ¿Cuál es el propósito de este nuevo matrimonio en la gracia? El v4b dice: “a fin de que llevemos fruto para Dios.” Este nuevo matrimonio con Cristo tiene un propósito claro, lo cual es llevar frutos espirituales para Dios. Cuando estábamos casados con la ley, las pasiones pecaminosas obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, así que debemos servir bajo el régimen nuevo del Espíritu, no bajo el régimen viejo de la letra, es decir que debemos servir a Dios guiados por el Espíritu Santo, no por la ley que nos obliga. ¿Estás llevando tu vida de fe guiado por el Espíritu Santo u obligado por la ley? Si estás sirviendo obligado por la ley, no estás siendo fiel con Cristo, ni puedes llevar frutos por la obra del Espíritu Santo. En cambio si estás sirviendo guiado por el Espíritu Santo podrás llevar muchos frutos espirituales. Amén. Entonces, algunos pueden preguntar: “¿La ley es pecado?” ¿Qué responde Pablo ante esta pregunta? Leamos el v7b. “En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.” Como dice el v12, la ley es santa justa y buena, la cual no puede ser pecado. Pero hay una relación muy importante entre la ley y el pecado. Pablo dice que no conocía el pecado sino por la ley. Esta palabra quiere decir que la ley le abrió sus ojos al pecado. El no sabía qué era la codicia hasta que conociera la ley que decía: “No codiciarás.” Antes no sabíamos que mirar a una mujer para codiciarla era pecado, por eso cuando pasaban las mujeres silbábamos mirándolas para codiciarlas. Pero cuando estudiamos la palabra de Dios que dice: “Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt.5:28), nos dimos cuenta de que esto era pecado. Seguramente Pablo había leído el décimo mandamiento ‘no codiciarás’ porque él era un fariseo, pero él no entendía su significado verdaderamente, por eso él pensaba que era justo por haber cumplido externamente los mandamientos, pero un día este décimo mandamiento le tocó y lo hizo meditar profundamente en él, y se dio cuenta de que había mucha codicia en su corazón. ¿Qué le pasó cuando él conoció ese pecado por la ley? ¿Pudo luchar contra el pecado y superarlo? ¡No! Al contrario. El pecado, tomando ocasión por mandamiento, produjo en él toda codicia. ‘Tomar ocasión por el mandamiento’ quiere decir ‘usando el mandamiento como palanca’. La palanca es una barra que se usa para transmitir la fuerza. Con una palanca podemos mover fácilmente una roca grande. El pecado usa el mandamiento como una palanca para movernos fácilmente a cometer pecado. Al conocer el mandamiento ‘no codiciarás’, tomamos decisión de no ver pornografía, pero mientras que tomamos más firmemente esta decisión en nuestro corazón se produce más codicia y finalmente nos rendimos para codiciar. Es como un pantano, mientras que nos movemos más para salir de él, nos hundimos más profundamente. Así que Pablo dice: “Yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte. Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.” Esta es la realidad miserable de los humanos que están en el pecado y la ley. Pero es importante reconocer esta realidad humana, porque sin reconocer sus pecados tampoco pueden acercarse a la gracia de Jesús. Como no podemos resucitarnos antes de morir, no podemos revivir por la gracia de Jesús sin morir por el pecado. Por lo cual la ley nos ayuda a reconocer nuestra debilidad espiritual para que busquemos la gracia de nuestro Señor Jesús. Le doy muchas gracias a Dios por habernos guiado a la gracia para que llevemos frutos espirituales para Dios. Amén.

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