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  ROMANOS 5:5b-11

Versículo Clave: 5:8

"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros."

 

Antes de comenzar el mensaje les quiero mostrar un video (…) ¿Cómo les pareció? Las personas que estaban en el tren se sentían solas, estaban disgustadas, eran egoístas, sufrían, y había muchas que eran adictas. El operador del puente tomó la decisión de sacrificar a su hijo amado para salvarlos a ellos. Sin embargo, la mayoría de las personas que estaban en ese tren no sabían lo que había sucedido y continuaron su vida sin darse cuenta de que alguien tuvo que morir para salvarlos. Cuando éramos pecadores, Dios tuvo que enviar a su Hijo amado y unigénito para darnos la vida eterna. Pero muchos de nosotros vivimos sin pensar en este amor sacrificial que Dios nos ha manifestado.

Estamos estudiando sobre los resultados de ser justificados por la fe. Los versículos 1 y 2 del capítulo 5 nos dicen que por ser justificados por fe tenemos paz para con Dios, tenemos entrada por la fe a la gracia de Dios, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Además nos gloriamos en las tribulaciones porque sabemos que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza. ¿Por qué? Leamos el v5b. “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Pablo usó la palabra ‘derramado’ porque el amor de Dios nos ha sido dado abundantemente. Estos días hace mucho calor. En la noche yo no podía dormir por el calor. Muchos esperan que caiga un “palo de agua”. Entonces, nos sentiremos refrescados. Cuando una lluvia muy fuerte cae del cielo decimos que ha sido “derramada”. Es diferente a unas pocas gotas de agua que no hacen nada para quitar el calor. El amor de Dios nos ha sido dado abundantemente como la lluvia fresca que quita todo calor de nuestra vida. Este amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Cuando creímos en Jesús como nuestro Salvador, el Espíritu Santo nos fue dado, es decir que todos los que creyeron en Jesús como su Salvador han recibido el Espíritu Santo en su corazón y el Espíritu Santo mora en ellos. ¿Qué hace el Espíritu Santo en nosotros? El derrama el amor de Dios en nuestros corazones constantemente. El nos hace reconocer el gran amor de Dios para nosotros y sentirlo constantemente. Si llevamos nuestra vida de fe con la presencia del Espíritu Santo, podemos estar llenos del amor que Dios tiene nosotros. Por eso es importante que todos los días en la mañana pidamos al Espíritu Santo que nos derrame el gran amor de Dios para vivamos llenos de este amor.

Pero, ¿por qué es tan importante recibir el gran amor de Dios constantemente en nuestros corazones? Porque el amor de Dios es la esencia de nuestra vida de fe. Porque el amor de Dios es el don más precioso que podemos recibir de Dios. Porque el amor de Dios es lo que nos mantiene para llevar la vida de fe a pesar de todas las tribulaciones que recibimos siguiendo a Jesús. Policarpo (69-155 d.C.) era obispo de la iglesia en Esmirna. En esa época los romanos perseguían a los cristianos y le pidieron a Policarpo que negara a Jesús. Pero él respondió: “Desde hace 86 años lo sirvo y nunca me ha negado, ¿cómo podría negar a mi Rey que me ha redimido?” Entonces le amenazaron diciendo: “Te puedo hacer quemar vivo.” Policarpo respondió: “El fuego con que me amenazas quema por un momento, después pasa; yo en cambio temo el fuego eterno de la condenación.” ¿Cómo él pudo vencer en medio de la tribulación? Porque él había recibido el gran amor de Dios y tenía confianza en que Dios quien le amó le iba llevar al reino de Dios. En mi vida de fe hubo varios momentos de pruebas que me hacían pensar en dejar el camino de la fe. Pero en esos momentos lo que me sostenía para continuar sirviendo a Jesús fue el gran amor de Dios que había sido derramado en mi corazón. Al comenzar a seguir a Jesús, recibí mucha persecución de mi familia y estaba a punto de salir de la iglesia. Pero en ese momento el Espíritu Santo me ayudó a recordar el gran amor de Dios que yo había recibido y le dije al Señor: “Dios, ¿cómo yo podré negar tu gran amor? Seguiré este camino de servirte.” Apóstol Pablo dijo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? … Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” (Ro.8:35,37) Por lo cual, debemos recordar siempre cuán grande amor Dios ha derramado en nuestros corazones. ¿Recuerdas cuál es el gran amor que Dios ha derramado en tu corazón por el Espíritu Santo?

Los vs.6-8 hablan de este gran amor de Dios para nosotros. El apóstol Pablo recordó una vez más a los lectores el gran amor de Dios para los pecadores. Leamos el v6. “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.” ¿Cómo se manifestó el gran amor de Dios? El amor de Dios para nosotros no fue superficial. Hay personas que hablan mucho del amor, pero nunca lo practican. Nuestras hermanas jamás deben confiar en los hombres, que no son sus esposos, y que les dicen: “Te amo con todo mi corazón, tú eres la única mujer de mi vida,” porque estos hombres le dirán a otras mujeres las mismas palabras. Hay esposos que les dicen a sus esposas: “Te amo más que a mi vida”, pero nunca ayudan a sus esposas a fregar, botar la basura, ir al mercado, etc., por eso las mujeres se molestan con sus esposos. Algunas esposas les dicen a sus esposos: “Tú eres el amor de mi vida”, pero nunca le preparan una cena y siempre les reclaman a sus esposos por no ganar mucho dinero, por eso sus esposos sienten que sus esposas no los ama. El amor no es solo hablar, sino también actuar. El amor sin acción es un amor muerto. Un predicador encontró a un campesino que estaba trabajando duro para cosechar. Iba a llover, por eso el campesino estaba muy apurado. El predicador se le acercó y le dijo: “Dios es amor, por eso envió Jesús para salvarte.” Pero el campesino no le respondió nada, sino que seguía trabajando. El predicar dijo otra vez: “Jesús te ama, si crees en él, serás salvo.” Pero el campesino se concentraba más en su trabajo. El predicador se molestó y le dijo: “Si no aceptas el amor de Dios, serás juzgado.” Entonces, el campesino le dijo: “Sí, está bien. Pero tú, estando media hora conmigo, no me has ayudado en nada, sino sólo me fastidias. Entiendo lo que me dices, pero no siento el amor de Dios a través de ti.”  

Pero, ¿cómo se manifestó el amor de Dios para nosotros? Dios nos envió a su Hijo unigénito para que muriera por nuestros pecados. El amor de Dios se manifestó concretamente a través del sacrificio de su hijo. El amor de Dios se mostró claramente por la muerte de Jesús en la cruz para perdonar todos nuestros pecados. Para entender este gran amor de Dios debemos entender bien cómo éramos nosotros. ¿Qué dice el v6 sobre nuestra condición? ‘Cuando aún éramos débiles.’ ¿Qué quiere decir ‘cuando éramos débiles’? No estamos hablando de la debilidad física, sino espiritual. La debilidad espiritual implica una condición totalmente incapaz y corrupta espiritualmente. Por eso los débiles espirituales no entienden nada de la verdad espiritual. Aunque leen la palabra de Dios, no entienden de qué está hablando. Menos tienen fuerza para obedecerla. También los débiles espirituales no tienen ninguna capacidad de glorificar a Dios ni tienen deseo de vivir para la gloria de Dios. ¿Cómo éramos antes de reconocer a Jesús como nuestro Salvador? ¿Teníamos deseo de glorificar a Dios? ¿Entendíamos que Jesús es el camino, la verdad y la vida? Nuestro deseo era totalmente carnal y egocéntrico. Éramos ignorantes espirituales sin saber que Jesús es el Hijo de Dios. También el v6 dice que éramos impíos. Los impíos son los que perdieron la imagen de Dios. Dios nos hizo conforme a su imagen y semejanza. ¿Cuáles son las características de la imagen de Dios? Nuestro Dios es amor, misericordioso, santo, justo, fiel, paciente, humilde, todopoderoso, sabio, etc. Pero, ¿cómo éramos nosotros? Éramos rencorosos, odiosos, sucios, mentirosos, infieles, impacientes, orgullosos, débiles, necios, etc. El v10a dice que éramos enemigos de Dios. Nosotros no sólo negábamos a Jesús, sino también lo criticábamos. Por nuestra condición de pecado, vivíamos contra voluntad de Dios. Es muy importante reconocer nuestra condición antes de conocer a Jesús. Sino no, no podremos entender cuán grande amor Dios nos ha manifestado a través de su Hijo quien murió por nosotros.

La palabra dice que Cristo a su tiempo murió por los impíos. ‘A su tiempo’ quiere decir ‘en el tiempo adecuado’, es el tiempo cuando éramos peores y estábamos totalmente desesperados. Cuando éramos débiles, impíos y enemigos, Cristo murió por nosotros. Esta muerte de Jesús es muy maravillosa. Los vs.7 y 8 nos explican por qué. Leamos el v7. “Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.” El justo en el mundo es el que cumple con las normas. A la gente que cumple con todas las leyes, por ejemplo, no cruzar la calle con la luz en rojo, pagar todos los tipos de impuestos, no botar basura en la calle, etc., llaman que son justos. Dicen que ellos pueden vivir correctamente aunque no haya leyes. ¿Hay algún justo entre nosotros? Pero, ¿quién estará dispuesto a morir por ellos? El bueno en el mundo es el que no sólo cumple con las normas sino también hace más de lo que son sus deberes. Los que no botan la basura en la calle, sino que además limpian la calle de sus vecinos, éstos son buenos. Cuando les piden un préstamo, y más bien regalan el dinero, esos son buenos. Cuando uno está enfermo, los que nos ayudan pagando todo el gasto de hospitalización, son buenos. No hay muchos buenos en el mundo. Es posible que algunos estén dispuestos a morir por los buenos.

Vi en una película que un miembro de una mafia decía: “Jefe, estoy dispuesto a morir por ti porque tú pagaste mucho dinero para sacarme de la cárcel.” Su jefe era malo entre la sociedad, pero era bueno para él, por eso él estaba dispuesto a morir para él. Pero, ¿quién está dispuesto a morir para su enemigo? ¿Quién podrá morir por un asesino o ladrón? ¿Qué pensamos cuando vemos a los violadores y asesinos que mataron a una familia completa? Pensamos que Dios tiene que hacer su justifica para condenar a los malos de inmediato. ¿Qué pensamos viendo a las personas que nos molestan? Pensamos, “¿por qué un carro no lo atropella hoy para que desaparezca?” Sin embargo, ¿qué dice la palabra? Leamos el v8. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” ¿Cómo éramos cuando Cristo murió por nosotros? ‘en que siendo aún pecadores’. Éramos pecadores. Como les he dicho, cuando aún éramos débiles, impíos, pecadores y enemigos, Cristo murió por nosotros. Esta es la manifestación del amor de Dios para nosotros. Dios sacrificó a su Hijo amado por amor a nosotros. Si él no tuviese amor a nosotros, no lo haría. Su amor a nosotros era tan grande que él no negó darnos a su Hijo unigénito para nosotros. ¡No hay mayor manifestación del amor de Dios para nosotros! Entonces, este Dios quien nos dio lo mejor para nosotros, ¿nos es capaz de darnos muchas más cosas? Por lo cual, no debemos dudar del amor de Dios para nosotros.

La palabra ‘mostrar’ en este versículo es en otras versiones ‘demostrar’, es decir que Dios ya declaró o probó su amor para con nosotros. Es una confirmación definitiva de su amor para nosotros. ¿Tienes esta confianza en que Dios te ama e hizo morir a su Hijo amado para ti?

Entonces, nos está garantizada la salvación y el crecimiento en la fe. Miren el v9. “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” Cuando éramos débiles e impíos fuimos justificados, entonces ahora estando ya justificados en su sangre, mucho más seremos perdonados de nuestros pecados por Jesucristo. Miren el v10. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” Cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios, entonces estando reconciliados, mucho más seremos santificados por Jesús. Así que por ser justificados por la fe tenemos esta bendición de ser perdonados y santificados, mucho más que antes de conocer a Jesús. Todo esto es por el gran amor de Dios que nos manifestó a través de la muerte de su Hijo en la cruz. ¡Alabo a nuestro Dios quien nos amó tanto que nos ha enviado a su Hijo unigénito para perdonar todos nuestros pecados y darnos la vida eterna! Amén.

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