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  ROMANOS 5:1,2

Versículo Clave: 5:1

"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo."

 

Ayer pudimos definir el título de la Convivencia de Verano 2009. ¿Cuál es?: “Tu objetivo: Cristo” También tenemos slogan, ¿cuál es?: “¡Enfoca tu mira en él!” Discutimos durante casi 2 horas para tener este título y slogan, y estamos convencidos de que el Espíritu Santo va a trabajar para hacer su obra de salvación en nuestra Convivencia de Verano 2009. Pronto vamos a tener el concurso para seleccionar los mensajeros de las lecturas principales. Además nuestros nuevos discípulos tienen que preparar su testimonio de vida; primero escribir más de 50 páginas y luego resumirlo para compartirlo en la convivencia. Más que todo invitar a nuestras ovejas a la convivencia es la tarea más importante para nuestros miembros. Oro que podamos mostrar la dirección espiritual a los que viven sin sentido en esta Convivencia de Verano 2009. También ayer tuvimos el bautismo de nuestros nuevos discípulos. Alquilamos una piscina en un club de Ocumare del Tuy. Allí nuestros hermanos y hermanas confirmaron públicamente su fe en nuestro Señor Jesucristo y tomaron la decisión de llevar una nueva vida: morir al pecado y vivir para Dios. Luego la hermana Doris nos sirvió delicioso almuerzo. Oro que Dios los fortalezca cada día para seguir el camino del Señor por la fe, hasta que venga nuestro Señor Jesús. Amén.

Hoy vamos a comenzar con el capítulo 5 de Romanos, que es una nueva fase de esta epístola de Pablo. El capítulo 5 comienza diciendo: “Justificados, pues, por la fe.” Esta frase ocupa una gran importancia en este libro Romanos, porque es la conclusión de los capítulos 1-4 y la premisa de los capítulos 5-8. Desde 1:18 hasta el capítulo 4, el apóstol desarrolló su enseñanza enfocada en un tema esencial: “Ser justificado por la fe.” Para esto él habló de la grave condición de los humanos por sus pecados, mencionando el pecado de los gentiles, el de los judíos y el de los maestros bíblicos. Su conclusión fue: “No hay justo, ni aun uno”, y todos estamos bajo la condenación por el justo juicio de Dios. Pero aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, quien es nuestro Señor Jesús, quién murió en la cruz por nuestros pecados como sacrificio para la reconciliación con Dios por medio de la fe en su sangre preciosa. Entonces tenemos solo un camino para ser justificados de nuestros pecados, el cual es creer en Jesús como nuestro Salvador y seremos salvos por la gracia del Señor.

Abraham y David también fueron justificados por la fe, no por las obras. En los versículos 1-11 del capítulo 5, el apóstol Pablo quiere hablar de los resultados de ser justificados por la fe y desde 5:12 hasta el capítulo 8 él desarrolla el tema de “Santificación” de los que son justificados por la fe. Hoy vamos a estudiar los versículos 1 y 2 del capítulo 5, los cuales hablan de las bendiciones que recibimos por ser justificados por la fe. Antes de hablar de este tema tan importante, les tengo una pregunta: “¿Están justificados por la fe?” Las bendiciones espirituales que les voy a hablar hoy llegarán solamente a los justificados por la fe, por lo cual si hay algunos hermanos que todavía no están justificados por la fe, lo primero que tiene que hacer es creer en Jesús quien murió por nuestros pecados y aceptarlo como su Salvador. Analizando los vs.1 y 2, podemos sacar las 3 bendiciones principales de los justificados por la fe.

La primera bendición: tenemos paz para con Dios. Leamos el v1: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Cuando fui a Chicago y Los Ángeles, EEUU, muchos norteamericanos me decían que Venezuela estaba contra los EEUU. Ellos pensaban que los venezolanos odiaban a los “gringos”. Yo tuve que explicarles que los venezolanos no estaban contra los estadounidenses, al contrario muchos de este país viajaban a Norte América y el comercio entre ambos países había crecido más. Les comentaba que el gobierno de Bush no reconocía al gobierno de Chávez, por eso estos dos gobiernos eran como enemigos, pero por el cambio del gobierno estadounidense, se reconciliaría el gobierno de Chávez con el gobierno de Obama. Esta fue mi expectativa viendo que el nuevo presidente del Norte América, Obama tenía diferente personalidad comparado con el anterior. Hace dos semanas en la Cumbre de las Américas, ellos dos se reunieron y extendieron sus manos uno al otro. El presidente Chávez dijo en inglés: “I want to be your friend.” La Casa Blanca defendió el acercamiento de Obama a Chávez diciendo que los EEUU debe cambiar su política en las relaciones que tiene con Venezuela. Ambos gobiernos se están preparando para la recuperación de sus relaciones diplomáticas. Yo podría decir: “Ahora Chávez tiene paz para con Obama.” Tener paz con alguien quiere decir reconciliarse con él.

La palabra dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”, lo cual implica que no teníamos paz con Dios antes de ser justificados por la fe, es decir, que éramos enemigos de Dios. Ser enemigo de alguien es algo grave, tu vida puede estar en riesgo, pero ser enemigo de Dios es mucho más grave, hasta te llevaría a la condenación eterna. El apóstol Pablo expresó bien nuestra relación con Dios antes de ser justificados por la fe, diciendo: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.” (Ro.1:18) Estábamos bajo la ira de Dios por no tener paz con Dios. Estábamos a punto de ser condenados para siempre. Pero por ser justificados por la fe por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien es el sacrificio de reconciliación con Dios, ahora tenemos paz para con Dios. Es una afirmación definitiva de nuestra condición actual con Dios. Debemos entender bien que Pablo no está diciendo que vamos a tener paz con Dios, sino ya tenemos paz con Dios, es decir, que nuestra relación con Dios se restauró completamente. Muchos se confunden al interpretar este versículo diciendo que tenemos paz en Dios por ser justificados por la fe. Pero en este momento apóstol Pablo no está hablando de la paz en Dios, sino la paz para con Dios. Podemos conseguir la paz en Dios solamente cuando tenemos paz para con Dios. Si tú no tienes paz con Dios, ¿cómo podrás tener la paz en Dios? Si un hermano que todavía no ha sido justificado por la fe dice que él tiene paz en su corazón, él no está hablando de la paz que viene de Dios, sino de la tranquilidad que puede procurarse con sus propias fuerzas o pensamiento. Podemos clasificar esta paz sin Dios como una paz momentánea e inestable, porque ella se puede desaparecer ante una pequeña tribulación. La paz que viene de Dios es eterna y firme, es decir que no desaparece aunque tú enfrentas grandes tribulaciones en tu vida.

La gente quiere tener paz en su corazón, por eso hace muchas cosas como escuchar música relajante, leer libros, ver telenovelas, ir a una cabaña en Mérida, ir a una playa tranquila para sentarse en una silla leyendo un libro y escuchando música, etc. Pero de esta manera jamás podrán conseguir la paz verdadera que viene de Dios. Para conseguir paz en Dios, debemos tener paz para con Dios, es decir, que debemos reconciliarnos con Dios primeramente a través de nuestro Señor Jesucristo. Esta es la prioridad ante todas las cosas. Hay hermanos que piden muchas bendiciones a Dios sin tener paz con él. Dios es la fuente de la bendición que ellos quieren recibir, entonces ¿cómo podrán recibirlas sin tener paz con él? Es un engaño decir a los hermanos: “Dios te dará salud y prosperidad” sin decirles que ellos tienen que arrepentirse de sus pecados y recuperar su relación con Dios. Pero ¡cuántas veces hemos escuchado este tipo de engaño! Si tú quieres recibir las bendiciones de Dios, tienes que reconciliarte primero para tener paz con él por medio de creer en Jesús como tu Salvador personal.

Este versículo se interpreta también “disfrutemos de la paz con Dios.” Indudablemente tenemos paz con Dios si fuimos justificados por la fe, pero muchos de nosotros no disfrutamos de la paz con Dios aunque la tenemos. Si te reconciliaste con tu hermano, tienes que disfrutar de esa paz que tienes con él. Si salen juntos para comer, pasear, y jugar, ellos están disfrutando de la paz que tienen. Pero si después de reconciliarse, nunca se encuentran, ya no están disfrutando de esa paz. Ya tú tienes paz con Dios, entonces tienes que disfrutar de esa paz. Pero ¿cómo? Tienes que estrechar tu relación con Dios. Tienes que encontrarlo frecuentemente a través de la oración y la palabra de Dios. Debes tener tiempo personal con él para conversar profundamente con él. Tienes que saber cuál es su voluntad y obedecerla para que él se sienta contento contigo. Tienes que confiar en él porque él es Todopoderoso y pedirle su ayuda en todas tus dificultades. Jamás tienes que quejarte de él porque la queja es manifestación de tu desconfianza, al contrario, tienes que darle gracias en todo porque esta es la voluntad de Dios para ti. Si tu relación con Dios es muy profunda, vas a tener su paz profundamente y no vas a turbarte en cualquiera situación de angustia. Jesús durmió tranquilamente en el barco en medio de la tempestad, porque su relación con Dios era muy profunda. Chequea tu corazón ¿por qué no estás disfrutando de la paz con Dios? Dios tiene sus brazos abiertos para que tengas paz con él y lleves una vida de disfrutar de esta paz. Amén.

La segunda bendición: tenemos entrada a la gracia. Miren el v2a. “por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes.” Sabemos que la gracia es el don gratuito que Dios les ofrece a los que no se lo merecen. La palabra dice que estamos firmes en la gracia, es decir, que ya hemos entrado en la gracia. Nosotros creímos en Jesús y fuimos justificados gratuitamente, recibimos la salvación por la gracia de Jesús, por lo cual todos los justificados por la fe han recibido la gracia de salvación de Jesús, por eso estamos firmes en esa gracia. Debemos entender que ya estamos en el mundo de la gracia de Jesús. Entonces, ¿qué quiere decir ‘tenemos entrada por la fe a esta gracia’? Esto quiere decir que para nosotros está abierta la puerta de entrar más profundamente en el mundo de la gracia de Jesús. Muchos esperan recibir bendiciones de este mundo como dinero, salud, éxito, etc., pero la bendición que debemos esperar ardientemente es entrar en el mundo de la gracia de Jesús. Si entramos en este mundo de la gracia profundamente, podemos estar más firmes en Jesucristo. Por la gracia de Jesús podemos ser fuertes espiritualmente. La gracia es la fuerza que nos levanta de la desesperación y de la autocondenación. La gracia nos hace ser más humildes ante Dios y recibir muchas otras bendiciones que vienen de Él. Los que viven en la gracia no se enorgullecen ni se condenan a sí mismo. La gracia nos hace crecer espiritualmente sirviendo fieles a la obra de Dios. Este mundo de la gracia es profundo, por eso debemos entrar más en él. Sin embargo, muchos se olvidan de la gracia de Jesús aunque fueron salvos por su gracia. Un padre tenía dos hijos. El menor le pidió a su padre una parte de sus bienes y se fue de la casa gastando todo su dinero. Luego regresó a su casa como un mendigo. El padre le abrió un banquete para celebrar el regreso de su hijo perdido. Pero el hijo mayor se molestó y reclamó a su padre diciendo: “¿Cómo es posible hacer una fiesta para tu hijo que malgastó tus bienes con las rameras?” Este hijo mayor se había olvidado de la gracia y estaba viviendo por la ley. En cambio, el padre que recibió a su hijo menor vivía en el mundo de la gracia. Ya fuimos salvos por gracia y tenemos la invitación para entrar más profundamente al mundo de la gracia. Vamos entrar en el profundo mundo de la gracia y disfrutemos de esta bendición de Dios. Amén.   

La tercera bendición: nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Miren el v2b. “nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” Este versículo nos muestra que nuestra alegría y esperanza están en la gloria de Dios. La gloria de Dios es la presencia de Dios. Estar con Dios es nuestra esperanza y nos gloriamos en él. Antes teníamos falsas esperanzas y éramos engañados por ellas. Muchas mujeres tienen esperanza en sus esposos o novios, pero siempre se decepcionan por su infidelidad. Otros se decepcionan por sus hijos. Los humanos no pueden ser nuestra esperanza verdadera. Tampoco las cosas materiales pueden ser nuestra esperanza porque son corruptibles. Nuestra esperanza verdadera es la presencia de Dios en nuestra vida, que puede llenarnos siempre con su Espíritu.

Le agradezco a nuestro Dios por habernos dado estas bendiciones espirituales gracias a ser justificados por la fe por medio de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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