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Un misionero llamado Richardson, predicó el evangelio en una isla llamada Java, en Indonesia. Las tribus de esa isla peleaban mucho, pero para reestablecer la paz tenían una costumbre, que era entregar un bebé a las otras tribus como sacrificio. Ellos lo llamaban ‘el bebé de paz’. Cuando el misionero Richardson tenía 2 años en esa isla hubo una gran pelea entre las dos tribus, que no cesaba. En ese momento el misionero y su esposa aparecieron en el campo de batalla con su bebé, y les dijeron: "Entregaré a mi hijo como el bebé de paz. Por favor, dejen de pelear.” Los caciques de las dos tribus se conmovieron por el amor del misionero e hicieron un trato de paz. Además, dejaron su mala costumbre de entregar un bebé como sacrificio. De esta manera se abrió la puerta de evangelización en esa isla.
Hoy quiero hablar de la paz que debemos tener con nuestro Dios. La semana pasada aprendimos que fuimos justificados gratuitamente por su gracia. Entonces, ¿cómo era posible que Dios justificara gratuitamente a todos los que creen en él? El v.25 da la explicación a esta pregunta. Leamos el v.25a. “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre.” La palabra dice que Dios puso a su Hijo Jesús como propiciación por medio de la fe en su sangre. ¿Qué es la propiciación? La propiciación, es la acción de poner en paz la ira o el enojo de la parte ofendida, específicamente de Dios. La propiciación tiene un sentido similar a la palabra ‘expiación’, por eso la Nueva Versión Internacional colocó la palabra ‘expiación’ en lugar de ‘propiciación’, pero hay una ligera diferencia entre estos dos términos. La expiación, habla del proceso por el cual los pecados son liberados o cubiertos. Después del pecado de los humanos Dios, nos abrió un camino para ser perdonados de nuestros pecados a través de entregarle un sacrificio. Una vez al año el sumo sacerdote entraba en el lugar Santísimo con sangre de un animal sacrificado y la derramaba al pie del altar. De esa forma el pueblo podía tener confianza en que sus pecados eran perdonados. Esa es la expiación.
En cambio debemos entender el término ‘propiciación’ para poder tener paz con Dios. Sin tener paz con Dios no podemos recibir el perdón de nuestros pecados. Por lo cual la expiación no puede existir sin propiciación y esta está incluida dentro del concepto de propiciación. Para entender el término ‘propiciación’, debemos saber que nuestra condición humana está bajo la ira de Dios. Al comenzar a hablar del pecado del hombre, el apóstol Pablo habló claramente diciendo: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.” (Ro.1:18) Nuestro Dios es justo, por lo cual su naturaleza actúa contra el pecado. El no puede ignorar el pecado que cometen los humanos. Cuando el pueblo de Israel cometió idolatría alabando un becerro de oro, Dios le dijo a Moisés: “yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.” (Ex.33:3b) Dios, por ser justo, tiene que condenar a los que cometen pecado. A la vez Dios es fiel, es decir que cumple con su palabra. ¿Qué le dijo Dios a Adán cuando le dio un mandamiento? “el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Gn. 2:17) Cuando Adán y Eva desobedecieron el mandamiento de Dios, Dios tuvo que cumplir con la palabra, que les había dicho, por eso los castigó diciendo: “pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Gn. 3:19b) Los hombres son infieles y no cumplen con sus palabras.
Hubo una madre que le advirtió a su hijo diciendo: “Si no haces la tarea antes de que yo venga, no te voy a dar cena.” Cuando la madre volvió a la casa, su hijo estaba viendo televisión, y por supuesto no había hecho la tarea. La madre se molestó y lo regañó, luego lo obligó a hacer la tarea supervisándolo. Finalmente su hijo terminó la tarea. ¿Qué creen ustedes, la madre le dio cena a su hijo o no? Sí, preparó una deliciosa comida para su querido hijo. Pero, ¿qué pasó con las palabras que le había dicho de que no le iba a dar cena si no terminaba la tarea antes de que ella llegara? A ella no le importaron esas palabras y las anuló tan fácilmente que ni siquiera le dijo a su hijo por qué le ofreció cena. Quizás otras madres les dirían a sus hijos en esa situación: “Hijo, sabes que te quiero mucho, por eso esta vez te perdono y te doy cena.” Luego la madre y su hijo disfrutaron esa comida deliciosa. Pero el atributo de fidelidad de nuestro Dios no se permite a sí mismo este tipo de actitud, porque El tiene que cumplir con su palabra. Cuando Dios dijo: “ciertamente morirás”, fue obligado a cumplir con su palabra, por eso Dios tuvo que condenar al hombre a pena de muerte.
Sin embargo hay otro atributo de Dios que se debe cumplir, el cual es el ‘amor’. Dios es amor. La palabra dice: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1Jn.4:8) Dios ama al hombre, por eso no quiere que el hombre muera y sea condenado. El quiere perdonar al pecador y salvarlo para que tenga la vida eterna. Dios sufrió mucho por nuestros pecados. Cuando El hizo a Adán, lo hizo conforme a su imagen y semejanza. El hombre creado por Dios era muy hermoso, amoroso, justo, y limpio. Pero el pecado dañó su obra maestra, la cual se volvió sucia y manchada. ¿Cómo se sentirían ustedes si ven que sus hijos son desobedientes y hablan mentiras? Seguramente les dolerá mucho. A Dios le dolió mucho el pecado del hombre y le dolió más, porque tenía que condenar a su amado. Imagino que Dios tuvo un gran conflicto interno y pensaba: “Tengo que condenarlos, pero no quiero hacerlo, porque los amo.” Dios pensó cómo resolver ese problema, salvar a los humanos cumpliendo con su palabra. Y encontró la única manera para salvar al humano cumpliendo con su atributo de ‘justicia’. ¿Cuál fue? Atribuir el pecado del hombre a su Hijo unigénito Jesús y condenarlo por el pecado de los hombres.
Cuando el sumo sacerdote entregaba el sacrificio a Dios, ponía su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación antes de matarlo. Esta acción de poner la mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación simboliza atribuir todos sus pecados a ese animal que se iba a sacrificar. Dios atribuyó todos nuestros pecados a nuestro Señor Jesús y lo puso como propiciación, es decir, la ofrenda para la paz con Dios. Así Jesús, obedeciendo esa voluntad de Dios, cargó todos nuestros pecados en sus hombros y subió al monte del Calvario para ser clavado en la cruz y derramar su sangre preciosa para la muerte. De esa manera la ira de Dios fue arrojada en Jesús y tuvo que ser abandonado por Dios en ese momento en la cruz. Ese fue un gran dolor para el Hijo de Dios, por eso quiso evitar esa condenación de Dios, el Padre orando toda la noche en Getsemaní diciendo: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.” (Mr.14:36) En la cruz él sintió el dolor de ser separado de Dios, por eso gritó diciendo: “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? Que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mr.15:34) En ese momento nuestro Dios, el Padre también sufrió y lloró por la muerte de su Hijo amado. De esa manera la ira de Dios fue quitada y la justicia de Dios fue cumplida. De esa manera Jesús cumplió con su tarea de ser propiciación para la paz de los hombres con Dios. Por eso ahora nosotros podemos acercarnos a Dios por la gracia de nuestro Señor Jesús.
Ef. 2:14-16 dicen: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” También Ro. 5:1 dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” ¡Alabo a nuestro Dios que puso a Jesús como propiciación para la paz con nosotros! ¡Alabo a nuestro Señor Jesús, que se entregó a sí mismo como ofrenda de paz para nuestra salvación! Amén.
¿Cómo podemos recibir esta bendición de tener paz con Dios? La palabra dice: “por medio de la fe en su sangre.” La fe es el instrumento que nos lleva a la paz con Dios. ¿En qué debemos tener fe? En la sangre de Jesús. La sangre representa la vida como la palabra dice: “Porque la vida de la carne en la sangre está.” (Lv. 17:11a) Para el perdón de los pecados se debe derramar sangre. He. 9:22b dice: “sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” Como la paga del pecado es la muerte, Jesús tuvo que entregar su vida para el perdón de nuestros pecados. La sangre de Jesús tiene poder para liberarnos de nuestros pecados y su efecto es eterno. He.9:12 dice: “no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” Tener la fe en la sangre de Jesús quiere decir creer en que Jesús entregó su vida para salvarnos y perdonó todos nuestros pecados. Si nosotros tenemos esta fe, podemos tener paz con Dios a través de la propiciación, la cual es nuestro Señor Jesús.
Miren el v. 25b “para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.” Como hemos aprendido, Dios manifestó su justicia a través de la propiciación y pudo pasar por alto nuestros pecados pasados. La palabra ‘pasar por alto’ se usa cuando uno ignora algo con intención. Cuando un profesor está dando clase a sus alumnos y ve a uno que está durmiendo con la cabeza puesta en el pupitre, el profesor se puede molestar y sacarlo del salón, pero si lo deja tranquilo sin decirle nada, esto es ‘pasar por alto’. Nuestro Dios, por su justicia, no puede pasar por alto nuestros pecados, por eso tuvo que poner la propiciación para poder pasar por alto nuestros pecados pasados sin condenarnos. Para esto tuvo mucha paciencia con nosotros.
El v.26 es el resultado de poner la propiciación, que dice: “con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Ahora entendemos cómo Dios manifestó su justicia para que él sea justo y justificar a los que creen en Jesús.
Leamos el v.27 “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” Ahora sabemos que fuimos justificados gratuitamente por la gracia de Jesús. Entonces, ¿podremos jactarnos de la salvación que recibimos gratuitamente? No, porque no hemos hecho nada por nuestra salvación. No tenemos ninguna buena obra de la que podemos jactarnos. Algunos hermanos pueden decir: “Yo tuve fe en Cristo. Esta es mi obra.” Pero la fe sola no puede darnos la salvación. La fe es el instrumento que nos lleva a Jesús para recibir su gracia. La salvación fue hecha 100% por medio de la obra de nuestro Señor Jesús. Nosotros recibimos esta salvación por medio de la fe. Por lo cual no podemos jactarnos de la fe que tenemos para la salvación. Además esta fe es la obra del Espíritu Santo que viene de Dios, entonces no tendremos nada de que jactarnos.
¿Por cuál ley fuimos justificados? ¿Por la ley de las obras o por la ley de la fe? La palabra ‘ley’ en este versículo es ‘principio’. Fuimos justificados por el principio de la fe. Es importante saber que fuimos justificados por la gracia y entraremos en el Reino de Dios por la gracia, porque muchos hermanos comenzaron su vida de fe por la gracia, pero quieren terminarla con sus obras. Hay hermanos que se enorgullecen por lo que han hecho para el Señor, porque viven por las obras. Piensan que han hecho algo para el Señor, por eso se hacen orgullosos. Pero si recordamos la gracia de Jesús, no podemos enorgullecernos. ¿Qué dijo el apóstol Pablo? “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1Co.15:10) El estaba muy claro de que trabajaba mucho para Dios por su gracia. También hay hermanos que se condenan a sí mismos por sus malas obras. Ellos tampoco están viviendo por la gracia. Ellos pusieron algunos criterios de su vida de fe e intentan llegar a ese nivel. Y si no lo hacen bien, se decepcionan y se condenan a sí mismos. ¿Por qué? Porque se olvidaron de la gracia de Jesús. Los que viven en la gracia de Jesús, se arrepienten rápidamente de sus pecados y reciben la gracia de Jesús de nuevo. Esta gracia de Jesús llega a todo el mundo, tanto a los judíos como a los gentiles. Y por la gracia de Jesús podemos cumplir la ley de Dios voluntariamente y con el poder del Espíritu Santo, de esta manera por la fe no invalidamos la ley, sino que confirmamos la ley. Oro que esta gracia de Jesús que se entregó a sí mismo para darnos la paz con Dios llene a cada uno de nosotros para que sigamos esta vida de fe. Amén.
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