|
Durante el mensaje del domingo pasado, al hablar de la palabra que dice: “A una se hicieron inútiles”, les comenté que la palabra ‘inútil’ es equivalente al estado de la leche dañada. En el tiempo de compartir en fraternidad, las hermanas de la fraternidad Águila, me comentaron que la leche dañada también se usa para hacer dulce de leche. Así ellas interpretaron el hecho diciendo: “La leche daña es inútil, pero cuando se usa para hacer dulce de leche, es útil. Igualmente somos inútiles, pero cuando estamos Cristo podemos ser útiles.” Me sorprendió esa interpretación de las madres de la fraternidad Águila, por eso las felicito, por su discernimiento espiritual.
Desde hoy vamos a aprender cómo Dios puede convertirnos de inútiles a útiles, como el dulce de leche. Esta bendición espiritual de Dios, llega a nosotros gratuitamente por la gracia de nuestro Señor Jesús. La gracia de Jesús es tan grande que no podemos describirla bien con palabras. Se de una historia de la vida real, que puede mostrarnos qué es ser justificado por la gracia. Durante la gran depresión económica de los EEUU, alrededor del año 1935, una anciana fue arrestada, porque se había robado un pan. Su hija estaba enferma, su yerno había desaparecido, y sus dos nietos lloraban porque tenían mucha hambre. Ese caso fue llevado ante un juez llamado Fiorello Laguardia. El la condenó a pagar una multa de 10 dólares ó a cumplir 10 días de prisión, así leyó su sentencia: “Pero, yo también tengo responsabilidad en el delito de esta anciana. Mientras que ella estaba sufriendo por el hambre, yo estaba comiendo bien. Por eso yo pagaré esta multa de 10 dólares.” El se quitó su sombrero y puso 10 dólares en él. Luego continuó hablando: “A la vez veo que ustedes también son responsables de este delito, por lo que se decide que cada uno pague una multa de más de 50 centavos. Su pago la ayudará a comenzar una nueva vida.” Todos los que estaban en ese lugar, estuvieron de acuerdo con la decisión del juez y pusieron el pago de su multa en el sombrero. Ese día, la anciana recibió 47,50 dólares y volvió a su casa conmovida por la gracia de ese juez. Posteriormente, el juez, Sr. Fiorello Laguardia fue electo como el alcalde de Nueva York.
La semana pasada aprendimos la conclusión sobre la condición pecaminosa de los humanos, la cual es: “No hay justo, ni aun uno.” También aprendimos cuán grave es la condición corrupta de los humanos. La condición de los humanos es de total desesperación por sus pecados. Como dice el v.1:18 de Romanos, "la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e justicia de los hombres." Todos los hombres están bajo la ira de Dios y serán condenados. Entonces, ¿no hay más esperanza para los humanos? ¿No hay ninguna salida de esta desesperante condición? Leamos el v21. “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas.” La palabra ‘pero ahora’ es muy importante, porque ella trata del cambio de la condición humana, de la desesperación a la esperanza, de la condenación al perdón de pecados, de la muerte a la vida eterna, del infierno al reino celestial. El apóstol Pablo desarrolló profundamente todos los pecados de los humanos, para llevarnos a la conclusión de que todos somos pecadores. ¿Por qué él necesitaba hacerlo? Porque sin reconocer nuestros pecados no podemos recibir la gracia de Jesucristo. Sin aceptar que somos pecadores, no vamos a buscar a Dios. Sin saber que estamos totalmente desesperados, no vamos a acercarnos a la salvación que viene a través de Jesús.
Pero ahora en Jesús, encontramos la salida de nuestros pecados. Pero ahora en Jesús, nuestra vida cambia. Pero ahora en Jesús, nosotros tenemos la vida eterna. Los hermanos que han conocido a Jesús como su Salvador personal, han experimentado ese cambio de vida. Antes vivían en pecado, pero ahora están viviendo en la justicia de Dios. Antes vivían en temor por sus pecados, pero ahora están viviendo en la alegría de servir a Dios. Antes vivían sin esperanza, pero ahora están viviendo con la esperanza en el reino celestial. ¿Tú haz experimentado ese momento de cambio en tu vida? Si no lo haz experimentado, pídele a Dios que te ayude a tener esta bendición de convertir tu vida. Amén.
Entonces, ¿cómo podemos tener ese momento de conversión? El v.21b dice: “aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios.” ¿Qué es la justicia de Dios? La justicia de Dios es el atributo de Dios para reestablecer Su creación, donde todas las personas reciben el beneficio de la vida con Él. Dios manifestó su justicia para restaurar nuestra relación destruida con Él. Esta justicia de Dios fue testificada por la ley y por los profetas. Es decir que la justicia de Dios no apareció de repente, sino dentro de la historia redentora de Dios. Algunos piensan, que Dios quería salvar a los humanos a través de darles las leyes, pero al ver que ellos no podían cumplirlas les permitió la salvación a través de la fe. Pero esta idea es equivocada. Dios, desde el principio, tuvo la voluntad de ofrecer la salvación a los humanos por su gracia, no por las obras. Dios sabía claramente, que los hombres no podían ser salvos por las leyes, porque son totalmente corruptos. Para que los humanos supiésemos que no podemos ser salvos por nuestras obras, Dios nos dio las leyes. Por eso el v.3:20b dice: “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Nosotros experimentamos que jamás podremos ser salvos por las leyes, por lo cual nos acercamos a Jesús buscando su gracia.
Es importante saber que la justicia viene de Dios, no de los hombres, por eso dice: “La justicia de Dios.” No son los humanos los que procuran la restauración de su relación con Dios, sino Dios que comenzó la obra de reestablecer su relación con nosotros. Por lo cual, esta justicia viene totalmente de Dios. Esta iniciativa viene totalmente de Dios. No somos nosotros los que buscamos a Dios primero, sino que es Dios que nos buscó primero. 1Jn.4:19 dice: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
Entonces, ¿cómo podemos recibir la justicia de Dios? El v.22 dice: “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia.” Esta justicia de Dios y la restauración de la relación con Dios vienen por medio de la fe en Jesucristo. Si creemos en Jesús, podemos alcanzar la justicia de Dios. Si creemos en Jesús, podemos recuperar la relación con Dios. Si creemos en Jesús, podemos pasar de la muerte eterna a la vida eterna. Esta bendición se aplica a todos los que creen en él. No hay diferencia para esta bendición. Aunque tú seas un gran pecador, puedes ser restaurado ante Dios a través de creer en Jesús. Aunque te parezca que eres un pequeño pecador, necesitas creer en Jesús para restaurar tu relación con Dios. ¿Por qué? El v.23 lo explica bien al decir: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” La gloria de Dios en su majestad esplendorosa y magnificencia que acompañan la presencia de Dios. Nuestro Dios es glorioso, en Él no hay ninguna oscuridad. El es Santidad completa. Ningún humano puede estar sin temor frente a la presencia gloriosa de Dios. Cuando Moisés estaba en medio de la gloria de Dios, para recibir sus mandamientos, la piel de su rostro resplandecía por la gloria de Dios. Entonces, el pueblo de Israel tuvo miedo de acercarse a él y Moisés, tuvo que poner un velo sobre su rostro. Moisés era un humano, pero su rostro resplandecía por la gloria de Dios y los que lo veían tenían miedo.
Entonces, ¿cómo nos sentiríamos si vemos la gloria de Dios directamente? Isaías pensaba que era justo, pero cuando vio la gloria de Dios, tuvo tanto miedo que dijo: “¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Todos nosotros fuimos destituidos de la gloria de Dios por nuestros pecados. Todos nosotros no llegamos a la gloria de Dios y por el contrario estamos en condición de muerte. El pecado nos ensucia. El pecado destruye la imagen de Dios en nosotros. El pecado nos aleja de Dios. Por el pecado estamos fuera de la gloria de Dios. Por el pecado estamos en la condenación eterna. Sin embargo, Dios nos abrió un camino de salvación.
Leamos el v24. “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” Los que creyeron en Jesús fueron justificados. La justificación es el acto de Dios para declarar que un pecador es justo. Dios declara que los que creen en Jesús son justos a pesar de todos sus pecados. Es como la declaración de un juez en un tribunal al decir que el acusado está libre de condenación. Pero esta justificación, la recibimos gratuitamente por su gracia. Las palabras ‘gratuita’ y ‘gracia’ tienen el mismo sentido. Es recibir algo aunque no merecemos recibirlo. Hubo una mujer que estaba preparando su boda. Ella estaba muy emocionada y quería tener una hermosa boda, en el salón de banquetes de un hotel cinco estrellas. Ella invitó a muchos de sus familiares y amigos. Pero un día antes de su boda, su novio le dijo que no quería casarse. Ella se sorprendió al escuchar esas palabras y tuvo gran decepción. Además tuvo que cancelarla. Ella, ya había pagado lo referido a su fiesta y le devolverían sólo el 50% del pago que había realizado si lo cancelaba. En ese momento, sintió que no debía cancelar esa fiesta. Aunque se sentía decepcionada, quiso hacer algo alegre. Por eso, tomó la decisión de invitar a los indigentes de la calle a esa fiesta. Ella salió a la calle y llamó a la gente para que viniese a la fiesta que iba a celebrar en un hotel cinco estrellas. Los invitados estaban muy alegres y no perdieron esa oportunidad de comer buena comida en un lugar de primera clase. En esa fiesta, todos se alegraron y ella también se sentía muy contenta por haber tomado esa decisión. Esa gracia la pudieron disfrutar gratuitamente los indigentes. Ellos no merecían estar en la fiesta, pero tuvieron esa oportunidad gratuitamente.
Algunos de nosotros hemos oído la parábola de Jesús sobre el banquete del rey. Porque los invitados dijeron que no iban a estar en el banquete, el señor de la casa mandó a sus siervos a que fuesen a las plazas y calles para invitar a los que estaban en esos lugares sin hacer nada. Finalmente ellos pudieron disfrutar del banquete del rey, por la gracia del señor. Nosotros éramos como esos indigentes que no habían sido invitados a la salvación desde el principio. Pero por la desobediencia del pueblo de Israel, esta bendición de estar en el banquete celestial llegó a nosotros. No merecíamos recibir la salvación por nuestros grandes pecados, pero fuimos justificados gratuitamente por la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
Entonces, ¿cómo Dios puede justificarnos gratuitamente? Miren el v.24b “mediante la redención que es en Cristo Jesús.” La palabra ‘redención’ se usaba para la liberación de los esclavos, pagando un precio por ellos. La acción de realizar el pago al dueño de un esclavo para liberarlo de la esclavitud, se llama ‘redimir’. Nosotros éramos esclavos del pecado, como la palabra dice: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” (Jn. 8:34) Aunque no queríamos pecar, lo hacíamos, porque estábamos esclavizados. Para liberarnos de esa esclavitud, alguien tuvo que pagar por nosotros y la paga del pecado es la muerte. Jesús, para redimirnos, pagó con su vida por nosotros. El sufrió y murió en la cruz, por eso puede liberarnos de la esclavitud del pecado. Porque Jesús pagó todo el costo, nosotros podemos recibir la salvación gratuitamente por su gracia. No hicimos nada, pero Jesús tuvo que morir por nuestros pecados. Por lo cual la justificación la recibimos gratuitamente. Alabo a nuestro Señor Jesús que nos justificó gratuitamente por su gracia. Amén.
| |