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Durante varias semanas hemos hablando del pecado de los humanos. Primero hablamos del pecado de los gentiles y luego del pecado de los judíos. La palabra de hoy, es la conclusión sobre el pecado de los humanos, la cual es: No hay justo, ni aun uno. El apóstol Pablo, describe muy claramente la condición desesperada de los humanos en general.
Miren el v9. “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.” Pablo había revelado el pecado de los judíos y de los gentiles, que todos están bajo pecado, lo que quiere decir, que todos están bajo la ley. Los que están bajo la ley están bajo la condenación de Dios. Es muy importante saber que no hay ninguna excepción ante esta palabra. El apóstol Pablo mismo confesó que él también estaba bajo pecado, al decir: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Ningún humano está fuera de la condenación de la ley de Dios sin recibir la gracia de nuestro Señor Jesús. Por eso el apóstol declara: “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO.” El tono del apóstol fue muy alto cuando dijo: “Ni aun uno.” Todos los humanos somos pecadores sin excepción. Aún las personas que han llevado una vida hermosa, sacrificándose para Dios y por su prójimo como la Madre Teresa de Calcuta, no pueden ser la excepción. Entonces, ¿Por qué Pablo habló tan fuertemente del pecado de los humanos? Porque sin saber que somos pecadores no podemos llegar a la gracia de nuestro Señor Jesús. Si uno no sabe que es un terrible pecador, no va a pensar que necesita la salvación de Jesús. Si uno no conoce su condición desesperada, no va a extender su mano para pedir la ayuda de Dios. Entonces, no pueden recibir la salvación de Dios. Por eso el primer paso para recibir la gracia de Jesús, es saber que somos pecadores.
Cuando conversamos con algunas personas, nos damos cuentan que piensan que son justas, por eso dicen que todavía no necesitan a Jesús. Ellos no buscan la ayuda de Dios. Cuando uno cae en un pantano, tiene que pedir la ayuda de otros para que lo saquen. Pero hay personas que no saben qué están en el pantano y siguen hundiéndose. Para ayudar a una persona, lo primero debemos hacer es ayudarla a reconocer que su condición espiritual es muy terrible y que está bajo la condenación de Dios. Sin entendimiento sobre esta condición humana, nadie puede ser salvo de sus pecados.
El apóstol Pablo describe claramente la condición pecaminosa del humano en general. Miren el v11. “No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios.” La palabra dice que no hay quien entienda. El apóstol no está hablando del entendimiento humano como en los estudios académicos, sino del entendimiento espiritual sobre Dios y su mundo espiritual. Hay tres tipos de hombres: los hombres espirituales, los hombres carnales y los hombres naturales. Los hombres espirituales son los que conocen a Dios y viven según su voluntad. Los hombres carnales conocen a Dios pero viven según su propio deseo carnal. Estos dos tipos de hombres conocen el mundo espiritual y entienden las cosas de Dios aunque hay diferencia en la profundidad de su conocimiento espiritual. En cambio los hombres naturales no conocen a Dios. Ellos no han experimentado la gracia de salvación de Jesús. No han nacido de nuevo. No saben que hay el mundo espiritual. Por eso no pueden entender las cosas de Dios. Los que están en el mundo carnal no pueden entender el mundo espiritual, porque sus ojos espirituales están cerrados y su entendimiento espiritual está muerto. Ellos son como cadáveres sin vida. Los muertos no tienen entendimiento y no pueden despertarse solos. Para que los muertos vivan de nuevo, el Espíritu Santo debe soplar aliento de vida en ellos, de esa forma se despertarán. Por lo cual los humanos naturales que no conocen a Dios no pueden entender nada las cosas espirituales.
Quizás, algunos tengan mucho conocimiento bíblico y sean doctores en teología, pero su entendimiento es intelectual y humano, que no tiene nada que ver con el conocimiento espiritual sobre Dios. Aun muchos profesores de los seminarios cristianos no tienen entendimiento espiritual. Ellos le dan clases a sus alumnos, pero no han experimentado la obra del Espíritu Santo en su vida, por lo cual son necios espiritualmente. Antes de conocer a Jesús personalmente como nuestro Salvador no entendíamos nada del mundo espiritual. Nuestro mundo era carnal. El mundo visible era todo en nuestra vida. Pero después de conocer a Jesús personalmente, pudimos ver el mundo espiritual y estamos viviendo con el Espíritu de Dios. Por lo cual debemos orar para que el Espíritu Santo trabaje sobre los hombres naturales, para que despierte su entendimiento espiritual y así darles palabras de Dios.
La palabra también dice: “No hay quien busque a Dios.” La palabra ‘buscar’ se refiere al deseo de conocer a Dios y encontrarlo personalmente. El motivo de buscar a Dios es adorarlo y glorificarlo. Aquí no se está hablando de buscar a Dios por una sencilla curiosidad, ni por llenar alguna satisfacción humana. Es como el salmista que buscó a Dios diciendo: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” Nuestra naturaleza humana es corrupta, por eso no puede buscar a Dios con corazón humilde y sincero. Nuestro deseo era divertirnos y alcanzar metas humanas. El propósito de nuestra vida era tener éxito en este mundo y encontrar el amor humano. Para esto estudiábamos mucho y ganábamos dinero. Pero no teníamos el deseo de conocer a Dios sinceramente. Algunos hermanos pueden decir que tenían deseo de alabar a Dios desde el principio, pero esta es una equivocación, porque no podemos buscar a Dios sin la obra del Espíritu Santo. Seguramente algunos de sus amigos o familiares les habían comentado sobre Dios, y el Espíritu Santo había trabajado para despertar su espíritu. Hay algunos hermanos que dicen que ellos solos buscaron a Dios y por eso vinieron a la iglesia. Es posible que un hermano venga a la iglesia solo, pero él tiene que saber que antes de ir a la iglesia solo, ya el Espíritu Santo le había dado el deseo de ir allá. Como la palabra dice, no hay quien busque a Dios.
Miren el v12a. “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles.” Sin conocer a Dios, somos como ovejas descarriadas. Por nuestra necedad espiritual nos desviamos del camino correcto. Andábamos por sendas equivocadas y no sabíamos qué teníamos que hacer en esta vida. Estábamos totalmente perdidos. De esta manera nos hicimos inútiles. La palabra ‘inútil’ en este versículo se usa para la leche dañada. Un día compré un cartón de leche y cuando lo abrí, olía extraño, porque esa leche se había dañado. ¿Qué harían ustedes al percatarse de eso? Van a la tienda donde compraron la leche y la cambian, ¿verdad? Porque esa leche es inútil. ¿Hay alguno que se tomaría esa leche? Deben tener mucho cuidado con la leche dañada, porque ella ocasionaría diarrea con seguridad. Entonces la leche dañada no puede servirle más a la gente, es decir es inútil. Antes de conocer a Dios éramos como la leche dañada. Éramos inútiles para Dios. Mejor dicho éramos enemigos de la obra de Dios. Yo era perseguidor de los cristianos. Les decía a los que me predicaban: “Es mentira. Los cristianos inventaron a un Dios que no existe.” Y vivía según mi deseo humano. En ese sentido yo era totalmente inútil para Dios. Pero en Cristo podemos ser útiles para su obra de salvación. Por conocer a Jesús como mi Salvador, Dios me hizo útil para mucha gente, predicándoles el evangelio de salvación. Alabo a Dios quien nos cambia en seres útiles para su gloria. Amén.
¿Qué dice el v12b? “No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” Algunos hermanos pueden reclamar al escuchar estas palabras y decir: “Pero hay muchos hombres buenos en este mundo.” He escuchado decir: “El es muy buena gente. Me ha ayudado mucho.” Sí, hay algunas personas buenas si las comparamos con otros hombres. Pero ¿quién puede ser bueno ante los ojos de Dios? Además lo bueno en esta palabra, no es según el criterio de los humanos, sino según el criterio espiritual. Podemos decir que los que aman a Dios y aman al prójimo son buenos. Entonces, los que no conocen a Dios, no pueden amarle, por lo cual no pueden ser buenos. Quizás algunos aman a su prójimo aunque no conozcan a Dios. Pero debemos ver cuál es el motivo de sus buenas acciones. La mayoría hace lo bueno, para satisfacer sus deseos egocéntricos. Por lo cual sin Dios ninguno puede hacer lo bueno.
Miren el v13. “Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios.” De verdad esta palabra es muy fuerte. ¿Han visto un sepulcro abierto? ¿Qué hay en los sepulcros? El cuerpo de los muertos. ¿Cómo será el cuerpo de los muertos que tienen una semana en el sepulcro? Estos cuerpos están corrompidos y huelen podrido. El apóstol dice que nuestra garganta huele podrida, a muerto. Las cosas que salen de nuestra boca son pura suciedad y corrupción. De nuestra boca salen palabras groseras, engaño, crítica, burla, queja, etc. Por eso dice la palabra: “Con su lengua engañan.” Muchas veces nuestras palabras son tan atacantes que golpean fuertemente a otros hasta matarlos. “Veneno de áspides hay debajo de sus labios.” ¿Han visto cómo una víbora mata a su presa? Las víboras, tienen una bolsa de veneno debajo de sus dientes. Al morder a su presa, con un diente presionan la bolsa de veneno, entonces sale de su boca y entra por la herida de su presa hasta matarla.
A través de esta descripción, Pablo quiere decir que nuestras palabras son como el veneno de las víboras, capaces de matar a otros. Hay muchas palabras dulces y hermosas externamente. Las palabras de tentación son muy dulces. En la publicidad, las mujeres desnudas invitan a los hombres con palabras excitantes. Pero debajo de estas palabras hay veneno que quiere matarnos. Esta es la técnica de Satanás. El nunca pierde la oportunidad para matarnos. Si somos mordidos por sus dientes, saca su veneno para matarnos. Los presos de Satanás también tienen esta actitud. Sus palabras contienen veneno para matarnos y su boca está llena de maldición y de amargura.
Miren el v15. “Sus pies se apresuran para derramar sangre.” Podemos pensar que no todos somos así, pero miren lo que está pasando en este mundo. ¿Cuántas personas se están matando violentamente? Según la prensa, durante el mes de febrero de este año, solamente en Caracas murieron 450 personas por la violencia. Además la historia humana siempre ha tenido guerras grandes y pequeñas. Esto quiere decir que todos tenemos la posibilidad de asesinar a otros. Por estar molestos con algunos vamos a actuar violentamente, lo cual puede generar homicidio físico y mental. Los que no conocen a Dios tampoco pueden tener paz en su corazón. Una de las características más evidentes de los que no conocen a Dios es no tener paz en su corazón. Ellos sufren por la preocupación y el miedo. No pueden dormir en la noche, porque no tienen tranquilidad en su corazón. Se sienten muy inseguros en su vida, porque están en una gran incertidumbre. Muchos van a psicólogo por no tener la paz en su corazón. También hay muchos que toman tranquilizantes, porque están nerviosos.
Si tú no tienes paz en tu corazón ahora, tienes que chequear la causa, seguramente tú relación actual con Dios no está bien y tu corazón está lejos del corazón de Dios. Miren el v18. “No hay temor de Dios delante de sus ojos.” Sin embargo, los que no conocen a Dios no le temen y continúan su vida de pecado conforme a sus deseos carnales.
Como hemos analizado hasta ahora, todos los que están bajo la ley, están bajo el justo juicio de Dios. Leamos el v20. “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Aprendimos, que la condición humana sin Dios es de total desesperación. Entonces, ¿qué debemos hacer? Tenemos solamente una solución, la cual es nuestro Señor Jesús, quien murió por nuestros pecados. Oro que reconozcamos nuestros pecados y nos acerquemos a Jesús para la salvación. Amén.
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