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Por la gracia de Dios hay varios niños en nuestra iglesia, hijos de padres cristianos. Tengo fe en que vamos a tener más niños en la iglesia. Es inevitable que vengan más niños, porque nuestros hermanos se casan y dan a luz a sus hijos y los traen a la iglesia. Entonces estos niños crecen en un ambiente cristiano y se consideran a sí mismos cristianos. Pero ellos necesitan conocer a Jesús personalmente y ser cristianos verdaderos, sino su vida de fe va a ser solamente una costumbre, sólo asistir al culto dominical en la iglesia. Los judíos son circuncidados al octavo día de nacidos, como señal de ser el pueblo escogido por Dios. Ellos pensaban que la salvación les era garantizada por la circuncisión que recibieron, pero el apóstol Pablo les dice que si ellos no guardan la ley de Dios, la circuncisión no aprovecha, es decir que la circuncisión como tal no puede asegurar su salvación. Algunos hermanos piensan que son salvos porque fueron bautizados con agua. Pero el bautismo del agua es una manifestación pública ante otros hermanos de que han aceptado a Jesús como su Salvador. Sin embargo, hay muchos hermanos que se bautizan sin saber porque lo hacen. Para ellos el acto del bautismo de agua no tiene ningún sentido espiritual para su salvación. ¿Qué dijo Pablo? Leamos el v29. “sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.” El sentido verdadero de la circuncisión es la que se realiza en el corazón y espíritu, no en el cuerpo. El bautismo que nos da la salvación, es el bautismo del Espíritu Santo, no el de agua. Cada uno de nuestros hermanos y hermanas deben encontrar a Jesús personalmente como su Señor.
Revelando el pecado de hipocresía y mencionando el tema de la circuncisión, el apóstol Pablo rompió el orgullo de los judíos. Por eso habían algunos que se molestaban y le reclamaban a Pablo diciendo: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión?” A ellos les parecía que Pablo no valoraba que los judíos habían sido escogidos por Dios. ¿Qué respondió Pablo ante este reclamo? Leamos el v2. “Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.” Pablo no negó los privilegios de los judíos, al contrario él dijo que los judíos tenían muchas ventajas por ser l pueblo de Dios. Más que cualquier privilegio, es que les había sido confiada la palabra de Dios, es decir que Dios les había encargado sus palabras. De verdad es una gran bendición recibir la palabra de Dios de primeros. Mientras que otros pueblos vivían conforme a sus deseos pecaminosos, los judíos tenían las normas de vida a través de la palabra de Dios. Por eso su vida podía ser más agradable ante los ojos de Dios comparada con la vida de los gentiles. También ellos recibieron la promesa de Dios de que su pueblo sería un reino de sacerdotes y gente santa. Además el Mesías vino del linaje de los judíos. Este pueblo fue protagonista en la obra redentora de Dios. La presencia de Dios estaba con ellos y los guiaba por el camino verdadero.
En nuestra iglesia hay muchos jóvenes. Algunos de ellos se quejan diciendo que han conocido a Jesús demasiado temprano, porque piensan que no han podido aprovechar su juventud y divertirse. Los adolescentes de la fraternidad Ágape, pueden sentir esto, pero les quiero decir, que esta es una equivocación. Debemos pensar diferente. Al ser llamados siendo jóvenes, nos divertimos más en Jesús. En esta vida de fe hay mucha alegría y bendiciones espirituales. Primero, podemos llevar una vida de agradar a nuestro Dios haciendo su voluntad. ¿De dónde viene nuestra alegría? De hacer la voluntad de Dios. La vida sin Dios es un continuo sufrimiento y angustia, pero por conocer a Dios estando jóvenes, sufrimos menos que otros que lo conocieron tarde. He escuchado que algunos hermanos de la fraternidad Águila, se sentían tristes, porque conocieron la vida de fe demasiado tarde. Entonces los jóvenes no se pueden quejar por haber llegado temprano a esta vida de fe.
Cuando Dios encargó su palabra a los judíos, El quiso que ellos la guardasen bien y la transmitiesen a otros pueblos, pero ellos no cumplieron con su bendición. Ellos violaban las leyes de Dios y no las predicaban a los gentiles, al contrario por su orgullo pensaban que las leyes de Dios eran solamente para ellos. De esta manera no cumplieron con la voluntad de Dios y rompieron el pacto con Él. Por eso surgió otra pregunta: “¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?” Esta pregunta es muy difícil de entender. Si algunos de los judíos eran incrédulos, aunque todos los del pueblo de Israel eran infieles con la palabra de Dios, ¿su incredulidad anulará la fidelidad de Dios, porque Dios no puede salvarlos? En otras palabras: ¿Será Dios infiel, por no salvarlos a causa de su incredulidad? “De ninguna manera.” El pacto, fue un acuerdo entre ambas partes, si una de ellas no cumple con el pacto, este se rompe y se disuelve. Los judíos rompieron el pacto muchas veces, sin embargo Dios, por su misericordia, ha mantenido su pacto con los judíos. La incredulidad de los judíos no puede hacer nula la fidelidad de Dios, al contrario en medio de su incredulidad se resalta más la fidelidad de Dios, porque Dios cumple con su pacto, aunque los judíos lo rompieron.
Leamos el v4a. “De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.” El apóstol Pablo aclara diciendo que Dios es veraz, y todo hombre mentiroso. Debemos aceptar profundamente esta palabra, que contiene el punto de vista cristiano sobre Dios y los humanos: “Dios es veraz, y todo hombre es mentiroso.” Aquí la palabra ‘hombre’ no quiere decir solamente los varones, sino también las mujeres. Es decir, que todos los humanos son mentirosos. ¿Aceptan este punto de vista? Tienen que aceptarlo, sino caeremos en confusión. Les quiero preguntar algo: ¿Creen que un niño recién nacido es perfectamente bueno? ¡No! Todos nosotros nacimos con pecado. Salmos 51:5 dice: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” Al nacer ya tenemos pecados y maldad. Algunos piensan que los niños nacen siendo blancos, sin bondad ni maldad, pero este punto de vista tampoco es correcto. Debemos entender que ya tenemos maldad en nuestro corazón desde nuestro nacimiento. Por lo cual todos los humanos necesitan encontrar a Jesús y ser disciplinados con sus palabras. Los padres tienen que disciplinar a sus hijos, para que sus hijos se corrijan con la palabra de Dios. He escuchado a algunos padres decir: “Mi hijo no tenía ninguna maldad, pero tuvo malos amigos y cayó en el mundo de la maldad.” Pero les quiero decir, que los padres son responsables de que sus hijos entraran en el mundo de la maldad, porque nunca los educaron correctamente con la palabra de Dios.
Al conocer este punto de vista cristiano, podemos saber que no debemos confiar en nuestro propio ser. Hay algunos hermanos orgullosos, que piensan que son perfectos porque han pasado unos años de vida de fe. Ellos piensan, que son lo suficientemente espirituales para no caer más en la tentación de Satanás. Pero, ¿qué dice la palabra de Dios? 1Co.10:12 dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” Debemos aceptar que somos mentirosos y siempre hay la posibilidad de caer en pecado. Por lo cual, debemos orar constantemente para no caer en tentación. Jesús les dijo a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación.” Todos nosotros necesitamos recibir la disciplina de Jesús para cambiar nuestro ser pecaminoso. Por eso tenemos el discipulado, para ser corregidos con la palabra de Dios, e imitar a Jesús. Escribiendo testimonio bíblico luego de escuchar el mensaje dominical, nuestros hermanos pueden reflejar su ser pecaminoso y arrepentirse para recibir el cambio de su ser. Los pastores nunca tienen que pensar que sus ovejas son muy buenas y perfectas. Yo considero que el sinónimo de ‘oveja’ es ‘chivo’. Los pastores no tienen que esperar que sus ovejas sean fieles. Seguramente nuestras ovejas están cometiendo muchos pecados escondidos. ¿Cómo puedo saberlo? Porque la palabra dice que todo hombre es mentiroso. Las ovejas no están disciplinadas espiritualmente, ¿cómo podremos esperar que ellas sean fieles? Pero ahora quiero decirles que tampoco tienen que pensar que sus pastores son perfectos. Los pastores también son humanos y seguramente cometen muchos errores y pecados. Les confieso que mi persona también comete muchos pecados, por eso estoy viviendo siempre pidiendo la misericordia de Dios en mi vida. No tienen que confiar en las personas, porque la palabra dice que todo hombre es mentiroso. Algunos incrédulos dicen: “No voy a la iglesia, porque los cristianos son hipócritas.” Es cierto, no podemos ser perfectos. Aunque hablemos de Dios y de su palabra y luchemos para cumplir con nuestros deberes con Dios, nosotros mismos también pecamos ante Él. Por eso otros pueden pensar que somos hipócritas, pero ese es nuestro verdadero ser.
Hubo una hermana incrédula que visitó la iglesia de su mamá. En la iglesia vio que los pastores discutían y que los hermanos chismeaban entre sí. Entonces, se sintió muy molesta y le dijo a su mamá: “Mamá, vamos a la casa, yo no puedo aguantar la hipocresía de los cristianos.” Su mamá le respondió: “He estado más de 20 años en esta iglesia y nunca he visto la hipocresía que tú me dices, pero tú que has estado sólo 1 hora, viste muchas cosas. No mires a los hombres, sino a Dios.”
No debemos venir a la iglesia para mirar a los humanos. No debemos ver a los hermanos que están sentados a nuestro lado, ni al pastor que está frente a ustedes. ¿A quién debemos mirar? He.12:2a dice: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.” Debemos mirar a Jesús, que es fiel. Debemos confiar en Dios, que es veraz. Solamente nuestro Dios es veraz. Debemos depositar nuestra confianza solamente en Dios. Entonces, no nos decepcionaremos, sino que siempre estaremos confiados. Aunque nosotros fallemos y fallen los que están a nuestro alrededor, podemos confiar en Dios que es fiel y hace su buena obra con cada uno de nosotros. Fil.1:6 dice: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Por esta fe podemos confiar en nuestros hermanos, nuestros esposos, nuestros hijos y en nosotros mismos. Esta palabra no es para que nos justifiquemos ni dudemos de nuestros hermanos. Algunas hermanas pueden sentirse muy preocupadas por sus esposos al escuchar esta palabra. Pueden pensar: “La palabra dice que todo hombre es mentiroso, entonces, no podre confiar en mi esposo”, y comienzan a investigar la vida de sus esposos preguntándoles siempre: “¿Dónde estabas ayer a las 6:00 de tarde?” “¿Con quién estabas?” “¿Seguro que no había ninguna chica? Dime la verdad.” El motivo de esta palabra, es que confiemos en nuestro Dios que es veraz. No podemos confiar en el hombre como tal, pero podemos confiar en el hombre en Dios, porque Dios es fiel. Oro que todos nosotros confiemos en Dios, y con esta confianza confiemos en nuestros hermanos. Amén.
Miren el v5. “Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo?” Esta pregunta es muy rara. Hemos escuchado algunos testimonios muy fuertes, como la conversión de asesinos, malandros, ladrones, narcotraficantes de droga, etc. Sus testimonios nos manifiestan que el poder de Dios es grande. Oyendo estos testimonios, algunos hermanos se confunden y piensan que su vida era muy tranquila, por eso no pueden glorificar a Dios tan grandemente como ellos. Me dijeron que hubo algunos hermanos, que salieron a pecar más, para tener un testimonio más fuerte para la gloria de Dios. Entonces, ¿cometeremos pecado para glorificar a Dios? Esta es una equivocación y debemos entender bien por qué hacen este tipo de preguntas. La razón principal, es que ellos quieren justificar sus pecados y pecar libremente contra Dios. Cualquier pecado es grave ante Dios y el pecado interior es la causa del pecado exterior. Tener deseos de fornicar, es igual que el pecado de fornicación. Tener avaricia, es lo mismo que hurtar a otros. Ya hemos pecado lo suficiente, sólo por tener estos deseos equivocados. 1P.4:3 dice: “Basta ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivia, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.” Por lo cual, desde ahora debemos llevar una vida de agradar a Dios, no a nuestros deseos carnales, porque ya hemos pecado lo suficiente. Oro que cada uno de nosotros llevemos una vida fiel ante Dios confiando en que Él es veraz. Amén.
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