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El pasado martes 20 de enero de 2009, hubo un acto histórico en los EEUU, que fue la toma del poder por el nuevo Presidente de ese país, Barack Obama. Este hecho, tiene una gran importancia en la historia democrática de los EEUU, porque él es el primer Presidente de raza negra. Los blancos de ese país, maltrataban y explotaban a los negros que estaban bajo el régimen de esclavitud. Pero el Ex Presidente Abraham Lincoln, -que respetaba a Dios- entendió que todos los humanos tienen igualdad y luchó para la liberación de los esclavos. El año 1863 después de la Guerra Civil de los EEUU, el gobierno de Lincoln hizo la Proclamación de Emancipación. De esta manera los hombres de raza negra pudieron tener libertad. Sin embargo, no desapareció la discriminación racial en ese país. Los negros no podían sentarse a lado de los blancos en una camioneta pública. Los hijos de los negros no podían estudiar en los colegios de los hijos de los blancos.
Luego el pastor Martín Luther King Jr. luchó para eliminar la discriminación racial en ese país. Su discurso titulado ‘I have a dream’, que traducido en español es ‘Yo tengo un sueño’ conmovió a la gente, al decir: “Yo tengo un sueño, que un día la Nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: que todos los hombres fueron creados iguales. Sueño, que un día, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa en hermandad.” Hubo muchos racistas que lo odiaban y por eso fue asesinado el año 1968, pero 40 años después, su lucha por la libertad humana dio frutos, ya que un hombre de raza negra llegó a ser Presidente de ese país. Barack Obama, el segundo día de su presidencia, firmó la orden de cierre y desaparición del centro de detención militar en Guantánamo, donde se violaban los derechos humanos de los prisioneros. Todos estos hechos para proteger la dignidad humana, realizados por Abraham Lincoln, Martín Luther King Jr. y Barack Obama, son la manifestación de sus ideas y deseos ante la humanidad, las cuales Dios considerará el día de su justo juicio.
A través del estudio del libro de Romanos, estamos aprendiendo sobre el justo juicio de Dios que llegará algún día. La semana pasada aprendimos que no debemos menospreciar las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad que nos guían al arrepentimiento. La palabra de hoy es sobre los criterios del justo juicio de Dios. Esos criterios son las medidas que Dios va a tomar para juzgarnos. Antes de estudiar esta palabra, debemos entender el motivo del apóstol Pablo de hablar de este tema, el cual es que sepamos que no podemos ser salvos con nuestras propias obras, por no poder alcanzar los criterios de Dios. De esta forma podemos saber claramente que estamos destituidos de la gloria de Dios, por lo que debemos desesperarnos por la condenación que vamos a recibir. Sin embargo, Pablo quiere mostrarnos el camino de salvación, el cual es el camino de la fe en Jesús, el Hijo de Dios, quien murió en la cruz por nuestros pecados. Así que, no debemos considerar estos criterios para determinar nuestra salvación, sino para que sepamos que no podemos ser salvos con nuestras propias fuerzas. Entonces, ¿cuáles son los criterios del justo juicio de Dios?
Primero, Dios nos juzgará conforme a nuestras obras. Leamos el v6. “el cual pagará a cada uno conforme a sus obras.” Esta palabra dice, que Dios pagará a cada uno conforme a sus obras. Podemos saber, que el juicio de Dios es para cada uno particularmente. Entonces, el día del juicio, cuando Jesús nos diga: ‘¿Qué has hecho durante tu vida?’, no podremos responderle: “Ah-, mi iglesia ha salvado mucha gente, ni mi fraternidad ha levantado a muchos discípulos, ni mi esposa o mi esposo ha servido mucho a la iglesia, ni mis padres son pastores, etc.”, sino que cada uno tiene que rendirle cuentas de lo que hecho para el Señor.
Entonces, ¿por qué Dios va a juzgarnos conforme a nuestras obras? Las obras son los frutos de nuestra vida. Jn.15:2 dice: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Los frutos no son solamente los que se ven, sino aun los que están en lo profundo de nuestro corazón. Todas las obras producen frutos, sean buenos o malos. Todos nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones se manifiestan a través de los frutos. Uno puede decir mentiras con su boca, pero no puede decir mentiras con sus frutos. Jesús dijo: “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lc. 6:43-45) Hay personas que dicen que conocen a Jesús y que lo aman mucho. Parece que son muy apasionados por Jesús, pero en su vida no se manifiesta el amor por sus hermanos. Siempre discute con otros y los critica. Hablan mal de otras personas y forman contiendas. Nunca ayudan a sus hermanos y su vida es muy egocéntrica. El amor a Jesús se manifiesta a través del amor por nuestro prójimo, entonces, podemos saber que los que practican tales cosas no aman a Jesús.
Hay otros hermanos que dicen que están dispuestos a servir a Jesús y morir para la gloria de Dios. Pero no van a la iglesia los domingos, porque tienen otros compromisos de trabajo, estudio, familiares, o con sus amigos. Nunca van a predicar, porque están muy ocupados. Nunca entregan su tiempo para el servicio al Señor, porque tienen otras cosas más importantes que hacer. Entonces, ¿podemos aceptar que él está dispuesto a entregar su vida para el Señor? Es justo que Dios nos juzgue conforme a nuestras obras, porque ellas nunca dirán mentiras. Nosotros hacemos lo que pensamos y lo que queremos. Los hermanos que le dan mayor importancia a su trabajo, invertirán más tiempo en su trabajo. Los hermanos que le dan mayor importancia a sus estudios, invertirán más tiempo en sus estudios. Los hermanos que le dan mayor importancia a su familia, invertirán más tiempo en su familia. Los hermanos que le dan mayor importancia al servicio del Señor, invertirán más tiempo en el servicio del Señor. Dios ve nuestras obras, a la vez nuestro interior y sabe cuál es nuestro mayor deseo e interés, y el día de su juicio, nos juzgará conforme a nuestras obras.
Segundo, Dios nos juzgará según el propósito de nuestras vidas. Leamos el v7. “vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad.” ¿A quién Dios le dará vida eterna? ‘A los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad.’ ‘Perseverar’ quiere decir ‘mantenerse constante’. Buscar gloria y honra e inmortalidad es buscar la gloria de Dios, honrar su nombre, y tener esperanza en el reino celestial. Por lo cual Dios les da vida eterna a los que se mantienen constantemente en hacer buenas obras con el propósito de glorificar a Dios, honrar su nombre y esperar las cosas celestiales. Dios verá cuál es el propósito de nuestras obras, si buscamos la gloria de Dios o buscamos nuestra propia vanagloria, si honramos a Dios u honramos a otros, si esperamos cosas celestiales o terrenales.
Es posible que una persona haga buenas obras, como salvar a los mueren ahogados arriesgando aun su vida; o sirviendo a los enfermos viviendo junto con ellos, o ayudando a los pobres con todos sus bienes, etc. De verdad son obras preciosas. Pero si el propósito de estas buenas obras es buscar la propia vanagloria, no podemos decir que son buenas obras, porque ellos se están glorificando y la reciben como recompensa de su sacrificio por otros. Los que no tienen su esperanza en el reino de Dios, no pueden hacer buenas obras para glorificar a Dios, porque los humanos son básicamente egocéntricos y viven para sí mismos. Quizás ellos puedan enumerarle todas sus buenas obras a Dios el día del juicio, pero Dios les preguntará: “¿Para quién las hiciste, para mí o para ti?” Aunque nosotros ayudemos a muchas ovejas, levantemos una iglesia grande, le predicamos a mucha gente, servimos su obra con todo nuestro tiempo, si los hacemos para recibir el reconocimiento de otras personas, no estamos trabajando para la gloria de Dios ni estamos haciendo buenas obras para Dios. Por lo cual, debemos chequear el propósito de nuestras acciones, si son para Dios o para nosotros mismos.
A través de ver nuestro interior podemos saber si estamos haciendo lo bueno o lo malo. Miren los vs.9, 10 “tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego.” Los que hacen lo mal tienen tribulaciones y angustias. Ellos no tienen paz en su corazón. Hubo un hombre que cometió un delito y huyó. El vivió escondido durante 10 años. Así se entregó a la policía, pensando que se había acabado el tiempo para ejercer cualquier acción legal contra él. Pero él calculó mal los días y todavía le faltaban 3 días más, para que ocurriera la prescripción del delito, así que él fue encarcelado. La gente pensaba que él tenía mala suerte y los periodistas le preguntaron ¿cómo se sentía?, entonces respondió: “Me siento tranquilo ahora.” Durante 10 años, no pudo tener tranquilidad y estaba viviendo con mucha tribulación y angustia, pero cuando se entregó a la policía, por fin pudo tener tranquilidad en su corazón. Los que hacen lo bueno tiene la gloria, honra, y paz que viene de Dios.
Tercero, Dios nos juzgará con la ley. Miren el v12. “Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados.” Los que conocen la ley serán juzgados por la ley que conocen. Los que no conocen la ley también perecerán sin ley. El artículo 2 del Código Civil de Venezuela dice: “La ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento.” Esto quiere decir que aunque no conozcamos la ley debemos asumir la responsabilidad de su incumplimiento. Aunque no conozcas la ley de Dios, no puedes evitar el juicio de Dios, porque tú perecerás por los pecados que hayas cometido. Además todos los humanos tienen su conciencia, la cual es la ley para cada uno. Leamos el v14. “Porque cuando los gentiles que no tienen la ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos.” Por tener conciencia, si hacemos lo malo, tenemos conflictos internos, porque nuestra conciencia nos acusa y nos defiende. Por lo cual no podemos excusarnos por no conocer la ley de Dios ante su tribunal.
Por último leamos el v16. “en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” Dios nos juzgará por Jesús los secretos de nuestra vida. No podremos esconder nada ante los ojos de Dios. Por lo cual debemos vivir conforme al evangelio de Jesús, haciendo buenas obras para glorificar a Dios. Pero por nuestra naturaleza pecaminosa no podemos ser perfectos al cumplir las leyes de Dios, por lo cual nuestra salvación no proviene de nuestras obras, sino de la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Oro que seamos buenos hijos de Dios que glorifican su nombre. Amén.
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