|
Este año el mundo comenzó con muchos problemas, primero con la crisis económica y luego con la guerra en Gaza. Israel comenzó a bombardear a Gaza el 27 de diciembre de 2008. Ya han pasando 16 días y todavía sigue la guerra a pesar de varios intentos de cese del fuego, realizados por las Organización de Naciones Unidas. El nombre de Gaza aparece por primera vez en el capítulo 10 de Génesis, que dice que los hijos de Canaán habitaron en Gaza, pero Abraham, quien fue descendiente de Sem, se mudó a Canaán conforme a la promesa de Dios y luego los israelitas, los hijos de Abraham, salieron de Egipto y conquistaron Canaán. Cuando el reino de Judá fue conquistado por Babilonia, los israelitas perdieron su territorio, y luego fueron colonizados por Persia, Grecia, y Roma. El imperio romano expulsó a los judíos de Canaán y fueron dispersados por Europa, vivieron sin país durante 2.000 años aproximadamente, recibiendo menosprecios y persecuciones por los europeos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los judíos pidieron formar nuevamente su país en Canaán, pero allí estaban viviendo los palestinos y la Organización de Naciones Unidas los permitió. De esta manera se formó el país Israel el año 1948. Los palestinos se molestaron por el regreso de los israelitas y otra vez comenzó el conflicto entre los israelitas y los palestinos. Ya han pasado más de 60 años de esta pelea entre ellos y el ataque de Israel a Gaza está en la misma línea de este fondo histórico. Lo que nos hace sentir tristes, es que hay gran odio entre ellos y no quieren ver a su enemigo como seres humanos, sino como peores que animales. Obviamente la fuerza militar de Israel es mucho superior a la fuerza militar de Gaza, donde gobierna un grupo llamado Hamas. Por el ataque agresivo de Israel hasta ahora han muerto más de 800 personas en Gaza, y entre ellas 30% son niños. Los militares israelí atacaron a civiles.
Ese hecho nos hace sentir gran molestia y crítica contra Israel. Además un programa de comedia de Israel molestó mucho a la gente, porque transmitía esa guerra como un juego deportivo, al decir: “Actualmente los puntajes son 500 contra 4. Todavía estamos bien, pero no es muy satisfactorio, debemos abrir más la diferencia. Ah, mientras que estamos hablando nuestro equipo atacó una tienda de ropa y ahora estamos ganando 501 contra 4.” Leyendo esta noticia no podía aguantar el juicio que salía de mi boca, y dije: “Estos judíos son crueles, porque tratan a otros pueblos como animales. Hay que condenar a los judíos en la comunidad internacional.” A la vez juzgue a los líderes de Hamas: “Estos líderes incapaces no saben que su pueblo sufren por ellos. Este grupo Hamas jamás quiere tener paz para su pueblo. Hay que eliminar a este violento grupo.” No solo yo, sino también muchos de ustedes criticaron a los israelitas y a los líderes de Hamas. No tengo duda de que ellos serán condenados, pero no por nosotros, sino por nuestro Dios que es justo. Y nosotros debemos chequear nuestro ser e interior para ver si no tenemos odio, molestia, y rabia por otros hermanos, si es así, no hay diferencia entre nosotros y los criminales de la guerra.
A través del capítulo 1 de Romanos, aprendimos sobre los pecados que cometen los humanos. Los vs. 29-31 dicen que esos pecados son: injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia, etc. Ninguno de nosotros está libre de estos pecados, porque hemos cometido adulterio físicamente o mentalmente, hemos envidiado a otros, hablado mal de otras personas, y hemos sido soberbios ante Dios. Ante esta lista de pecados automáticamente confesamos que somos pecadores.
Sin embargo, extrañamente hay algunas personas que no sienten que son pecadores, aunque leen esta lista de pecados u oyen estas palabras a través de un pastor. Cuando yo estaba entregando este mensaje, esperaba que todos nuestros hermanos recibieran la acusación de su consciencia y espíritu y reconocieran sus pecados. Por supuesto muchos hermanos tenían caras serias y preocupadas por sus pecados y se arrepintieron de ellos, pero otros hermanos parecía que estaban muy tranquilos, pacíficos, y contentos. En medio de ese mensaje un hermano estaba escribiendo un mensaje de texto con su celular, otro hermano tenía sus ojos soñolientos, casi a punto de dormir, y una hermana se paró y fue al baño. Entonces, ¿por qué ellos están tan tranquilos ante estas palabras que exigen nuestro arrepentimiento? Porque piensan que no tienen estos pecados. Porque piensan que los pecados que menciona la palabra de Dios no tienen nada que ver con su vida. Porque piensan que están llevando una vida justa y correcta ante Dios. Porque piensan que son diferentes a estos pecadores que viven según sus deseos carnales.
En el mundo hay muchas personas que luchan para llevar una vida correcta moralmente. Ellos no quieren engañar a nadie, ni quieren robar a nadie, ni quieren hablar chimes, ni quieren dañar a nadie. Intentan hacer buenas obras y ayudan a los pobres, las viudas, los huérfanos y sus vecinos que tengan necesidad. Ellos son muy buenas personas, por eso tienen buen testimonio entre sus amigos y vecinos. De verdad ellos son buenos ciudadanos y dignos de recibir reconocimientos sociales. Pero estas buenas obras, no necesariamente son justas ante los ojos de Dios. Sus buenos hechos al ayudar a los pobres no los libera de la condenación de Dios. Con sus buenas obras no pueden ser salvos, porque son pecadores como los asesinos, los ladrones, y los estafadores. Al escuchar estas palabras, algunos se pueden sentir muy mal y me van a reclamar diciendo: “¿Cómo es posible que me compares con asesinos y ladrones? Yo no soy como ellos, he luchado mucho para que mi vida sea correcta”, y no quieren aceptar que son pecadores.
Los judíos también pensaban: “Somos el pueblo escogido por Dios. Ya nos está garantizada la salvación. Y estos pueblos ajenos son como cochinos y perros. Ellos son pecadores que van a ser condenados y nosotros somos justos.” Por eso los judíos menospreciaban a los gentiles. Hay algunos hermanos que tienen orgullo en su corazón y piensan: “Ya me he arrepentido de mis pecados y mi vida ha cambiado. Ya no soy como estos adúlteros y mentirosos. Yo conozco la palabra de Dios y la estoy cumpliendo bien. Ya no necesito arrepentirme más.” Lo que ellos hacen es, ver a otros hermanos que cometen pecado y juzgarlos con su propio criterio. Pero ¿cuál es la respuesta de Dios para ellos? Leamos el v1. “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” Al hablar de este pecado de condenar a otros, el tono de Pablo se aumenta y dice: “Eres inexcusable, oh hombre”, porque ellos piensan que no son pecadores, por eso necesitaba regañarlos fuertemente, para que se despertaran de esa ignorancia espiritual. ‘Juzgar’ es ‘Deliberar', quien tiene autoridad para ello, acerca de la culpabilidad de alguno. Es decir, el derecho a juzgar no pertenece a cualquier persona, sino solamente a los que tienen autoridad pública como los jueces. Ellos cumplen con su responsabilidad social permitida, por eso pueden juzgar a otros. Sin embargo, ellos tampoco tienen el derecho a juzgar a otros fuera de su responsabilidad social, sino solamente nuestro Dios tiene la autoridad para juzgar a los humanos. Por lo cual juzgar a otros es invadir al derecho exclusivo de Dios y es el pecado de desafiar la soberanía de Dios.
Sin embargo, muchas veces cometemos este pecado por nuestro orgullo. Al ver las injusticias sociales de violencia, robo, violación, abuso sexual, maltrato, explotación laboral, corrupción, abuso de poder público, desigualdad y desequilibrio económico, etc., condenamos a asesinos, ladrones, abusadores, jefes, funcionarios públicos, políticos, ricos, etc. Hubo un hombre llamado Jeffrey Dahmer que había matado a 17 personas, cuando la policía lo arrestó, encontraron en la nevera de su casa carne humana, porque la guardaba para comérsela. ¿No sentimos que este tipo de persona debe ser condenada a pena de muerte? Pero en la cárcel él aceptó a Cristo y se convirtió en un fiel cristiano. Sin embargo, a otros cristianos les era muy difícil aceptarlo como uno de los hermanos en Cristo.
También juzgamos a nuestra familia y a nuestros amigos. El esposo juzga fácilmente a su esposa, porque no lo respeta, y dice: “Que Dios la juzgue, porque ella es una orgullosa.” Y la esposa juzga fácilmente a su esposo, porque no quiere ayudarla a limpiar la casa, y dice: “Que Dios lo juzgue, porque es flojo.” En la iglesia también juzgamos a nuestros hermanos. Un líder que cumple con sus tareas, piensa de otros que “son irresponsables”, al ver a un pastor, dice: “El no es espiritual”, al ver a un hermano nuevo piensa: “El es demasiado pecaminoso”, al ver a un candidato a discípulo: “El no es fiel.” Muchas veces nos auto condenamos a nosotros mismos diciendo: “No merezco servir a Dios por mis pecados. No puedo ser un líder, porque he fallado mucho. No voy a seguir el discipulado porque no he ido a la iglesia.” A veces juzgamos a nuestros hermanos inconscientemente.
Viendo el pecado de un hermano debemos ayudarlo para que se arrepienta, pero la forma de ayudarlo tiene que ser muy prudente. Una hermana tuvo buena intención al ayudar a otra, pero sus palabras hirieron a la otra hermana y se sentía condenada. Para ayudar a otros debemos controlar nuestra emoción y frenar nuestras lenguas. Debemos orar a Dios para ayudar a nuestros hermanos. Orando Dios recibiremos el entendimiento, sabiduría y las palabras adecuadas, entonces podremos ayudar bien a nuestros hermanos.
¿Por qué son inexcusables los que juzgan a otros? Porque el que juzga hace lo mismo. ¿Quién puede juzgar a los adúlteros? Jesús dijo: “Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” ¡Cuántas veces hemos cometido adulterio! ¿Quién puede juzgar a los asesinos? Jesús dijo: “Cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio.” Entonces, ¿no hemos cometido homicidio? Antes de juzgar a otros, debemos chequear nuestro interior, entonces veremos que tenemos muchos pecados y no podremos juzgar a otros. Jesús dijo: “¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.” (Lc. 6:41,42) Los orgullosos no revisan su propio ser, sino quieren ver las fallas de otras personas, porque piensan que son superiores a otros, quieren ayudar a otros, pero sin sacar la viga de sus propios ojos, por eso dañan a otros hermanos. Así los orgullosos son muy peligrosos, porque dañan a otras personas. Ellos generan muchos problemas en la iglesia y dañan la obra de Dios.
En cambio los humildes son preciosos para Dios. ¿Qué es la humildad? Filipenses 2:3b dice: “Estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” Los humildes estiman a otros como superiores a sí mismos. Por eso ellos ven primero la viga de sus propios ojos y luchan para limpiarse primero ante Dios, luego ayudan a otros con mucha humildad, de esa manera los que reciben su ayuda no se sienten condenados y aceptan sus consejos de cambiarse. Dios quiere que seamos humildes para su gloria. Oro que haya mucha armonía y alegría en nuestra vida a través de vivir con humildad, estimando a los demás como superiores a nosotros mismos. Amén.
| |