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  ROMANOS 1:14-17

Versículo Clave: 1:16

"Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego"

 

Hace 19 años, cuando estaba en el primer año de la universidad, conocí a Jesús y experimenté el poder del evangelio. Yo era una persona muy triste y negativa. Tenía la cara oscura y seria. Pero en la convivencia de verano del año 1989, escuché la voz de Jesús que me decía: “Ni yo te condeno, vete, no peques más.” En ese momento pude tener gran paz y alegría en mi corazón. Una pastora me dijo: “Mira, tu cara está brillando.” La tristeza se convirtió en alegría, y mi mente negativa se convirtió en positiva. Pude encontrar el sentido de mi vida y comencé a predicar el evangelio a otros.

Entre mis ovejas hubo un hermano que sufría de insomnio. Su padre murió cuando tenía apenas 15 años. Durante su entierro, sintió que la vida no tenía ningún significado. En las noches no podía dormir por la tristeza y buscaba prostitutas. Pero cuando fue invitado a la convivencia de verano del año 1990, escuchó las palabras de Jesús que le decían: “Hijo, tus pecados te son perdonados” así sintió el perdón de todos sus pecados. Esa noche pudo tener un dulce sueño. Hubo otro hermano, que tuvo un gran conflicto interno a causa de su deseo carnal. Cuando escuchó la palabra de Dios, se dio cuenta que tenía que arrepentirse de sus pecados, sin embargo el poder del pecado no lo dejaba libre. Una noche tuve una conversación profunda con él y oramos juntos. Luego tomó la decisión de arrepentirse y fue liberado de sus pecados. El pudo tener gran alegría en su corazón y esa alegría se reflejaba en su cara. Experimentando los cambios de varios hermanos pude tener mayor convicción en el poder del evangelio.

Con esa convicción llegué a Venezuela hace 12 años, el 5 de noviembre de 1996. Durante estos 12 años, Dios me ha mostrado claramente que el poder del evangelio es suficiente, para convertir a los pecadores en hijos santos de Dios. La mayoría de los hermanos que están aquí han experimentado este poder del evangelio, porque experimentamos el poder del evangelio y tenemos convicción en él, estamos aquí sirviendo la obra de Dios. Tengo fe en Dios que convertirá a nuestro pueblo en un pueblo santo y sacerdotal con el poder de su evangelio. Amén.  

El apóstol Pablo experimentó este poder del evangelio en el camino de ir a Damasco. Él era un perseguidor cruel, que quiso matar a todos los seguidores de Jesús. Pero Jesús intervino en su vida. De repente un resplandor de luz del cielo le rodeó y se cayó en tierra. De inmediato oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Esto fue el primer encuentro de Pablo con Jesús. Luego su vida cambió radicalmente. Un perseguidor del evangelio se convirtió en un predicador del evangelio. La gracia de Jesús para él fue muy grande, porque sentía que era el peor pecador de todos, por eso trabajó durante toda su vida y con todas sus fuerzas, para el Señor más que otros. El recorrió toda Asia Menor y Europa predicando el evangelio de Jesucristo.

Miren el v14. “A griegos y no a griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.” Los griegos clasificaban al mundo en dos niveles: el mundo griego y el mundo no griego. Por lo cual ‘a griegos y no a griegos’ quiere decir ‘a todos los pueblos. Y ‘a sabios y no a sabios’ quiere decir ‘a toda clase de personas.’ Pablo dijo: “A todos los pueblos y a toda clase de persona soy deudor.” Pero, ¿qué deuda tenía Pablo con ellos? ¿Acaso él recibió un préstamo de todas las personas del mundo? ¡No! La deuda que tenía Pablo era con Jesús. El había recibido de Jesús la vida eterna, el gozo espiritual, la paz celestial, los dones del Espíritu Santo, el propósito de su vida, el sentido de vivir, etc. La gracia que él había recibido de Jesús era tan grande, que sentía que tenía mucha deuda con Jesús, y pensó cómo pagarle la deuda. 

Seguramente, se acordó de las palabras de Jesús que les había dicho a sus discípulos: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mt.25:40) Y de las que Jesús le dijo a Pedro: “¿Me amas? Apacienta a mis ovejas” (Jn.21:17) Esto le dio la convicción de que la forma de pagar su deuda con Jesús, era predicar a las ovejas el evangelio de salvación. Por eso, Pablo asumió la responsabilidad de predicar el evangelio a todo el mundo, con sentido de deudor hacia ellos. ¿Han tenido deuda con alguien? ¿Cómo te sentías? ¿Presionado, verdad? Al ver a nuestros acreedores sentimos la obligación de pagar nuestras deudas. Pablo, tuvo este sentido de deudor de predicar el evangelio a los demás. Al ver a una persona, se sentía presionado y pensaba: “Tengo que pagarle mi deuda,  predicándole el evangelio.” Esto se llama ‘Responsabilidad divina’. Porque recibimos la gracia de Jesús, tenemos esta responsabilidad divina de pagar la deuda del evangelio a otros. ¿Tienes este sentido de deudor?

Leamos el v16. “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego.” Pablo dijo que no se avergonzaba del evangelio. En esa época el evangelio era una vergüenza a los que no lo creían, porque el tópico principal del evangelio es que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. Para los romanos, la muerte en la cruz era la máxima vergüenza de todos. Para los judíos, el Mesías debió tener mucho poder para liberar a su pueblo, derrotando al imperio romano, por eso ellos no podían aceptar que el Mesías fuese castigado y muriera en la cruz débilmente. 1Co.1:23 dice: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura.” ¿Cómo la gente podría creer que un joven que murió en una cruz, es el Salvador? La predicación de los cristianos era una locura para los gentiles. Cuando ellos oían el evangelio de Jesucristo, se burlaban de los cristianos. Les decían: “Locos, váyanse de aquí.” En ese ambiente los cristianos podían sentirse avergonzados por el evangelio. Algunos de los hermanos no se manifestaban como cristianos llevando una vida de fe oculta.

Quizás algunos de nuestros hermanos tienen vergüenza de mostrarse como cristianos evangélicos. Aquí hay un ambiente que dice que los evangélicos son locos, criminales, tontos, etc. Dicen que somos locos, porque cantamos aplaudiendo como locos y a veces gritamos rogando a Dios. Pero en un concierto de cantantes populares, la gente canta y grita más que los cristianos evangélicos. Entonces, ¿no son locos ellos? Hay muchos locos en el mundo, algunos están locos por el dinero, otros por sexo, otros por vanidad, otros por fama. ¿No es mejor estar locos por Jesús quien es el camino, la verdad y la vida? Dicen que somos criminales, porque a la iglesia asisten muchos tipos de personas como ladrones, malandros, drogadictos, etc. para recibir la gracia de Jesús. Ellos necesitan la ayuda de Dios, por eso van a la iglesia. La iglesia debe ser un lugar donde los pecadores se reúnen para ser perdonados y corregir su vida ante Dios. ¿No es una obra maravillosa si un malandro va a la iglesia y se arrepiente de sus pecados y cambia su vida? Entonces, la gente debe glorificar a Dios en lugar de burlarse del evangelio. La gente se burla de los cristianos evangélicos, porque no conoce el poder de Dios que se manifiesta en el evangelio.

¿Por qué Pablo dijo que no se avergonzaba del evangelio? “Porque es poder de Dios para salvación.” La salvación, es ser liberado de un riesgo o peligro. Todos los humanos estamos en peligro de muerte. No sabemos cuándo vamos a morir. Es posible que muramos de repente por un accidente tránsito, pelea contra algún malandro, una enfermedad, un ataque de corazón, etc. Hay un dicho que dice: nacimos en orden, pero no moriremos en orden. Nadie puede evitar la muerte, y algún día debemos enfrentarla. Pero lo peor no es nuestra muerte física, sino la muerte eterna que viene de la condenación de Dios. Ap.21:8 dice: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” Los condenados por Dios sufrirán para siempre, pero los justificados por el evangelio de Jesús se alegrarán para siempre en el Reino de Dios, después de su muerte física. Por lo cual la salvación es ser liberado de la muerte eterna.

Pablo dijo que el evangelio es el poder de Dios para salvación, porque el evangelio nos libera de la condenación de nuestros pecados. Nosotros debemos morir, como pago de nuestros pecados, sin embargo, Jesús murió en la cruz en lugar de nosotros y pagó toda la deuda que tenemos con Satanás. De esta manera Jesús nos quitó toda la culpabilidad proveniente de nuestros pecados. Por eso podemos ser libres de la condenación y tener la vida eterna. Esto es el poder del evangelio que nos da salvación. También la salvación, nos libera de la esclavitud del pecado. El evangelio, tiene efecto no solamente para nuestra vida después de la muerte, sino también en esta vida actual.

Nosotros sufrimos mucho por nuestros pecados. Aunque fuimos liberados de la culpa de nuestros pecados, muchas veces domina el poder del pecado sobre nosotros. Después de saborear la gracia de salvación de Jesús, no queremos cometer más pecados. Sin embargo, por nuestra debilidad y naturaleza pecaminosa, caemos otra vez en el pecado. No queremos caer en adulterio, fornicación, lujuria, pornografía, pero otra vez cometemos estos pecados. No queremos caer en incredulidad, depresión, sentido de nada, pensamiento negativo, pero otra vez encontramos que nuestro ser que está sufriendo por ellos. No queremos actuar según nuestro mal carácter, pero otra vez nos molestamos con otros, los gritamos y discutimos con ellos. Cada vez que nos ocurran estas cosas, nos decepcionamos pensando que jamás podremos superar nuestros pecados. Pero el evangelio es el poder de Dios para liberarnos de toda esclavitud de nuestros pecados. La sangre derramada de Jesús tiene suficiente poder para cortar las cadenas del pecado que nos amarran. Con el poder del evangelio podemos llevar una vida santa y agradable a Dios, sirviendo su obra y glorificándole. El evangelio no es una teoría, sino el poder de Dios para salvación.

Entonces, ¿qué debemos hacer para recibir este poder del evangelio? La palabra dice: “Porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego.” El secreto de recibir el poder del evangelio es creer en que el evangelio tiene suficiente poder para liberarnos de la culpabilidad y la esclavitud del pecado. ¿Lo creemos? Amén. Si nosotros experimentamos este poder del evangelio, no debemos tener vergüenza de predicar el evangelio a los que no lo conocen. Al contrario, debemos tener mucho orgullo, porque tenemos este tesoro y podemos ayudarles a otros con el poder del evangelio. ¿Tienes vergüenza por predicar el evangelio de salvación? Oremos para que seamos grandes predicadores que tengan esta convicción en el poder del evangelio como Pablo. Amén.

Leamos el v17. “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Más el justo por la fe vivirá.” ¿Qué se revela en el evangelio? ¡La justicia de Dios! ¿Qué es la justicia de Dios? El apóstol Pablo no está hablando de ‘el atributo justo’ de Dios, si fuese así, seríamos condenados por el evangelio. Entonces, el evangelio no sería para la salvación, sino para el juicio de Dios. Lo que quiere decir el apóstol es ‘en el evangelio se revela la justicia que viene de Dios.’ La justicia que viene de Dios es la justicia preparada por Dios y ofrecida a nosotros a través de nuestro Señor Jesucristo. Jesús cumplió todas las leyes de Dios y se ofreció como un Cordero de Dios para la salvación de los humanos.

Jesús ofrece esta justicia a los humanos para que crean en él y tenga la vida eterna. Por lo cual podemos vestirnos con la justicia de Jesús y nuestras fallas y errores serán cubiertas por la gracia de Jesús. De esta manera podemos tener salvación de la muerte eterna. ¿Cómo podemos vestirnos con la justicia de Jesús? La palabra dice: por fe y para fe. Por fe nos vestiremos de Jesús y la justicia de Dios se manifestará en nuestra fe. Por lo cual, nosotros viviremos por la fe desde el principio hasta el final. “Mas el justo vivirá por la fe.” Amén.

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