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  ROMANOS 1:3b-5a

Versículo Clave: 1:5a

"y por quien recibimos la gracia"

 

En nuestra vida siempre recibimos buenas y malas noticias. La noticia más alegre que recibí la semana pasada fue que le salió un cupo al hermano Alirio para estudiar en la Universidad de Carabobo. Dios respondió a su oración y a la de su esposa Yenny, y le mostró claramente que lo llamaba para predicar el evangelio en la Universidad de Carabobo. Alabo a Dios por escuchar nuestra oración de establecer una iglesia en Carabobo antes de este año.  Alirio va a estudiar computación, la cual no tiene nada que ver con su carrera actual de la UCV, sociología. Le salió este cupo solamente por la gracia de Dios. Aunque él no merecía recibir el cupo de estudiar en la Universidad de Carabobo, fue Dios que se lo permitió. Esta es la gracia de nuestro Dios.

En estos días un hermano me comentó que su empresa le descontó más dinero del que le correspondía por no haber ido a su trabajo. Es normal en esta sociedad que la gente quite injustamente a otros sus beneficios, porque ellos no están en el mundo de la gracia. En la Biblia hay una parábola totalmente opuesta a la realidad de este mundo. Un día el dueño de una viña salió para buscar a sus obreros. Un grupo comenzó a trabajar desde las 7 de la mañana, otro grupo desde las 9 de la mañana, otro grupo desde las 12 de la tarde, otro grupo desde las 3 de la tarde, y otro grupo desde las 5 de la tarde. A las 6 de la tarde el amo comenzó a pagarle a sus obreros, y les dio el salario diario a todos hasta a los llegaron a las 5 de la tarde. Ellos recibieron el salario de un día después de trabajar solamente 1 hora. Esta es la gracia de Dios. En este ambiente social egocéntrico y estricto, la iglesia debe ser como un oasis en el desierto, de abundante aguas frescas para que los cansados y trabajados puedan descansar en Dios. Para esto la iglesia debe estar llena de la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

Es muy obvio que la iglesia esté llena de la gracia de Dios, porque entramos en el mundo espiritual de Jesús por la gracia, no por las obras. Comenzamos nuestra vida de fe por la gracia, así que debemos llevar nuestra vida de fe por la gracia hasta el día que vuelva nuestro Señor Jesús. La palabra de Romanos nos ha enseñando claramente esta gracia. ¿Cómo pudimos ser siervos de Jesucristo? ¿Por la gracia de Jesús o por nuestras buenas obras? ¿Cómo pudimos ser llamados a predicar el evangelio de Dios? ¡Por la gracia de nuestro Señor Jesucristo! Por eso el apóstol Pablo dice que por Jesús hemos recibido la gracia. Entonces, ¿cómo Pablo presenta a Jesús quien nos ha dado esta gran gracia?

Miren los vs.3b, 4. “que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.” En estos versículos el apóstol Pablo habla de dos aspectos de Jesús: el aspecto humano, según la carne, y el aspecto espiritual, según el Espíritu de santidad.

¿Por qué es importante saber que Jesús era del linaje de David según la carne? Porque Jesús vino a esta tierra con un cuerpo humano. ¿Quién es Jesús en su naturaleza? Es Dios el Hijo. Sin embargo él se humilló habitando en un cuerpo humano para estar con nosotros y morir en la cruz por nuestros pecados. Filipenses 2:6-8 dicen: “el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” El Dios grande y Todopoderoso nació en un sucio pesebre como un bebé pequeño y débil. ¿Pueden imaginar esta gracia de nuestro Señor Jesucristo? ¿Quién de nosotros estará dispuesto a hacerse una cucaracha para salvar a estos insectos? Pero la encarnación de Jesús fue la mayor humillación, porque Él, siendo el Creador, tomó la decisión de ser una criatura. Él vivió con los humanos y experimentó los dolores que nosotros padecemos, y aún más, porque murió por nosotros en la cruz. Por esta razón él puede entender perfectamente nuestra condición humana, además él puede abogar por nosotros ante Dios el Padre.

1Ti.2:5 dice: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” También 1Jn.2:1 dice: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” Jesús es nuestro abogado que defiende nuestras debilidades ante Dios.

Es importante saber que Jesús era del linaje de David, porque Dios había dado la promesa que el Mesías iba a nacer entre los descendientes de David. Esta promesa que Dios había dado a Adán, después de su pecado fue heredada en Abraham, quien es el padre de los hebreos. Y luego pasó a Isaac, a Jacob, y a Judá, esto es, que el Mesías vendría de entre la tribu de Judá. Luego ella se hizo más concreta en la época de David, porque Dios le prometió a David que vendría el Mesías desde sus descendientes, por eso los judíos esperaban al Salvador que vendría de la familia de David. Cuando Jesús estaba en el camino, un ciego le gritó diciendo: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Para ellos el Hijo de David era el Salvador de su pueblo, por eso el autor Lucas habla claramente que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y nació de una virgen María, la cual era del linaje de David. San Mateo 1:1 dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” Por lo cual Jesús es el Mesías prometido en la historia de Dios.

Pero Jesús existe desde mucho antes que David, porque Él es Dios el Creador. El Salmo 110:1 escrito por David dice: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra.” En esta palabra Señor es el Mesías. David mismo llamó al Mesías “Señor”, entonces si el Mesías es nada más un descendiente suyo, ¿cómo podría Él ser el Señor de David? Esto quiere decir que el Mesías existe desde mucho antes que David y es Dios el Hijo. Jesús no es solamente un humano, sino a la vez él es el Dios eterno. Por eso el apóstol Pablo dice: “que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.” Ser declarado quiere decir ‘poner en manifiesto lo que estaba oculto.’ Jesús es el Hijo de Dios con poder en su propia naturaleza, pero su Divinidad fue ocultada por haber venido a esta tierra con un cuerpo humano. Pero esta verdad fue declarada cuando Jesús resucitó de entre los muertos. Esta palabra no quiere decir que Jesús se convirtió en el Hijo de Dios por su resurrección, sino que se manifestó al mundo que era el Hijo de Dios por su resurrección. Cuando nació mi hijo Samuel, por mi negligencia no lo registré en la jefatura hasta que naciese mi hija Anita. Aunque él no fue declarado al gobierno durante más de 20 meses como mi hijo, él era mi hijo por haber nacido de mí. Pero cuando él fue registrado a la jefatura, ya el gobierno lo reconoció públicamente como mi hijo. Pero esto no quiere decir que él se hizo mi hijo por el reconocimiento del gobierno. Igualmente Jesús era Hijo de Dios desde el principio de la eternidad, y él fue declarado Hijo de Dios en este mundo por su resurrección de entre los muertos. Por lo cual no podemos dudar de la Santidad de Jesús. Hay algunos grupos que no quieren aceptar que Jesús es Dios. Ellos cometen este error por su falta de conocimiento bíblico. La Biblia habla claramente que Jesús es Dios el Hijo entre la Trinidad de Dios.

¿Qué recibimos por este Jesús, quien es un hombre perfecto y un Dios perfecto? Miren el v5a. “y por quien recibimos la gracia.” ¿Qué es la gracia? La gracia es el regalo gratuito de Dios. Si recibimos algo que no merecemos, eso es la gracia. Entre toda la gracia que recibimos de Dios, la gracia de salvación es la mayor, porque nosotros no hicimos nada para ser salvos, sino fue Dios quien planificó, ejecutó y cumplió la obra de salvación. Debemos saber muy bien esta verdad. Te pregunto: “¿Hiciste algo para tu salvación?” Si es así, tú salvación no es por la gracia de Jesús en un 100%, sino por tus obras. Algunos pueden decir: “Yo tomé la decisión de creer en Jesús”, “Yo tomé la decisión de ir a la convivencia de verano pagando por mi inscripción.” Pero, debemos entender que el que te hizo tomar la decisión de creer en Jesús fue el Espíritu Santo, que conmovió tu corazón. Porque Jesús cumplió completamente la obra de salvación, no necesitamos hacer algo para ser salvos, sino solamente creer en Jesús quien murió por nuestros pecados. Piensa bien, ¿cómo era tu vida antes de conocer a Jesús? ¿No era un desastre? ¿Merecíamos recibir la salvación de Dios? Aunque no hemos hecho nada para ser limpios y aún si intentábamos hacer algo por nuestras propias fuerzas fracasábamos siempre repitiendo los mismos pecados, Jesús perdonó todos nuestros pecados y nos ha dado la vida eterna. ¡Esta es la gracia!

El tópico principal del libro de Romanos es: “SALVACIÓN POR LA FE”. Nosotros entramos en el mundo de Jesús por la fe, vivimos en Cristo por la fe y terminaremos nuestra vida por la fe. Por eso 1:17 dice: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” En la época de Pablo había falsos maestros que decían que tenían que circuncidarse y guardar las leyes de Moisés para ser salvos. Pablo los llamó “mutiladores del cuerpo”. Ellos agregaron obras humanas a la gracia de Jesucristo para salvación. Por eso Pablo los regañó severamente diciendo: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” (Gá.1:8) En la universidad había un grupo que decía que para ser salvos tenías que ser bautizado con agua. Ellos agregaron el bautismo de agua como una condición de la salvación. Yo los llamaría los mutiladores del cuerpo del siglo 21. Ellos se equivocaron en la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Hay grupos que son legalistas y que ponen muchas reglas para la salvación. Me dijeron que todavía hay un grupo que dice que las hermanas tienen que ponerse faldas para ser salvas. Ellos no entienden la palabra de Dios y la gracia de nuestro Señor Jesucristo, por eso debemos estudiar la Biblia profundamente entendiendo el significado de cada versículo. Las reglas son necesarias para el orden de la iglesia, pero estas reglas no son esenciales para nuestra salvación.

Un hermano me comentó que antes nuestra iglesia era muy estricta, pero ahora es muy libre, y que él extraña esa época de fuerte entrenamiento. Creo que muchos de los líderes lo están extrañando porque quieren que los nuevos discípulos también pasen por fuertes entrenamientos. De verdad recuerdo que en esa época había más exigencias que ahora. En el discipulado tenían que cantar en voz alta, escribir testimonio bíblico sin excepción, exhortaciones fuertes del pastor, etc. El día del discipulado eran los sábados y los hermanos tenían que pasar los sábados y domingos en la iglesia. Por esos entrenamientos fuertes algunos decían que éramos legalistas. Ahora el entrenamiento de discípulos se hizo más suave y divertido. Los candidatos a discípulos comparten testimonio bíblico por turno, cada mes tenemos un paseo, tenemos el discipulado los domingos para que tengan los sábados libres, y aunque un hermano falte algunos domingos no lo sacamos del discipulado. Parece que llegó ¡la época de gracia!, pero vivir en la gracia no quiere decir vivir según nuestros deseos carnales. Algunos hermanos cometen pecados libremente pensando que Jesús los va a perdonar otra vez por su gracia, pero ellos no entienden qué es vivir en la gracia y realmente no han recibido esa gracia que viene de Jesús.

Para vivir en la gracia debemos tener una buena relación con nuestro Señor, debemos estar firmes en su amor y verdad. Después de recibir la inmensa gracia de nuestro Señor Jesús, no podemos vivir conforme a nuestros deseos carnales, sino que viviremos doblando nuestros deseos humanos para obedecer a la voluntad de Dios. De hecho la gracia nos fortalece a vivir conforme a la voluntad de Dios. Por eso el apóstol Pablo le dijo a Timoteo, su hijo espiritual: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” (2Ti.2:1) Oro que nuestros hermanos y hermanas estén llenos de la gracia de Jesús para seguir el camino de la verdad con fuerza y alegría. Amén.

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