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Agradezco a Dios por darnos esta oportunidad de estudiar el libro Romanos. Este libro fue escrito por el apóstol Pablo a los hermanos que estaban en Roma apróximadamente en el año 57 ó 58 d.C., cuando Pablo estaba en Corinto durante su tercer viaje misionero. Parece que este libro es la primera epístola de Pablo por su ubicación en la Biblia, ya que está después del libro Hechos, pero en realidad cronológicamente Romanos no es la primera epístola del apóstol, otras fueron escritas antes; 1Tesalonicenses alrededor del 51 d.C. y 1Corintios en el año 55 d.C. Pero, ¿por qué Romanos está colocada antes? Es por la importancia de esta epístola, ésta ha tenido mucha influencia espiritual a los que leían este libro dentro de la historia cristiana. De hecho muchos siervos de Dios fueron convertidos a través del libro Romanos.
Por ejemplo, un famoso hombre de fe San Agustín (354-430) estaba llevando una vida de fornicación, inmoralidad, y borrachera. Un día él estaba angustiado por su vida y escuchó la voz de un niño que decía: “Toma el libro y lee, Toma el libro y lee”, de inmediato él fue a su casa, tomó la Biblia, la abrió y comenzó a leerla. La parte que él leyó fue Romanos 13:13,14 que dice: “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.” Ante esta palabra San Agustín se arrepintió de su vida pecaminosa y tomó la decisión de llevar una vida santa ante Dios. Cuando la falsa doctrina de Pelagius atacaba a la iglesia enfatizando las buenas obras para la salvación, San Agustín enseñó a los hermanos la salvación por la fe a través del libro Romanos, y tuvo la victoria y pudo defender la verdad. Martín Lutero (1483-1546) estuvo al frente de la Reforma cristiana. El era sacerdote y cuando él estaba enseñando Romanos a sus alumnos, la palabra de Ro. 1:17 “Mas el justo por la fe vivirá” tocó su mente, corazón y espíritu, y él fue convencido de la salvación solamente por la fe, luchando así para la Reforma de la iglesia cristiana. Juan Wesley (1703-1791) es el fundador de la iglesia Metodista e hizo un gran movimiento espiritual en Inglaterra. Aunque su padre era pastor, él todavía no había encontrado a Jesús personalmente. Un día él fue a una reunión y allí escuchó la introducción del libro de Romanos escrita por Martín Lutero, y sintió que era un pecador y que Jesús lo perdonaba. En ese momento él pudo tener convicción de la salvación y trabajar como un gran predicador.
El libro Romanos nos enseña que somos salvos por la fe y cómo tiene que ser la vida cristiana. Este libro es suficiente para enseñarnos el camino de salvación, por eso se llama ‘La yema de la Biblia.’ Muchos de nuestros hermanos y hermanas que están aquí conocieron a Jesús como su Salvador. También hay hermanos que todavía no han tenido un encuentro personal con Jesús. Estos mensajes del libro Romanos van a ayudar a nuestros hermanos que conocen a Jesús para que estén más firmes en la salvación, y a nuestros hermanos que todavía no conocen a Jesús que alcancen la salvación por la fe en Jesús. Estoy convencido de que este libro que tiene el poder de Dios va a cambiar nuestra vida según su voluntad. Oro que Dios nos de mucho deseo espiritual de aprender cada mensaje de Romanos. Amén.
Leamos el v1. “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios.” Este versículo es la presentación de Pablo. El se presenta a sí mismo en dos posiciones: primero, siervo de Jesucristo, segundo, como apóstol. El siervo de Jesucristo es una posición ante Jesús y el apóstol es una posición ante el mundo, es decir que Pablo se presenta a sí mismo como un siervo ante Jesús, pero como un apóstol ante el mundo. El siervo es una posición general de todos los cristianos ante nuestro Señor Jesucristo, en cambio, el apóstol es una posición especial de los llamados por Jesucristo ante el mundo. Hoy vamos a meditar juntos la palabra: “Pablo, siervo de Jesucristo.” ¿Cómo se presentó Pablo a sí mismo a los hermanos? “Pablo, siervo de Jesucristo.” ¿Qué imagen tienen ustedes sobre el siervo de Jesucristo? Si alguien se presenta ante ustedes diciendo: “Mi nombre es Juan Carlos, siervo de Jesucristo”, ¿qué pensarán ustedes sobre él? Seguramente pensarían que él es un hombre que tiene autoridad espiritual en la iglesia. Parece que la gente piensa que el siervo de Jesucristo implica tener un título de autoridad espiritual en la iglesia. Por eso algunos hermanos piensan que no pueden ser llamados siervos de Jesucristo porque no tienen esa autoridad. Pero les quiero decir que ¡todos los cristianos que aceptaron a Jesús como su Señor y Salvador son siervos de Jesucristo! E indudablemente ser siervo de Jesús es un gran privilegio, pero no para enorgullecerse, sino para servir al Señor con todo su ser.
Algunos piensan que ser siervo de Jesucristo es como ser el secretario general del presidente de la república. La gente lo respeta porque él tiene poder y autoridad por ser el secretario general del presidente de la república. Aun la secretaria de una empresa pequeña tiene su autoridad. Por eso la gente quiere hacerse amigo de las secretarias, regalándoles un chocolate, flores en el día de secretarias y en cualquier día también. Pero ser el secretario o siervo de Jesucristo no implica tener autoridad, sino llevar una vida de servir al Señor entregando su vida para él. ¿Quién es Jesucristo? Cuando Pablo dijo ‘Jesucristo’, él quiso decir que Jesús es el Cristo. El Cristo quiere decir ‘Salvador’, ‘Mesías’, ‘Sumo sacerdote’. Jesús nos amó tanto que murió por nuestros pecados para salvarnos, luego resucitó al tercer día y se sentó a la diestra del Padre celestial. El es Rey de reyes y Señor de señores. Entonces, él merece recibir nuestro servicio y ser siervo de Jesucristo es un gran privilegio para nosotros.
Pero, en la época de Pablo, no fue sencillo presentarse como siervo de Jesús. Como les comenté, Pablo escribió esta carta a los hermanos en Roma, pero él no había visitado a Roma ni conocía la mayoría de ellos. La palabra ‘siervo’ que fue usada en esta carta quiere decir ‘esclavo’. Los esclavos de esa época no tenían ningún derecho humano. Ellos se consieraban como animales. Entre los romanos se decía que la única diferencia entre el esclavo y el burro es que el esclavo habla, en cambio el burro no. Los amos compraban y vendían sus esclavos y los castigaban y mataban por cualquier causa. Los romanos tenían la filosofía del poder. Para ellos tener poder implicaba ser justo, mientras que no tener poder era la maldad. Con el poder ellos conquistaron al mundo y humillaron a otros pueblos. Ellos menospreciaban a los que no tenían poder. Para ellos la vida de Jesús era una miseria. Jesús sufrió tanto y murió en la cruz como un criminal. Los romanos menospreciaban a Jesús pensando que él murió porque no tenía poder, ellos menospreciaban aún más a los seguidores de Jesús. Entonces, ellos no podían imaginar en ser esclavos de ese hombre débil y miserable. Por eso la palabra ‘esclavo de Jesucristo’ no era agradable a los oídos de los romanos. Al leer esta carta seguramente algunos de los hermanos en Roma se quedaron impresionados por ver que Pablo se presentaba a sí mismo como el esclavo de Jesucristo. Entonces, ¿por qué Pablo usó ese vocabulario ‘esclavo’ para presentarse ante ellos?
Primero, porque Pablo era esclavo del pecado antes de conocer a Jesús. Pablo pensaba que era un hombre libre. El era fariseo y procuraba guardar bien las leyes de Dios. El tenía mucho celo a Dios, por eso perseguía a la iglesia de Jesús, pero cuando el Espíritu Santo tocó su mente con la palabra de Dios, él se dio cuenta de que era esclavo del pecado. Al conocer verdaderamente el décimo mandamiento: “No codiciarás”, la codicia que estaba en él lo esclavizó y lo ahogó para la muerte. Aunque él quería salir de ese pecado, no podía ser libre del pecado, al contrario entraba hundido más profundamente en el pecado. Por eso él gritaba diciendo: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” El confesó diciendo: “Yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.” (Ro.7:9) El pecado es como el polvo, y la ley es como una escoba. En nuestro corazón hay muchos pecados. La gente vive tranquilamente sin darse cuenta de que son pecadores. Pero cuando la palabra de Dios entra en su corazón, comienza a barrer el polvo que está allí y la gente se siente ahogada. En realidad ellos viven como esclavos del pecado, pero piensan que son libres. Sin embargo, cuando la palabra de Dios les ilumina, ellos sienten que son esclavos y quieren salir de esa esclavitud, pero no puede salir de ella, porque la palabra dice: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” (Jn.8:34) Eramos esclavos del pecado por haber cometido pecados. Al principio la gente disfruta del pecado. Parece que ellos son libres para cometer el pecado, pero poco a poco el pecado los esclaviza más fuerte. El pecado es como una droga. Para probar una droga uno tiene su libertad, pero después de ser adicto a la droga, ya pierde su libertad. Cada vez el pecado nos ahoga más fuerte hasta morir, así como la droga quiere matar finalmente a sus esclavos. Cuando éramos esclavos del pecado, no podíamos salir de la vida adicta al sexo, mentiras, miedo, tristeza, rencor, odio, peleas, etc. Así estábamos muriendo poco a poco. La semana pasada se suicidó una actriz muy famosa en Asia. Esa noticia fue un shock para mí, porque supuestamente ella era una cristiana evangélica, pero Satanás la ahogó con el pensamiento depresivo y ella tomó esa decisión de repente en una noche y se suicidó impulsivamente dejando a sus dos hijos pequeños en esta tierra. Nuestra vida también iba corriendo a la muerte eterna e iba a terminar tan tristemente siendo esclavos del pecado.
Segundo, porque Jesús lo compró con su sangre preciosa: La felicidad de un esclavo depende de quién es su amo. Si su amo es malo, la vida de su esclavo es muy triste. En cambio si su amo es bueno, la vida del esclavo es muy feliz. Antes, nuestro amo era Satanás, por eso nuestra vida era muy triste y sufrida. Pero Jesús tuvo misericordia de nosotros y tomó la decisión de comprarnos de ese amo malvado. Le preguntó: “¿Cuánto cuesta liberar a los humanos?” Satanás respondió: “Como la palabra dice: ‘la paga del pecado es la muerte’, tienes que pagar con muerte. Ellos me pagarán con su muerte.” Jesús respondió: “Entonces, te pagaré con mi muerte, porque mi sangre es pura y perfecta, mi vida es suficiente para liberar a los humanos de tu esclavitud.” Jesús se ofreció a sí mismo como el pago para liberarnos de la esclavitud. Jesús sufrió y derramó su sangre en la cruz y pagó todas nuestras deudas para liberarnos, resucitando de los muertos para derrotar el poder de Satanás. Por esta gracia de Jesús, ahora somos libres del pecado y ya no pertenecemos a Satanás, sino a Jesús quien nos compró de la esclavitud del pecado. Jesús pagó todas las deudas de nuestra esclavitud, y ya no necesitamos servir más al pecado, sino a Jesús quien es nuestro nuevo amo y nos quiere mucho. Pablo sabía muy bien esta gracia de salvación que pertenecía a Jesús, por eso él pudo decir claramente que era siervo de Jesucristo. Cuando tú éras esclavo del pecado, Jesús murió por ti y te compró, por eso ahora tú no eres esclavo del pecado, sino siervo de Jesucristo.
Tercero, porque él tomó la decisión de llevar una vida de servir a Jesús hasta morir. Ahora, ¿quién es nuestro amo? Nuestro Señor Jesucristo. Este amo es totalmente diferente al amo anterior, el cual era Satanás. Nuestro nuevo amo está lleno de gracia, amor, misericordia, justicia, paciencia, paz, gozo, humildad, mansedumbre, etc. No necesitamos tener miedo ante ese amo amoroso. Podemos servir a nuestro amo con amor y alegría, entonces nuestra vida debe ser entregada a nuestro Señor Jesucristo. Jesús debe estar en el centro de nuestra vida. 1Coríntios 6:20 dice: “Porque habéis sido comprado por precio; glorificad, pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” Ya nuestro cuerpo no es de nosotros, sino de Jesús. Ya nuestra mente no es de nosotros, sino de Jesús. Ya nuestro espíritu no es de nosotros, sino de Jesús, por lo cual debemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo, mente y espíritu. Esta es la vida del siervo de Jesucristo. ¿Cómo te presentarás a ti mismo ante otras personas? ¿Cómo siervo de Jesucristo? Amén.
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