Misión Mundial
Mision Venezuela
Fraternidades
Estudios
Convivencias

Estás en...

Mensajes

(Ver mapa)

 

 
 
 
 
(Para leer la palabra haz click sobre la Biblia)

  MARCOS 1:21-41

Versículo Clave: 1:34a

"Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades."

 
 

Un joven fue operado por úlcera y tuvieron que cortarle un pedazo de su estómago. Pero pasando un tiempo fue hospitalizado otra vez por la misma enfermedad y tuvo que recibir esa operación de nuevo. Su estómago se hizo más pequeño. El médico le dijo que tenía que comer regularmente comidas suaves. Sin embargo, sin haber pasado mucho tiempo ese joven tuvo que recibir otra operación a causa de la úlcera. El médico pensó que si ese joven tuviese una vez más úlcera, él no podría vivir más. El médico tenía mucha compasión de él, pensaba en ese caso y en las razones que podían generarle las úlceras a este joven, por le pidió al joven que hablase con el pastor de su iglesia. Durante la conversación el pastor le preguntó si él tenía a alguien a quién no pudiese perdonar. En ese momento el joven comenzó a llorar y llorar, luego le confesó al pastor su pasado. Cuando él era niño sus padres se divorciaron y ninguno de ellos quiso encargarse de él y finalmente lo mandaron a un orfanato. El sentía un gran rechazo por parte de sus padres y guardó rencor en su corazón. El tomó decisión de vengarse de sus padres cuando fuera adulto; hacía muchos esfuerzos para estudiar y ganar dinero esperando el día de su venganza. No podía dormir bien en la noche por sus heridas internas, ni tenía gana de comer, muchas veces lloraba solo por no aguantar más. Esa condición le causó úlcera en su estómago y a causa de esto estaba muriendo poco a poco. Escuchándolo el pastor le dijo que tenía que perdonar a sus padres. El joven dijo que no podía hacerlo. Entonces, el pastor le dijo: “Si no los perdonas, tú vas a morir prontamente”, y le predicó diciendo que Jesús perdonó a todos sus enemigos. Al escucharlo el joven aceptó el perdón de Jesús con lágrimas y tomó la decisión de perdonar a sus padres. Luego él buscó a su padre y a su madre y les dijo que los iba a perdonar con el amor de Cristo. Entonces, el joven fue sanado de su úlcera y pudo llevar una vida sana. Esta historia nos manifiesta que muchas de nuestras enfermedades físicas y mentales provienen de enfermedades espirituales.

La palabra de hoy nos muestra que Jesús vino a esta tierra para sanarnos tanto física como espiritualmente. Cuando Dios creó a los hombres, no había ninguna enfermedad hasta que Adán y Eva cometieran pecados contra Dios. Así que en el libro Levítico se relacionan algunas enfermedades con el pecado. Por ejemplo los leprosos se consideraban castigados por Dios. Por eso ellos tenían que apartarse del pueblo y cuando la gente se les acercaba gritaban diciendo: “Inmundo, Inmundo.” Esto porque las características de esa enfermedad se parecen mucho a las consecuencias del pecado; la lepra y el pecado son contagiosos, nos convierten en insensibles, dañan la imagen humana, cortan nuestra relación con otros. Los leprosos eran clasificados como pecadores. La enfermedad no es la voluntad de nuestro padre celestial para sus hijos. Por eso Dios nos envió el Mesías para sanarnos de todas nuestras enfermedades. Isaías 53:4 habla de la obra del Mesías diciendo: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Jesús vino a esta tierra para llevar todas nuestras enfermedades y sanarnos completamente. Si observamos bien la obra de Jesús en esta tierra, podemos saber que sus obras principales eran: predicar, levantar discípulos, sanar a los enfermos, llevar la cruz hasta la muerte y resucitar. Según el libro de San Marcos podemos ver que Jesús, después de llamar a sus discípulos, hizo la obra de predicación y sanación. En esa época, así como en la nuestra, había muchos enfermos y endemoniados. Cuando Jesús entró en la sinagoga de Capernaum, él enseñaba la palabra de Dios y la gente se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. La autoridad espiritual de Jesús se manifestó al sanar a un endemoniado. Cuando ese hombre con espíritu inmundo vio a Jesús, se atormentó y dio voces diciendo: “¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.” El espíritu inmundo reconoce a Jesús como “el Santo de Dios” y tiene miedo de ser destruido por él. Jesús es Dios, quién tiene la máxima autoridad en el cielo y en la tierra.  ¿Qué hizo Jesús ante ese espíritu malo? ¿Tuvo Jesús misericordia del espíritu inmundo y lo dejó tranquilo dentro de ese hombre? ¡No! Jesús le reprendió, diciendo: “¡Cállate, y sal de él!” Entonces ¿qué le pasó? Leamos el v26. “Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.” Jesús sanó a ese hombre endemoniado. Jesús, que tiene toda autoridad en el universo, hace esta obra de sanación por medio del Espíritu Santo también en nuestra época. Jesús les ha dado a sus discípulos la autoridad espiritual de expulsar a los demonios.

San Marcos 16:17 dice: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios.” ¿Tienes fe en Jesús quien va a hacer esta obra de sanación a través de ti? Pero para poder echar fuera demonios debemos tener discernimiento espiritual. En una reunión de pastores en Mérida, cuando un pastor estaba predicando, de repente subió a la tarima un hombre gritando. En seguida vino un vigilante para sacarlo, pero ese hombre era tan fuerte que el vigilante no podía hacer nada. Entonces el pastor que estaba predicando le pidió a otros pastores que oraran para echar fuera demonios. Todos los que estaban allí comenzaron a gritar: “¡Demonio, sal de allí, en el nombre de Jesús te ordeno, sal!” Esta oración duró un momento, y el pastor que estaba en la tarima les dijo a los otros pastores: “Hermanos, esto es un teatro para mostrar la realidad de nuestras iglesias. Si quieren echar fuera demonios, debemos tener discernimiento espiritual.” He escuchado un pastor que decía: “Estos días los demonios se quejan diciendo: Los cristianos por todo nos echan la culpa a nosotros.” Hay algunos grupos y sectas que clasifican a todos los enfermos como endemoniados y todas las cosas que nos pasan como obra del diablo. Por no tener discernimiento espiritual nosotros podemos caer en la trampa de Satanás. Por lo cual debemos orar para ser prudentes espiritualmente.

Después de salir de la sinagoga, ¿a dónde fue Jesús? El fue a la casa de Simón y Andrés, porque la suegra de Simón estaba acostada con fiebre. Quizá ella estaba muy molesta por Simón Pedro, porque había dejado a familia para seguir a Jesús y a causa de esto le dio la fiebre. A veces nuestros padres se molestan porque tomamos la decisión de seguir a Jesús y compartimos menos con ellos y algunos hasta se enferman por causa nuestra. Pero nuestro Señor Jesús sabe la condición de cada uno de sus discípulos y está dispuesto a ayudarles. Porque la suegra de su discípulo Pedro se enfermó, Jesús fue de inmediato a su casa y le sanó. La suegra de Pedro se convirtió en una seguidora de Jesús. Algunos de nuestros hermanos también tienen sus padres y hermanos enfermos. Debemos tener fe en que Jesús pone su prioridad en sanar a nuestras familiares y pedir a Jesús por la fe que los sane de sus enfermedades.

Miren el v32. “Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados.” La gente le trajo a Jesús todos los enfermos, los que tenían cáncer de estómago, cáncer de hígado, cáncer de piel, cáncer de pulmón, cáncer de útero, diabetes, hipertensión, gastritis, neumonía, alergias, cólera, fiebre amarilla, SIDA, influenza aviar, Influenza porcina, hemorroide, hipersensibilidad de piel, hongos en los pies, acné, etc. También le trajeron los que tenían enfermedades mentales como esquizofrenia, insomnio, depresión, melancolía, etc. ¿Qué hizo Jesús con ellos? Leamos el v34a. “Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades.” Jesús, teniendo mucha misericordia de cada uno de estos enfermos, los sanó con el poder de Dios. Jesús estaba muy cansado por haber hecho mucho trabajo en el día, sin embargo cuando le trajeron a los enfermos por la noche no les dijo: “Vénganse mañana, estoy muy cansado”, sino que los atendió a cada uno de ellos con mucho amor, aún hasta los que venían por hongos en sus pies.

Jesús se alegra por sanarnos de todas nuestras enfermedades. Por lo cual si tienes alguna enfermedad debes pedir por la fe a Jesús que te sane y conforme a la voluntad de Dios recibirás su sanación. Pero lo importante es confiar en su amor y nunca dudar de él. A veces el Señor tarda para sanarte con el motivo de fortalecer tu fe. El quiere que tú seas constante en la oración buscándolo. También es posible que él no te sane para que tú lo glorifiques con tu enfermedad. Algunos hermanos pueden preguntarme diciendo: “¿Cómo podremos glorificar a Dios con nuestra enfermedad?” Muchos hermanos piensan que solamente la sanación puede glorificar a Dios. Pero no es así. Aunque tú estás enfermo, si tú no te quejas de Dios, al contrario agradeces a Él y luchas para servir a Dios, Dios se glorifica por tu amor a él. El apóstol Pablo tuvo una enfermedad grave y le pedía a Dios que lo sanase, pero el Señor le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2Co.12:9) El Señor no le sanó para glorificarse. Conozco a un pastor que tiene una grave enfermedad llamada Linfoma de Hodgkin. Esta enfermedad es un tipo de cáncer que no es común ni tiene un tratamiento efectivo. El se debilitaba mucho por esa enfermedad, pero él se esforzaba para servir a Dios. Aunque él no ha sido sanado, estoy seguro de que Dios se ha glorificado en su vida.

Aparte de estas enfermedades físicas, también tenemos enfermedades espirituales como rencor, odio, sentido de nada, complejo de inferioridad, dependencia humana, avaricia, orgullo, lujuria, soledad, codicia, etc. Aunque no todos nosotros tenemos alguna enfermedad física, sí todos nosotros tenemos enfermedades espirituales.

Por las heridas que recibieron en su infancia muchos viven con rencor en su corazón. Una mujer fue violada por un vecino cuando tenía apenas 15 años. Ella se sentía muy decepcionada por su vida e intentó suicidarse varias veces. Muchas veces pensó en matar a ese hombre. Ella no podía llevar una vida normal como otras ni podía casarse. Un joven vio que su padre moría por la enfermedad. El sentía que su vida también iba a terminar tristemente. El no podía dormir en la noche por el miedo y para consolar su corazón buscaba prostitutas. El era esclavo del sentido de nada y la lujuria. Un hermano tenía miedo a su padre porque siempre llegaba a la casa ebrio y le pegaba. El no podía aceptar a su padre y llegó a tener odio a él. El pensó que algún día lo mataría. Una hermana tuvo muchas herida por sus padres porque se divorciaron y tuvo que vivir de manera muy pobre. Ella tenía muchos complejos comparándose con otras amigas, siempre estaba sola y disfrutaba de su soledad. Ella no podía llevar una vida social con otros. Un hermano cayó en la lujuria después de ver una revista pornográfica. El no podía dormir en la noche sin ver un video pornográfico auto complaciéndose. Una hermana por no recibir el amor de su padre buscaba el amor de otros hombres, así que llevaba una vida de depender del amor humano. Una mujer estaba herida por la infidelidad de su esposo y vivía con mucho rencor en su corazón. Todas estas cosas son  enfermedades espirituales, Jesús quiere sanarnos de estas enfermedades y recuperar la imagen santa de Dios en nosotros. Jesús quiere limpiarnos de todos nuestros pecados para que seamos verdaderamente hijos de Dios. Por eso cuando el leproso le pidió a Jesús diciendo: “Si quieres, puedes limpiarme”, ¿qué le respondió Jesús? Leamos el v41. “Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.” Jesús quiere que seamos limpios. Entonces debemos pedirle al Señor como el leproso diciendo: “Si quieres, puedes limpiarme.” Entonces seremos sanos y limpios de todas nuestras enfermedades y pecados. Oro que la mano de sanación llegue a cada uno de nosotros para que seamos sanos y limpios con el poder de Jesús. Amén.  

SUBIR        

 

Para consultar un Mensaje selecciona

los campos y haz click en "Buscar"

¿Deseas ver el estudio bíblico correspondiente a este mensaje? Haz click AQUÍ
SUBIR        
 
<< INICIO >>

Misión Mundial | Misión Vzla | Fraternidades | Mensajes | Estudios | Convivencias

¿Quiénes somos? | Historia | Actividades | Noticias | Pan Diario | Contáctanos